El humor evoluciona; las cachetadas son un atraso

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Alguien debe ponerle un poco de seriedad al asunto. Las sociedades han evolucionado y el humor también debería hacerlo. Sí, porque el humor de por sí es irreverente, pero las sociedades se modernizan y todos los siglos nos traen enseñanzas nuevas y diferentes.

No es un secreto que este Siglo XXI nos ha traído reflexiones interesantes y una de ellas es esta: el humor tiene que tener sus límites. Como la libertad de expresión. Ambas cosas tienen que traer aparejada una responsabilidad con la sociedad y la gente que la habita. Sea del país que sea.

Está más que claro, también, que cada día son menos los humoristas que hacen su humor con la ligereza que antaño se hacía. Está claro que no se entiende el humor del mismo modo en Cuba que en los Estados Unidos; pero el mundo parece dirigirse hacia cánones de riguroso cumplimiento y comportamiento – por parte del artista-humorista – en el escenario.

A todas estas ya sabe, quién lee, que estas líneas hablan sobre el tema del momento: la cachetada que el actor Will Smith le propinó al comediante norteamericano Chris Rock en la ceremonia de los Oscar el pasado domingo. Todo saben ya sobre qué fue el supuesto chiste; el mal chiste, y todos de modo unánime condenan el comportamiento de Smith. A fin de cuentas las cachetadas, sinónimo de violencia, son un atraso.

Pero, ¿y el chiste que se basa sobre la burla a una enfermedad que padece otro, es humor? Para nada. Es atraso también.

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De hecho, buena parte de las críticas que se le ha hecho al humor cubano en las últimas tres décadas parece concluir en una sola línea, o al menos en líneas que convergen. Cuando el humor dejó de ser esa arma de inteligencia soberana en la lengua de los humoristas, estos últimos se convertieron en «chistosos». En comediantes del bulto. Incluso, a no pocos se les achaca culpas por haber prostituido el humor cubano y convertirlo en mercancía barata de cabarets, para beneficios personales.

De golpe y porrazo se olvidaron las mejores tradiciones del humor cubano y del choteo criollo, y cada cual asumió su papel de humorista de la manera que pudo. Hubo grupos y humoristas, como «Humoris Causa», por ejemplo, como Osvaldo Doimeadiós, por ejemplo, que cultivaron un tipo de humor sano, bueno y limpio; y hubo humoristas que se subieron al escenario a ensartar chistes de diversos tipos cuando aún no se llamaba aquello, stand-up comedy.

Para estos últimos fue fácil. Hilvanar cuentos, burlas, hacia las mujeres adúlteras y hombres cornudos; sobre pinareños, gordos, flacos, homosexuales, negros y orientales.

Calvos.

Y lo hacían metiéndose con el público. No era una simple «historia narrativa». Hacían un cuento de un flaco, buscaban un flaco en el público, y el público se divertía. El flaco, puede que hasta se riera o puede que no. Puede que fuese flaco «a conveniencia», pero podía muy bien padecer de anorexia y sufrirla duramente.

Hacían un cuento sobre un gordo y buscaban un gordo dentro del público. El gordo, puede que hasta se riera o puede que no. Puede que tuviese un serio problema con la enfermedad de la obesidad; puede que incluso tuviese problemas de autoestima con eso. Que sufriese.

Puede que ambos, el gordo y el flaco sufriesen con «el humor» salido, a costa de ellos, y de otros como ellos, por parte del chistoso en la tarima. Muy pocos tienen la capacidad de «relajarse» cuando se ven convertidos, delante de 300, 400 personas, en objeto de burla por parte de una persona, «famosa», que «hace la noche» – y el pan, como se dice vulgarmente – a costilla de una enfermedad que padeces y que te cuesta enfrentar.

El humor puede usar el choteo, sí, pero nunca caer en lo grotesco o en la vejación hacia otro.

