Primero refugiado y ahora dueño del restaurante Mojito

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Según nos revela hoy KOMO News, detrás de la fachada del restaurante Mojito, en Seattle, hay una historia no menos impactante de un migrante. La historia de un refugiado. Una categoría «superior», dentro de lo difícil, en las historias de aquellos que emigran de sus países a otros, en busca de una mejor vida. De un futuro mejor para sí y sus hijos.

Esta que nos trae Komo News, es la historia de Luam Wersom, el propietario del restaurante Mojito ubicado en el barrio Roosevelt de Seattle.

Su viaje de vida inspirador comenzó en Eritrea, un país que es conocido como «la Corea del Norte de África». Ya ese nefasto título, nos aporta una idea de lo difícil que fue para Luam Werson vivir allí. Lo difícil que resulta, para millones de residentes en Eritrea, vivir allí.

Sin embargo, su historia actual es bien diferente. Luam Werson se ha convertido, con el transcurso de los años, en el exitoso propietario de un restaurante en los Estados Unidos.

Después de escapar de Eritrea y pasar 4,5 años en un campo de refugiados griego, Luam y su familia fueron patrocinados para venir a los EE. UU. Comenzó a trabajar como lavaplatos en Mojito a la edad de 21 años y ascendió hasta convertirse en el único propietario después de 16 años.

El restaurante sirve una mezcla de cocina latina y sudamericana e incluso ha atraído a jugadores de béisbol visitantes.

Luam, quien no olvida su pasado, retribuye con buenas acciones a la comunidad, entregando comida a las personas mayores cada Día de Acción de Gracias y participando en eventos para recaudar fondos.

Fotos vistas en su cuenta de Instagram, y en otras, hablan sobre el afecto que los clientes tienen con Luam Werson. Y de cómo se anuncia:

«Auténtica comida latinoamericana y cubana»

Su historia es un testimonio de la resiliencia y del sueño americano, muy similar a estas otras dos historias.

Una de ellas fue revelada por el periodista cubano residente en el Sur de la Florida, Héctor Valdés Cocho, quien compartió una foto en Facebook mientras expresaba:

«Estos son los cubanos que miro con un orgullo inmenso. Esta camagüeyana y su esposo, llegaron hace poco tiempo a los Estados Unidos y en Lehigh Acres montaron su pequeña guarapera. Lástima que esté a dos horas porque ya mismo iba a tomarme dos o tres. ¡Con las ganas que tengo de empatarme con un buen guarapo!

«En el país de las oportunidades son bienvenidos aquellos que vengan con las ganas de comerse el mundo. Piquete, paisanos que vivan cerca ya saben; que mejor lugar para matar la nostalgia del guarapo y a su vez, apoyamos a estos coterráneos.»

La otra historia nos llegó de la mano de la periodista cubana residente también en el sur de la Florida, Daysi Ballmajó, quien entrevistó a la dueña de un pequeño negocio muy popular conocido como Tío Colo.

A través de la historia de esta mujer emprendedora nos llega un legado, proveniente de una frase que ella misma expresa cuando, al recordar el momento en que decidió emprender su vida y pasar a ser dueña de su propio negocio, recordó como en Cuba ella, en medio de la crisis del Período Especial, pudo sacar a su familia adelante.

Si allí, sin recursos casi, pudo, ¿cómo no iba a poder salir adelante en los Estados Unidos?

Hoy Tío Colo es un próspero negocio que ya emplea a 15 personas.

Estas, y no otras, son las historias de los migrantes que todos quieren conocer.

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