Una cubana en Nueva York: Catherine Núñez, actriz

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NUEVA YORK.- Desde que llegó a Estados Unidos en 2016, Catherine Núñez siente que siempre está aprendiendo, porque cree que “mientras más evolucionas como ser humano, mayor es tu crecimiento como artista”.

Cuando salió de Cuba, esta actriz autodidacta ya había hecho ‘José Martí: El ojo del canario’ (2010) y ‘El viajero inmóvil’ (2008); y había integrado las compañías Mefisto Teatro y Jazz Vilá Projects. 

Decidió seguir su carrera en Estados Unidos, donde “el ritmo es muy acelerado, porque se trabaja mucho y crear lazos afectivos es complicado”, tras presentar en Cayo Hueso, Florida, ‘Eclipse’, una obra de su amigo, el actor, dramaturgo y director Jazz Vilá. 

En siete años, la artista natural de Alamar, La Habana, ha vivido en Utah, Texas, Washington, Virginia, Maryland y Nueva York. Ella, que se ha formado a sí misma desde que su madre la llevó a un taller de actuación para que perdiera la timidez, no ha renunciado a ejercer como actriz, aunque no le han faltado retos y obstáculos

Donde primero se sintió “arropada” fue en Utah, porque allí estaba su familia. Pasó una época en que conoció enormes montañas y la nieve. Recuerda que veía los buzones y decía: “Como en las películas”. Así empezó a ajustarse “a un sistema completamente diferente”, donde ni siquiera sabía cómo funcionaban las tarjetas o el carro. 

Enfocada en “qué podía hacer para llegar después a lo que yo quería”, empezó a estudiar inglés y en 2017 estuvo un tiempo haciendo ‘Farándula’, la puesta más conocida de Jazz, en El Paso, Texas.

Tal vez porque “las cosas a veces aparecen por la energía y el deseo que uno les pone”, pudo llegar hasta el Teatro Gala Hispano de Washington cuando se enteró de que había un casting de ‘En el tiempo de las mariposas’, una historia sobre las hermanas Mirabal, que se opusieron al dictador dominicano Rafael Trujillo.

‘En el tiempo de las mariposas’ fue la primera obra que hizo en teatro profesional en Estados Unidos y tuvo la dicha de interpretarla durante dos meses junto a las también actrices cubanas Alina Robert y Brosealianda Hernández. 

Al poco tiempo, “sin renta” y “acogida por unos amigos”, Catherine se mudó a Washington para buscar una plaza fija en el Gala, que lleva muchísimos años produciendo teatro latino y es de los pocos que hacen puestas en español y tienen cierto renombre.

Sin embargo, como el Teatro Gala tenía cubierta toda la temporada, empezó trabajando allí como regidora de escena, una especie de asistente. Después de un año, pasó a ser miembro de la compañía como actriz. 

Aunque comenzó con ‘La vida es sueño’, ha hecho muchas obras más con uno de los mayores referentes del teatro hispano en Estados Unidos, pese a que su mercado es mucho más pequeño que el de Broadway o el teatro en inglés. Incluso ahora, que reside en Nueva York, viaja a Washington a trabajar con el Gala.

Pero Catherine, que ha dado clases para compartir su talento con jóvenes estudiantes, no es vista como la típica actriz latina. De pelo rojizo y ojos verdes, pasa más por estadounidense, rusa o europea. En cualquier caso, “puedo lucir como ellos, mas al abrir la boca me dicen ‘tú no eres de aquí’”. 

“Lamentablemente por clichés que existen, nadie dice que soy cubana. Parezco otra cosa y eso me obliga a neutralizar el acento cubano para hacer las obras del Siglo de Oro ante otros hispanohablantes, que no nos entienden porque hablamos muy rápido”, cuenta a Cuballama Noticias.

En el teatro, donde “el casting puede ser un poquito más abierto y con menos encasillamientos”, si bien ha tenido que “moldear la cubanía un poco para comunicarme con una audiencia más general”, ha podido trabajar bastante.

Además, la joven se dedica a grabar audiolibros en español, lo que la ha ayudado muchísimo a “lograr la dicción y el acento más neutral”.

Al mismo tiempo, se ha propuesto perfeccionar su acento en inglés, incluso con la ayuda de un coach, para poder “encajar un poco mejor en el cine, donde eso cuenta mucho más porque es un cine “muy naturalista” y “siempre que haya un personaje que canta mucho tiene que ser la emigrante”. 

En cualquier caso, no ve su acento como una limitación, sino que ha pasado este verano estudiando actuación en una prestigiosa escuela para perfeccionar su inglés, y haciendo de nuevo ‘Farándula’ junto a Jazz, que “es una especie de puente, que me mantiene conectada y siempre está a mi lado”, pero esta vez en Nueva York. No olvida que Jazz fue un maestro que le abrió las puertas a los teatros de la calle Línea, en El Vedado habanero, la supo cobijar y le dio las alas. 

De igual forma, durante su encierro en la pandemia, Catherine, que ama el lenguaje de la poesía y las cosas imperfectas, pudo volver al audiovisual (que fue lo que hizo, con apenas 10 años, en ‘El viajero inmóvil’), haciendo un corto multipremiado, al que luego le siguieron otros.

Mientras, Cuba está en ella siempre. “A través del arte, la llevo conmigo adonde quiera que yo voy. Está muy ligada a mi familia, a mis amigos, a quien yo soy, a mis valores, a mi cultura. Es mi esencia”.

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