¿Mipymes al rescate, luego de años de estigmas y prohibiciones en Cuba?

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El cambio de percepción hacia los negocios privados o las llamadas Mipymes, también ha sido impulsado por factores internos y externos.

Se habla de la necesidad de modernizar la economía, pero lo que se necesita, hoy más que nunca, es mejorar la eficiencia económica.

Para muchos resulta curioso actualmente cómo, luego de que la Revolución Cubana de 1959, el nuevo gobierno socialista encabezado por Fidel Castro, implementara una política de nacionalización de industrias y empresas, que resultó en la confiscación de numerosos negocios privados, ahora estos negocios se han convertido en el enclenque sostén y paño de lágrimas del mismo estado que los marginó. Ahora las llaman «Mipymes», pero es el mismo perro con diferente collar: negocio privado al fin.

La marginación sucedió como parte del movimiento hacia una economía planificada centralmente, con el objetivo de eliminar las desigualdades de clase y distribuir los recursos de manera más equitativa. Durante muchos años, los negocios privados fueron marginados y hasta prohibidos, considerados vestigios de la antigua sociedad burguesa que la Revolución buscaba superar.

Sin embargo, en las últimas décadas, ha habido cambios significativos en la política económica de Cuba hacia los negocios privados.

Una de las razones claves de este cambio es la necesidad económica, tras el mazazo recibido con la caída de la Unión Soviética en 1991, principal socio comercial y apoyo financiero del Estado cubano.

En respuesta a esto, fieles a la teoría de «soltarle presión a la caldera» y de soltar las cosas «en buchitos», el gobierno cubano comenzó a permitir cierto grado de actividad económica privada para estimular el crecimiento y aliviar las dificultades económicas.

Cuando se vieron con la soga – o el agua – al cuello, en la isla se implementaron reformas económicas más amplias bajo el liderazgo de Raúl Castro, lo que permitió un mayor crecimiento de los negocios privados. Reformas que gradualmente se han ido experimentando y poniendo en práctica, y pareciera que a pesar de todo esto aún cuesta entender que los negocios privados y los trabajadores autónomos no solo pueden desempeñar un papel importante en el desarrollo económico de la isla, sino que en determinados espacios resulta FUNDAMENTAL.

Y es que, ni siquiera en el peor de los escenarios, el gobierno ha cedido a reformas verdaderamente transformadoras de su economía centralizada. Apenas se han emitido un número limitado de licencias para pequeñas empresas y trabajadores autónomos en ciertos sectores; en parte para aliviar la presión sobre el sector estatal, reconociendo, sí, pero subliminalmente y en otros casos de forma enmascarada, que el estado no puede ser el dueño de todo. O que al menos, no puede centralizar y poner en marcha eficaz todo.

Ejemplos recientes sobran.

El pasado 29 de junio, el Instituto Cubano por la Libertad de Expresión y Prensa, ICLEP, posteaba una imagen en su página oficial de Facebook, donde daba a conocer que la ponchera de la Calzada a La Coloma, en propiedad del estado, fue entregada a una de las llamadas Mipymes.

«(…) no estaba ya prestando servicios por la falta de materiales», dice el post, que a continuación señala:

«Actualmente la ponchera recuperó la totalidad de los servicios que prestaba, inclusive el de limpiar bujías de autos y motos, así como también el de echar aire y medirlo.»

No pocos comentarios tuvo la publicación; con distintas opiniones sobre la evolución y el futuro de los negocios privados en Cuba.

Algunos comentarios reflejan optimismo y esperanza en cuanto a los cambios, viendo los negocios privados como una fuente de prosperidad y eficiencia.

Por ejemplo, Franco Cambria enfatizaba la necesidad de un cambio en los líderes de Cuba, mientras que Idel Lety Garcia y Mauricy Martinez destacan la propiedad privada y el sector privado como funcionales y proveedores de prosperidad. Oldis Arias, Marilin Alarcon y Ricardo Mantilla celebran la transición hacia un estilo capitalista y esperan ver mejoras en los servicios y la economía.

Por otro lado, algunos comentarios expresan escepticismo y crítica, como Eduardo Montes, quien sugiere que el cambio es lento y apenas notable después de muchos años; mientras Diana Giz Brito se lamenta de que se haya tenido que llegar a un punto de deterioro antes de permitir el surgimiento de negocios privados.

La diversidad de estos comentarios sugiere un diálogo en curso y un debate sobre la dirección futura de Cuba, pero hasta el propio diario oficialista Granma parece reconocer – sin hacerlo explícitamente – que «la solución» pudiera estar en mano de las Mipymes. Es decir: en manos de los privados.

En un artículo publicado el 3 de agosto, el vocero del Partido Comunista de Cuba en la isla, se reflejaba el mal estado de la Sala Polivalente «19 de Noviembre» en Pinar del Río, que van, desde graves daños debido a problemas estructurales e inundaciones que ocurren cada vez que llueve, hasta la destrucción de los gimnasios de lucha, gimnasia artística y rítmica.

En la nota, se señala cómo las inundaciones amenazan con dañar el tabloncillo, interrumpiendo frecuentemente entrenamientos y competiciones; cómo las canastas de baloncesto no pueden moverse debido a las ruedas rotas, afectando los entrenamientos de otros deportes como balonmano y fútbol sala.

La conclusión es catastrófica: la dirección provincial de deportes no ha logrado solucionar los problemas, que lejos de resolverse se han ido acumulando.

Para colmo de males, un huracán complicó aún más la situación, arrancando la manta impermeabilizante del techo.

Una manta impermeabilizante nueva, prometida por la máxima dirección del Instituto Nacional de Deportes, Recreación y Actividad Física (Inder), no ha llegado y se considera que no lo hará. Por lo tanto, se está valorando usar un fondo de 15,000 dólares donados por la Federación Cubana de Voleibol y tres millones de pesos proporcionados por el Consejo de Defensa Provincial para reparar el techo.

Pero, ¿quién acometerá esa reparación, por tan poco dinero? El Granma no es más preciso porque no puede. Señala que el Estado no tiene cómo afrontar la obra, por lo que ha dejado en manos de los decisores, recurrir a alguna de las Mipymes, o pequeño negocio privado, para que la ejecute.

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