Comer en La Habana o perder el bolsillo

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Mil 200 pesos cubanos gasta semanalmente Alexis en una fonda que le queda cerca de su vivienda, en La Habana, a la hora de darse «un gusto» o cuando desea comer mejor que lo que habitualmente cena en su casa.

A veces es más, a veces es menos; pero ayer martes, por ejemplo, eso fue lo que pagó por dos ropas viejas, una ración extra de arroz y otra de boniatos fritos. Comer en La Habana – dice – se ha vuelto todo un problema.

«Antes de la pandemia la cosa estaba mala, pero los precios están ahora que mi hermano, esto no hay quién lo soporte,»

se confiesa.

«Este mes voy, entre una cosa y la otra, por 10 mil pesos en moneda nacional y más de 500 dólares. No me preguntes en qué lo gasté porque no sé. Sé que fueron en cosas de la casa. Hace meses que no salgo a ningún lado,» aclara.

Sairelys, residente en La Habana también dice que ella tiene «localizada» una «paladar» en su barrio donde puede comer a cada rato «por un módico precio.»

En realidad no es una paladar. Una vecina le cocina solo a los vecinos. Si pone ella la comida es un precio, si los vecinos le traen lo que quiere que le cocinen es otro.

«Se cuida de los chivatazos, y cocina bien; además, me alivia a veces el tiempo que no tengo. Y el dinero que no tengo también.»

Sairelys dice que comer por el estado es vergonzoso. Asegura que ninguno de los restaurantes de la calle 23 sirve. A la mención de «Castillo de Jagua» pega un carcajada y exclama:

«Muchacho, se ve que hace ratón y queso que tú te fuiste de Cuba.»

Comer en La Habana en un buen lugar es perder el bolsillo
El Castillo de Jagua, en pleno 23 y G era uno de esos restaurantes preferidos de los habaneros hasta hace 30 años. Foto © ACN/ Yaciel Peña de la Peña

Minutos después, de terminada la conversación me envía una foto que dice «se acabó de encontrar en Twitter

«Vaya, para que tengas una idea de cómo está la cosa aquí. No sé en Cienfuegos donde tú vivías, pero comer en La Habana siempre será más caro.»

Comer un coctel de camarón – según la imagen que Sairelys envía y que dice «puede ser cualquier lugar de La Habana» – puede costar y cuesta 290 pesos cubanos.

«Eso son si acaso 4 camaroncitos, no te embulles. Si quieres el enchilado mira debajo (500 CUP),» aclara.

Un tostón con atún 200CUP; un tostón relleno con algo indefinido, 20 CUP más. Un burrito de cerdo 160 CUP; una albondiguilla 140.

Un lomo ahumado cuesta 430 pesos cubanos, 50 más que una simple pechuga de pollo grillé. Si quieres el pollo entero asado son 930 CUP. La mitad del pollo, 510.

Felipe que trabajó toda su vida en Cuba como dependiente de salón afirma que, hasta el año 2009 – fecha en que salió de Cuba – ningún plato en el restaurante Polinesio donde él trabajaba, se pasaba de los 75 pesos.

Había lugares donde comer en La Habana era un lujo y, entre una buena cena para dos – «para impresionar» – y un par de tragos se te iba el salario de un mes entero. Pero…

«(…) también había lugares donde con 50 pesos comían dos, y comían bien. Con higiene y buen servicio», afirma, sin precisar el año, en una breve conversación telefónica.

Lo cierto es que, con los precios disparados, con una libra de tomate en 150 pesos, una de frijoles en 100, y con las cabezas de ajo en 20, parece cada día más lejano el día en que los habaneros podrán comer en La Habana como comían nuestros padres y abuelos en los años 70´y 80´.

Alex afirma que él no tiene la más mínima idea de cómo la gente puede sobrevivir porque él, entre una cosa y la otra, llega a los mil dólares mensuales, pero reconoce que hay gente que ni siquiera la cuarta parte de eso.

«Mi hermano, la libra de puerco está a 220. Yo te lo juro. Todavía no sé, como es que la gente no se ha tirado para la calle.»

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