La municipalización del derecho y el silencio en Cuba

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No es la primera ocasión en que esta ex periodista oficialista arremete contra los engendros de las tiendas en Cuba

Lo sucedido con la ex periodista Rouslyn Navia Jordán en la tienda «Isla de Cuba», en La Habana muestra a las claras la falta de derechos para todos en un país que cada día parece restringir y dividir más a sus ciudadanos, atendiendo a criterios de selectividad y a quienes intenta imponer el silencio mediante coerción y amenaza.

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Pero… vayamos al hecho en sí. Miremos lo sucedido.

Rouslyn Navia Jordán reside en La Lisa. Es blanca, profesional, y ciertamente no es una persona inculta. Según su perfil de Linkedin se desempeña actualmente como Community Manager en el hotel Meliá Habana.

Digamos que conoce de sus derechos y algunas leyes, mucho más que un ciudadano promedio. Quienes la conocen saben que suele exigirlos y defenderlos. De hecho, ya la hemos visto en otras ocasiones en esa «tarea».

Rouslyn ha sido «protagonista indiscutible» en noticias acontecidas en la isla en tema de «tiendas» en las cuales ha emergido ella como «la exigente» de derechos. El que tenga dudas o no la recuerde le recomiendo leer: «Cuba: Coleros y revendedores siguen siendo los “culpables” o «Prohíben a embarazadas cubanas comprar canastilla en tiendas».

También fue protagonista de un hecho que se hizo viral cuando, en la calle, encontró la billetera y documentos de identidad que le fueron robados a un anciano en un ómnibus. Al enterarse que al anciano le habían robado alrededor de 700 CUP que tenía en la billetera, a ella se le ocurrió hacer una especie de «ponina» online, y lograron reunir 900 CUP para devolvérselo todo al anciano.

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La joven madre cubana fue amenazada en la citada tienda por protestar contra la “municipalización” de las compras; un invento creado para, supuestamente, distribuir mejor la escasez de productos pero que, en la concreta, no funciona medianamente bien.

La propia joven, «al defenderse», al estar informada, hizo saber que la distribución no era la adecuada. Que en su caso, residente ella en el municipio de La Lisa, los pañales desechables que ella había intentado comprar no aparecían mientras que, en la tienda «Isla de Cuba» si bien no estaban a pululu, al menos a cada rato surtían el establecimiento con el producto.

Con un argumento más que válido, el de una mujer madre trabajadora que no tiene tiempo apenas para «dividirse» entre trabajo y hogar la joven expuso cómo, tras negársele el derecho a comprar en La Habana Vieja por ser ella residente en otro municipio, también la amenazaron por tirar una foto. Y llamaron a la policía.

La joven expone en su «denuncia», las carencias mínimas educativas, tanto de la empleada de la tienda «chivatona», como del policía. Navia Jordan los emplazó y desnudó en su ignorancia total y absoluta pero, al final , optó por borrar la foto.

Pero… apareció Papá Noel, vestido de funcionario del gobierno. Este, sin dudas, valoró el asunto que se presentaba ante sus ojos. Repito los factores: blanca, profesional, educada, informada… ¡y le resolvió los pañales desechables! Aunque no pudo comprarle el silencio, porque en Cuba, no a todos se les puede comprar el silencio. Es probable que Rouslyn se haya identificado como periodista y entonces el argumento pasó a ser este:

«Este escándalo con una periodista «atravesá» no nos conviene.»

¿A los intereses de quién? ¿Hubiese sucedido igual si se hubiese tratado de una ciudadana negra, con un nivel cultural medio o bajo de las tantas que viven en Cuba, con maneras «distintas» de expresarse debido a muchas causales y la desinformación en materia de derechos? Evidentemente no.

Si «la protestante», hubiese sido una activista o disidente conocida, el funcionario le hubiese resuelto? Evidentemente que tampoco. Muy probablemente hubiese sido detenida. Y multada con 2 mil o 3 mil pesos.

Está más que claro que el funcionario notó «maneras» de liderazgo en la joven madre profesional y hasta «se compadeció de su caso», que es el de muchas otras madres que, en algún que otro momento han intentado comprar pañales desechables – por decir algo – fuera del municipio de su residencia y han chocado contra una barrera infranqueable. Muchas de ellas, desinformadas, sin argumentos para hacer valer sus derechos o criadas bajo el argumento de «deja eso, que no vas a resolver nada», han tenido que seguir su rumbo y olvidarse de los pañales.

La joven madre agarró sus pañales y puso en evidencia la selectividad y el posible trapicheo. Y no se quedó callada.

Dejó a un lado el silencio y el miedo – es casi improbable que sea «visitada»por la Seguridad del Estado en Cuba o multada con tres mil pesos por su actitud – y expuso un derecho que a todos debería asistirle.

Expuso cómo pueden beneficiarse unos, a ojos de buen cubero de un funcionario del gobierno, mientras que otros deben resignarse a la derrota si no saben mantenerse – digamos – en sus trece o «ecuánimes» a la hora de protestar por lo que es su derecho hacer contra uno de los tantos absurdos que imperan en Cuba.

Navia Jordán declaró que «esta situación afecta a las madres trabajadoras, que no tenemos el día entero para hacer colas en la tienda del barrio donde se supone que debemos comprar, que compramos cerca del trabajo, o donde podamos, porque cuando llegamos a casa nuestra tienda está cerrada, o ya se acabó todo porque competimos en desventaja contra los que no trabajan y se pasan el día allí, haciendo colas ‘para lo que entre’, porque si no lo necesitan igual se lo llevan y luego lo revenden» y emplazó al gobierno a buscar una solución.

Sin embargo, en el aire ha quedado cómo – o por qué – a ella sí la autorizaron y a otras, seguramente no.

A la periodista la «acusaron», la «amedrentaron» y amenazaron. Solo que, no se quedó callada y con argumentos y educación expusos sus razones y se defendió. Rouslyn – repetimos – es blanca, profesional, periodista y ciertamente no es una inculta y digamos que, conoce de sus derechos y algunas leyes, mucho más que un ciudadano promedio.

Si hubiese sido otra…

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