Un cubano en Irún: Aníbal Oliva, de la televisión al crossfit  

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Para Aníbal Oliva Yáñez (La Habana, 1984), quien fuera comentarista deportivo de la radio y la televisión cubanas, emigrar a Uruguay y luego a España ha sido “aprender a insertarse en una sociedad” que no es la suya, pero sobre todo “crecer como persona”.

Según comenta a Cuballama, la censura que sufrió dentro del Instituto Cubano de Radio y Televisión (ICRT), las presiones de la Seguridad del Estado y el hecho de que nunca fue “un tipo de consignas, ni de banderas”, lo hicieron salir de Cuba, a pesar de que era una figura destacada dentro de la pequeña pantalla, como siempre había soñado. 

Asentado en Irún, una ciudad del País Vasco, que está muy cerquita de Francia, el comunicador de 39 años aconseja a los cubanos emigrados no reproducir “las mismas prácticas” que tenían en la isla. No se trata de “exportar Cuba”, sino de “llevarla contigo, en tu casa, en tu espacio interno”. De puertas para afuera, se empieza a vivir en un país distinto, “que te ha abierto las puertas y que te está aceptando tal y como eres”. 

Con tono nostálgico, resalta que pudo recorrer Cuba de Baracoa (Guantánamo) a Mantua (Pinar del Río). Sus coberturas informativas de la vuelta ciclística y otros eventos deportivos le permitieron conocer una Cuba “más profunda”, con dinámicas muy diferentes a las de la capital; una “de mucha más carencia y necesidad”, pero a la vez de “mucha más nobleza, de gente mucho más cercana y familiar”. 

Sabe que en Uruguay, donde vivió cinco años, hubo una transición pacífica y democrática, porque se salió de la dictadura a través del voto, pero cree que “en Cuba no se van arriesgar a eso”. Considera que su país terminará como Rusia, “dominada por un puñado de oligarcas ex militares”, mientras el pueblo “se muere de hambre”. 

Un país “sin logros y sin propósitos”

Aunque por su salud mental ha tenido que alejarse un poco de lo relacionado con Cuba, Aníbal no ha renunciado a la posibilidad de exponer que la isla romántica que “muchos tienen en la cabeza” realmente no existe.

Le produce “una tristeza descomunal” Cuba porque ya no se trata de que “haya injerencia o el bloqueo del que hablan los dictadores”, sino de “una hiperinflación que provocaron ellos mismos”, a partir de un reordenamiento económico en plena pandemia. Recalca que el único país que hizo algo así en una situación tan crítica fue Cuba.

Las redes sociales evidencian que tantas decisiones desacertadas han seguido distanciando “a la cúpula del pueblo” y han convertido a Cuba en “un basurero”, un país “en ruinas”, “sin logros y sin propósitos”; mientras él siente pena por quienes pudieron haberse ido de allí y no lo hicieron pensando que un país mejor era posible, o porque han tenido que quedarse a cuidar a sus ancianos. 

En Cuba se inauguran hoteles todos los años, pero Aníbal se pregunta cuándo fue la última vez que se construyó un hospital. Se invierte en turismo, pero no en salud ni educación. A la vez, el Grupo de Administración Empresarial controla el 80% de los ingresos económicos del país y, como es una empresa militar, no puede ser auditada “ni siquiera por la Contraloría General de la República”. 

La cara de la censura  

Aníbal, que desde 2001 estuvo vinculado a la emisora capitalina COCO, considerada una escuela de los comentaristas deportivos, llegó a ser “la cara del deporte en Cuba el fin de semana”, que era “cuando más se veía deporte”, por su aparición en programas como Gol 360 (al cual le puso nombre) y Todo Deportes

Al tiempo que estudió Comunicación Social, comenzó a ser una voz respetada en lo que a deportes como el fútbol, el ciclismo, el voleibol, y la halterofilia se refería. Como era una figura joven y una cara fresca, con un criterio “muy imparcial”, su manera de trabajar generó “bastante simpatía” y logró desmontar esquemas. 

Sin embargo, a los directivos del ICRT “les rompía los ojos ver crecer a gente joven con ideas innovadoras” y Aníbal jamás pactó con los oficialistas cubanos a cambio de variar sus opiniones críticas o de ganarse un viaje al exterior. 

En 2012, en un momento de profundas reformas económicas en Cuba, en que se velaba de cerca por todo lo relacionado con el mundo empresarial capitalista, Aníbal comenzó a ser vigilado por la Seguridad del Estado tras hacer un Máster en Dirección de Empresas.

Fue “un foco de atención” mucho más después de que ayudó a fundar Cuba Emprende, una empresa creada para capacitar a cuentapropistas cubanos, dentro de la cual él daba clases de Administración y Mercadotecnia.

En ese entonces, afirma, las autoridades lo llamaron a constar y lo hicieron elegir: seguía con Cuba Emprende o permanecía en televisión. Cree que la presión que ejercieron sobre él, su inexperiencia y su deseo de estar en los medios nacionales, lo hicieron escoger la segunda opción. Pero su vida nunca volvió a ser igual. 

