Diario oficialista «reconoce» que jóvenes de la UJC huyen del PCC

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Como al coco, que todo el mundo le huye. Así actúan los jóvenes militantes de la UJC cuando les ofrecen pertenecer a las filas del Partido Comunista de Cuba (PCC).

Al menos así lo reconoce – curiosa analogía mediante – el diario oficialista Girón, en la provincia de Matanzas.

Curiosa analogía porque, el Girón alega, que los militantes de la UJC se comportan «como niños que se niegan a comer un alimento sin siquiera probarlo,» cuando se les propone ingresar al Partido Comunista de Cuba (PCC).

¿Por qué actúan así, como niño revencúo? El propio diario lo expone.

Afirma que las negativas suelen tener diversas aristas o modos de explicarse. Grosso modo – diría cualquier cubano de hoy en día – el PCC es tremenda porquería y no sirve nada más que para dar palos y recoger el dinero de la cotización entre sus militantes, pero el diario oficialista Girón tiene además otras explicaciones.

Unas y otras – dice Girón – «las razones reales de tal rechazo toca indagarlas a quienes conforman hoy sus filas. Ellos deben descubrir, desde su radio de acción, qué les falta por hacer para fortalecer la atención a los jóvenes, y desarrollar un trabajo ideológico y político de mayor profundidad y alcance, de modo que aquellos sientan el deseo de militar por convicción.»

La periodista que analizó el meollo de este engorro, tal parece se hubiese sentido más calificada si hubiese tenido que analizar «qué fue primero, si la gallina o el huevo»; o si le hubiese tocado indagar «por dónde le entra el agua al coco», dos de las más viejas interrogantes de la humanidad.

Su análisis, más bien se diluye en sospechas sobre una cosa que es un hecho factual: los jóvenes militantes de la UJC no quieren pasar a formar parte de las filas del PCC.

«Múltiples criterios se ciernen al respecto,» expresa ella y dice que es un «estereotipo» que el PCC sea «una organización signada por las reuniones y el pago de la cotización».

«Es un fenómeno preocupante si se tiene en cuenta la necesidad de garantizar la continuidad,» expresa ella como si la importancia del PCC en Cuba fuera relevante.

«Nuestros jóvenes tienen que ver a una organización que ejerza mejor su condición de vanguardia, lo cual guarda relación con la ejemplaridad de los militantes. Estos deben caracterizarse por poseer elevadas cualidades éticas, políticas e ideológicas, y adoptar una actitud pública que despierte en la más nueva generación admiración y respeto. Urge, asimismo, lograr un diseño creativo para sumarlos, atemperarse a los modos en que se comunican y socializan; crear espacios de intercambio, debate y diálogo, incluidos los del ámbito digital e informal, para conocer qué les hace falta, lo que les gusta o no, sus aspiraciones e inquietudes. Hay que comprometerlos, hacerles saber la importancia de que contribuyan a construir su proyecto social, el mismo que defienden con su labor cotidiana,» expresa el diario oficialista en su «análisis» donde se concluye que existe también una tendencia actual entre esos jóvenes militantes «de no querer asumir responsabilidades.»

La Secretaria General del Comité del  Partido de la Universidad de Ciencias Médicas de Camagüey, licenciada Yahiglemis Arada Lugo entrega en el año 2020, el carné de militante del PCC a Yolexis Prieto Cordovés.

El problema, según Abilio Castillo, cubano de 65 años y ex miembro del PCC, es otro. Su teoría – y como ex militante del PCC que entregó su carné en el año 97 tiene gran validez lo que él diga – es otra.

Abilio asegura que los jóvenes miembros de la UJC que no quieren ser militantes del PCC «son los que más claros están de todos».

«Entraron engañados u obligados, y terminaron desengañados y traicionados. Entraron por desconocimiento de lo que era la UJC u obligados a hacerlo para garantizar una carrera universitaria. En la mayoría de los casos ni los padres saben que sus hijos, niños, adolescentes de 13 y 14 años, están metiéndose en eso. La escuela ni les informa. Otros sí, les dicen a sus hijos que se metan a militantes para que garanticen «la carrera»,» explica este veterano «ex comunista».

«Luego terminan traumados. Tras descubrir que la UJC solo es problemas, chivaterías, reuniones absurdas y cotización, ¿quién va a querer meterse en el PCC? Ten en cuenta además que, al menos en mi caso, en mi generación, los explotes eran constantes. Los mismos jóvenes van viendo que tanto la mayoría de los dirigentes de la UJC como los del PCC, son personas desconectadas de la realidad y a veces corruptas; personas que desde sus puestos de poder no dudan en ejercer la influencia para «resolver» sus necesidades, que son las de cualquier otro cubano; o «aplastar» un incómodo atravesado, según sea el caso.»

Abilio afirma que «los militantes medios» – como lo era él – terminan sin voz ni voto, temerosos de plantear un criterio que puede comprometerlos.

«Todo eso se ve ya desde la UJC, ¿quién va a querer, luego de años de martirio juvenil pasar a ser del PCC? Nadie en su sano juicio lo haría. Yo lo que estaba era loco,» concluye Abilio en una video llamada a través de Whatsapp.

No hay que darle entonces muchas vueltas al asunto. La entrada de jóvenes al PCC hace aguas.

Y punto.

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