La triste Navidad de los que se fueron de Cuba… y de los que se quedaron

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Jessica se fue de Cuba hace cinco años, pero desde hace diez que la idea no salía de su cabeza. Simplemente, no aguantaba más. La gran mayoría de sus amigos habían tomado la misma decisión; incluso sus vecinos, sus compañeros de aula en la escuela y la universidad, sus colegas del trabajo…

Afortunadamente, no se vio obligada a cruzar selvas y ríos. Pudo irse con contrato indefinido como desarrolladora de software, probablemente una de las mejores líneas profesionales que garantizan salir de la Isla y llegar a donde sea con los papeles en orden.

Ahora tiene 32 años, vive en España y tiene un salario que roza los 4.000 euros mensuales. Pero sabe que muchos de sus compatriotas no corren con la misma suerte, muchas veces se los ha encontrado sirviendo en restaurantes, haciendo música en las calles y el metro, como mecánicos u obreros de la construcción.

Algunos de ellos, los que no ingresaron al país europeo gracias a la Ley de Memoria Histórica o con un contrato de trabajo, llevan años en calidad de indocumentados porque los trámites para adquirir la residencia suelen ser un verdadero calvario. El último recurso es casarse o “hacer pareja de hecho” con un residente o ciudadano, algo que pueden pagar miles de euros si ambos no son, en efecto, una pareja.

En el contexto pospandémico actual, con la guerra en Ucrania y la bestia inflacionaria acechando las finanzas de medio mundo, incluso a los cubanos que viven en Europa con un buen salario se les hace complicado enviar dinero a su familia en Cuba.

El alquiler de un apartamento puede superar los 1.000 euros, o sea, casi el salario mínimo, de ahí que la mayoría elige compartir piso o rentar habitaciones en barrios marginalizados. Y si sumamos los gastos en bienes de consumo básicos, ropa, alimentos, facturas de Internet, medicamentos, electricidad, gas y agua, llegar a fin de mes con algo de dinero puede ser un enorme desafío.

Según la versión más reciente de la Encuesta de Población Activa (EPA), un estudio estadístico sobre el mercado laboral que usa la metodología de la Organización Internacional del Trabajo, existen 61.909 cubanos viviendo en España y 157.145 cubanos con nacionalidad española todavía en Cuba.

Si hablamos de emigración cubana, esos datos, por supuesto, hay que agarrarlos con pinzas, especialmente porque España no suele ser el primer destino en mente, sino Estados Unidos.

Datos obtenidos por El País en septiembre indican que en el año fiscal 2021 fueron 39.300 los cubanos que ingresaron a EEUU por las fronteras mexicanas, y hasta agosto de 2022 el número se elevó a 180.000.

Las autoridades norteamericanas estiman que, si la tendencia continúa, 2022 podría cerrar con un récord absoluto de más de 200.000 cubanos en situación irregular. Los datos de balseros interceptados son igualmente reveladores: en solo 11 meses del presente año fiscal, ya van 5.421.

Funcionarios de alto nivel de Cuba y EEUU se reunieron en La Habana en noviembre, como primer paso para materializar la reapertura de los servicios consulares suspendidos por la administración Trump hace cinco años. Como resultado, Washington accedió a conceder anualmente un mínimo de 20.000 visados.

Cuba, por otro lado, es uno de los países más envejecidos del mundo. Según cifras de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONEI), la Isla no cuenta con reemplazo generacional desde 1978.

Los jóvenes en edad laboral se marchan lo antes posible y, en la mayoría de los casos, dejan atrás familiares menores de edad, jubilados, enfermos o incapacitados. Muchos se van del país con la idea de enviarles ayuda económica a estos últimos, pero se topan con la dura realidad una vez llegan a su destino.

Estas navidades, como muchas anteriores, no serán motivo de celebración para las familias cubanas rotas por la emigración. Transferencias con algo de dinero, envíos de alimentos por agencias de Miami o visitas sorpresa no cambiarán el hecho de que, al final del día, vivimos a decenas o miles de millas de distancia.

Los que no tienen la suerte de contar con el apoyo de sus familiares en el exterior la pasarán peor. Desde hace décadas, pero especialmente este 2022, Cuba ha estado marcada por la inflación, una moneda inestable, y la escasez generalizada de alimentos y medicinas.

Se sabe que una libra de carne de cerdo supera en algunas provincias los 300 pesos, mientras un cartón de huevos puede costar 1.200 pesos, la mitad del salario mínimo. Una bolsa de leche en polvo alcanza los 600 CUP y el litro de aceite puede llegar a los 700.

Regalos, cenas en familia, salidas nocturnas. Nada de eso estará en los planes de los que “se quedaron” en Cuba y viven gracias a sus pensiones y la libreta de abastecimiento.

Para los “de afuera”, la Navidad será un poco mejor, siempre que finjamos demencia y decidamos ignorar el dolor colosal de no tener a nuestros seres queridos sentados en la mesa.

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