Trabajaba con “mucho estrés” porque “tenía muchos ojos encima” y “sabía que estaban esperando la primera para cortarme la cabeza”. Su forma de pensar no era la que sus jefes querían porque “no tenía que ver con el sistema” y “eso iba a terminar mal”. Por tanto, él mismo decidió pedir la baja. Que sepa, es el único comentarista que después de 1959 ha renunciado de manera oficial a su puesto. 

Aclara que no se supo mucho sobre lo ocurrido con su salida de televisión porque el acceso a internet entonces era muy limitado, y que hace cuatro años que no va a Cuba, ni lo hará “mientras exista ese sistema”, porque “temo que me dejen entrar, pero no salir”. 

Un cubano en tierra futbolera

Reconocido como uno de los mejores analistas de fútbol internacional que ha pasado por los medios oficialistas en Cuba, escogió irse a Uruguay porque es un país futbolero. En esa tierra, que fue su hogar, pudo conocer de fútbol en serio. 

Fue a los potreros y a las canchas para entender la grandeza uruguaya en materia futbolística, y cada vez que se perdía un partido, “ahí estaba”. Incluso pudo asistir a una final de la Copa Libertadores en el estadio del Boca Juniors, La Bombonera, en Argentina.

Aníbal, que siempre ha sido un hincha del Valencia Club de Fútbol y de la selección uruguaya, confiesa que “hoy soy menos fanático y le doy prioridad a otras cosas”, mas no pudo evitar llorar cuando Argentina ganó un Mundial, guiada por la zurda de Lionel Messi. 

A pesar de que no se dedicó a la televisión en Uruguay porque “es un país muy pequeño, muy cerrado y muy de izquierdas”, donde los cubanos emigrados “éramos vistos como gusanos”, logró “un profundo aprendizaje y un crecimiento exponencial”. 

En suelo charrúa, donde casi todos lo llamaban “Cuba” en vez de Aníbal, aprendió de sistema financiero y, tras graduarse de un Máster en Administración de Empresas, cumplió el deseo de trabajar en un Fondo de Inversiones y de ser bien remunerado.  

También allí supo que su madre había muerto de cáncer en España y, aunque su pérdida le hizo tocar fondo, emocional y físicamente, el deporte lo salvó. 

Siempre fue “un deportista frustrado”. No olvida que fue un día de 2020, en medio de la pandemia, que comenzó a correr y, como los gimnasios estaban cerrados, se puso a hacer crossfit en casa.

Un modo de encajar como inmigrante

Su relación con el crossfit es ahora mucho más seria porque más que un deporte es un modo de vida, a través del cual ha conocido “gente espectacular”. Tan necesaria para él como tomarse un vaso de leche en las mañanas, esta práctica lo ha ayudado a insertarse socialmente como inmigrante y a encontrar una familia.

Con constancia, ha ido ganando protagonismo, incluso desde el punto de vista competitivo y no únicamente amateur, en una forma de entrenamiento que “te permite mejorar tu calidad de vida en un periodo corto de tiempo” y “hace más fácil tu cotidianidad”. 

Cuenta asimismo que el crossfit era “una especie de revancha” porque en Cuba le prohibieron hablar de él. De hecho, subraya que el Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación prohibió el uso del término porque se trata de un sistema de entrenamiento militar estadounidense.

El crossfit es “muchos movimientos y deportes dentro de uno” y, amén de que no le impide tomar cerveza o comerse un asado, le ha enseñado a ocuparse de su salud. De sus gimnasios le gusta que no tienen espejos, sino paredes de madera. Recalca que el crossfit “ya no es una moda” y que España, después de Estados Unidos, es el país con más practicantes y con más box por población. 

Ya radicado en España, Aníbal, que conoce de cerca el paracaidismo, sigue practicando con bastante rigor el ciclismo de ruta, el crossfit y las carreras, y es el anfitrión del canal de YouTube Dando la Nota 360°, que aborda la actualidad deportiva de Cuba y el mundo. 

Lo urgente es vivir

En la época en que el covid paralizó al mundo, entre 2020 y 2021, Aníbal estuvo de visita en España, Estados Unidos y Brasil, los tres países con más incremento del virus. Chocar de forma directa con “la fragilidad de la vida”, lo hizo replantearse muchas cosas y entender que “lo único urgente es vivir”. 

Dondequiera que ha ido de viaje, Aníbal ha notado el distanciamiento entre los seres humanos. Lo mismo en una sociedad norteamericana “donde no hay aceras para caminar ni bares para compartir”; que en Uruguay, donde, “si no eres uruguayo y tomas mate se te hace más difícil insertarte”; que en España, donde hay mucha gente distanciada por asuntos políticos, sociales, o culturales.

Quiere que los cubanos, (a quienes Fidel Castro nos hizo mucho daño porque nos llevó a creer que “éramos el ombligo del mundo y que lo sabíamos todo; que éramos los mejores y que nuestros problemas eran los más importantes, algo que se aleja de la realidad”), dejemos de “preocuparnos por tonterías” y nos acerquemos.   

El de Cuba es un sistema que “no le da opciones a nadie” y que “no nos permite realizarnos como personas”, pero, concluye Aníbal, “no debiéramos atacarnos entre nosotros, sino a la causa, que es la dictadura”, “hacer el bien” y “decirle ‘te quiero’ a la gente que queremos”.

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