Tradiciones perdidas: La ironía de un hotel en Trinidad, en medio de la escasez del café y el azúcar

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Mientras los visitantes del Hotel Meliá Trinidad Península pueden disfrutar brevemente de la ilusión de una Cuba rica en tradiciones del café y el azúcar, la verdadera Cuba espera fuera de sus puertas: un lugar donde estas tradiciones son cada vez más una historia del pasado, no una realidad del presente.

La situación del café y el azúcar en Cuba es un reflejo de las luchas más amplias que enfrenta el país: una economía en dificultades, regulaciones estrictas y una desconexión entre la imagen que se promueve al exterior y la realidad vivida por sus ciudadanos.

El Hotel Meliá Trinidad Península, ubicado en la pintoresca Península de Ancón y a solo unos minutos del histórico centro de Trinidad, se promociona como un refugio moderno y elegante que se sumerge en las tradiciones del café y el azúcar de Cuba. Sin embargo, esta imagen romántica contrasta agudamente con la realidad actual de la isla, donde el café y el azúcar, productos otrora emblemáticos, se han convertido en bienes escasos, casi relegados al reino de la historia y la nostalgia.

Para nadie es un secreto que en Cuba, la población enfrenta una escasez crítica de estos productos esenciales. El café ha desaparecido de la canasta básica, transformándose en un artículo de lujo inalcanzable para muchos debido a sus altos precios en las tiendas en MLC (Moneda Libremente Convertible).

Mientras tanto, el azúcar, históricamente uno de los principales motores económicos de la isla, también ha visto disminuir su disponibilidad para el ciudadano común.

Esta ironía de la construcción de este «vibrante hotel con 401 habitaciones» como un «viaje a las raíces de Cuba (..) en un ambiente liderado por las tradiciones del café y el azúcar», se hace aún más palpable con el anuncio reciente del lanzamiento de una lujosa marca de café cubano por la empresa italiana Lavazza, que, aunque celebra la rica tradición cafetera de Cuba, también resalta la dolorosa realidad de que el café cubano es ahora más accesible para los consumidores internacionales que para los propios cubanos.

En este contexto, decir que el Hotel Meliá Trinidad Península está «rodeado de un ambiente liderado por las tradiciones del café y el azúcar» lleva consigo una triste verdad: estas «tradiciones» son cada vez más parte del pasado de Cuba, no de su presente. Los visitantes del hotel pueden encontrar ecos de esta rica herencia en la arquitectura colonial de Trinidad y en las vistas de la Sierra del Escambray, pero la realidad cotidiana de la mayoría de los cubanos es muy diferente. Para ellos, el café y el azúcar son recordatorios de lo que una vez fue, no de lo que es.

La ironía de la opulencia de este hotel en medio de la escasez se extiende también a la inaccesibilidad económica de los hoteles de lujo para los ciudadanos locales en Cuba. El Hotel Meliá Trinidad Península, aunque se erige en suelo cubano, será a todas luces un mundo aparte para la mayoría de los cubanos. Con precios de habitaciones que superan con creces el salario medio mensual de un trabajador cubano, estos espacios de lujo están más allá del alcance de la población local.

Esta situación subraya una división palpable: mientras que los turistas disfrutan de comodidades y vistas espectaculares, los residentes locales, incluso aquellos empleados dentro de estos hoteles, no pueden permitirse la experiencia que venden.

Esta discrepancia entre los servicios ofrecidos a los turistas y la realidad económica de los cubanos es un reflejo de las complejidades y contradicciones que caracterizan la situación socioeconómica de Cuba. La exclusividad de estos hoteles no solo se mide en términos de estrellas y servicios sino también en su desconexión de la realidad económica.

Una afirmación aquí se hace más que obvia entonces: aunque el hotel ofrece una experiencia de lujo que evoca la historia y la cultura de Cuba, es esencial reconocer que esta «historia» es precisamente eso: un recuerdo del pasado. La verdadera Cuba vive más allá de las paredes del resort, donde sus ciudadanos enfrentan desafíos diarios simplemente para obtener necesidades básicas, un mundo lejos de las imágenes idílicas promovidas en los folletos turísticos.

En las últimas décadas, la producción de azúcar en Cuba ha experimentado un declive estrepitoso. De producir más de 8 millones de toneladas en la zafra de 1969/70, la producción ha caído en un 95%, con estimaciones recientes que sugieren que Cuba lucha por producir incluso 0.4 millones de toneladas, una cantidad necesaria para satisfacer las demandas domésticas mínimas. Este declive ha transformado a Cuba de ser un prominente exportador de azúcar en el mundo a un país que lucha por mantener su propia demanda interna.

La situación del café es igualmente desalentadora. Aunque aproximadamente el 90% de la producción nacional de café proviene de las montañas de las cuatro provincias más orientales, la escasez es tan severa que los cubanos han estado sin café racionado durante meses.

Además de la escasez, los cubanos enfrentan la criminalización de la venta de estos productos. En un intento desesperado por sobrevivir en una economía asfixiante, no pocos han sido arrestados, detenidos y enjuiciados por la venta ilegal de café y azúcar. Estas acciones reflejan la gravedad de la crisis económica y la extrema regulación del gobierno sobre los bienes básicos.

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1 COMENTARIO

  1. Me supongo que Fidel Castro cuando tuvo el poder en Cuba, igual que han hecho otros dictadores, les diria a los cubanos el cuento de que les iba a salvar a todos los cubanos de estar trabajando miserablemente en plantaciones de cafe y azucar.

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