Es penoso, a todas luces lo es, que humoristas cubanos intenten rebajar lo sucedido en la ceremonia de los Oscar, al nivel que lo ha rebajado Alexis Valdés. A «un chiste» de «un socio».

Más bien deberíamos estar todos en la cuerda de Boncó Quiñongo, que criticó este tipo de «humor» desafortunado, contraproducente, y fuera de época.

“Su mujer Enferma. Y el otro jodiendo con ella. Nadie sabe la tortura que uno vive con tu pareja sufriendo una enfermedad. No creo que sea fácil de asimilar, compartir tu día de gloria con el amor de tu vida y venga uno a jodértelo con un chiste personal y referente a la enfermedad. Nadie sabe las tormentas interiores que uno vive en familia. Esa es su reina. Bastante él lo ha demostrado”

Si bien Boncó se deslinda de esta «práctica» – el humor sobre la enfermedad de otro – sobran ejemplos en los que ha hecho un pésimo chiste. El último que se recuerda ocurrió en pleno show de TN3, junto a Carlos Otero.

Jenny Valdés, ex cantante de los Van Van, y quien no es humorista, ha expresado una idea que muy bien pudiera hacerle creer a Alexis Valdés, ese maestro del humor, como pocos, que su idea está centrada en una base equivocada.

“La violencia física no debería ser el camino. No, pero…. Existen líneas que no se cruzan. Está adulterado el concepto del respeto; en nombre de lo civilizado que debemos ser, se supone que tienes que soportar ante tus ojos que la persona que amas sea ridiculizada. Mmm… No me sirve la risa bañada del sufrimiento de otros. Un galletazo tal vez no; pero una buena demanda sí”, sentenció la cantante.

Alexis Díaz-Pimienta, decimista, costumbrista, profesor, académico y por qué no, humorista, dijo en décima:

“Chris Rock es afortunado / —y debe estar satisfecho—, / yo lo mismo hubiera hecho / usando el puño cerrado. / Me parece demasiado / hacer chistes de un dolor. / Ni presentador ni actor. / Pero al menos ha servido / para indagar (ofendido) / los límites del humor”.

Tal vez los más estudiosos nos arrojen mejor luz sobre el asunto.

Alianza Afrocubana, una plataforma que sin dudas conoce de racismo y del humor contra las personas de la raza negra, por su parte, ha dicho:

«Debemos tener presente que las consecuencias de un chiste desagradable, violento pueden ser graves. Debemos tener presente también que no se puede apoyar la violencia pero tampoco la normalización de avergonzar, humillar a una persona.

«En ocasiones las bromas son inofensivas y divertidas. Otras tantas veces son usadas para lastimar a otros. Sepan que hay bromas en juego que pueden herir sentimientos. Hay expresiones “humorísticas”, que pueden tener efectos nefastos en las relaciones entre las personas, entre las que se destacan la discriminación y la vulneración de los derechos humanos.

Los incidentes que involucran comentarios chistosos, sarcásticos, que menosprecian, se burlan, deshumanizan, degradan a las mujeres, a la comunidad LGBTIQ+, a las personas negras, a personas con alguna enfermedad física, por la apariencia de nuestros cuerpos entre otros motivos, son una de las formas más comunes de discriminación en diferentes ámbitos. Reírse de esos chistes o memes, replicarlos y considerar que son inofensivo o es toda una «exageración» de la o las personas que lo confrontan, fomenta la tolerancia e invisibiliza este tipo de violencia.»

Y concluye:

«Debemos apoyar un humor que nos haga reír sin recurrir a la degradación de otra persona. Los humoristas deben ser responsables de las consecuencias de sus palabras cuando traspasan determinadas líneas (…)»

Y si bien las cachetadas y la violencia son un atraso, el humor ha evolucionado. Evoluciona, a pesar de los ejemplos de involución que se cuentan por cientos.

Evolucionará. Tiene que hacerlo. Si no, estaremos perdidos. Y se habrá perdido todo lo hermoso, sano y útil que es, hacer humor.

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