Barinas: triunfo simbólico de la oposición venezolana en el Birán chavista

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Los símbolos son uno de los fundamentos, recursos y dispositivos imprescindibles de los poderes políticos de filiación izquierdista.

Mientras más hacia babor se inclina la nave, con más fuerza se aferran sus representantes de su capital simbólico repleto de héroes, heroínas, mártires, efemérides, lugares históricos casi santificados al nivel de templos.

De manera muy semejante a las religiones, establecen panteones y mitologías en el que confían gran parte de su poder, estructurándolo como una fe, más que como una dinámica política.

Así, aferrados a entes sagrados, buscan deslegitimar y eliminar toda disidencia posible, desterrándola a la zona de la herejía, el sacrilegio y el pecado mortal de sedición.   

Y como la decadencia de toda religión comienza cuando sus fieles ven mermar su obediencia y su fe ciega en sus dioses, las derrotas simbólicas son mucho más dolorosas para los gobiernos de izquierda, y en muchos casos pueden provocar sus caídas definitivas.   

El estado venezolano de Barinas vale, a escala simbólica, más que el resto de los territorios del país sudamericano, pues en su seno nació y se crió el fallecido Hugo Chávez, líder de la facción política que regenta la nación desde 1998.

Es como el kilómetro cero donde nació la “revolución bolivariana” que este encabezó, cambiando el destino de Venezuela en el siglo XXI y de parte de América Latina. Sobre todo de Cuba.

Chávez fue el cabo salvador al que Fidel Castro se aferró para tomar un segundo aire, convirtiendo a Venezuela en la segunda Unión Soviética, en la segunda “metrópoli” económica del país, y a la vez en la “colonia” ideológica cubana.

Chávez idolatraba públicamente a Fidel Castro tanto como al Bolívar del que se declaraba legítimo continuador, subrayando y expandiendo (a su favor) la dimensión simbólica de El libertador.

Por eso la reciente derrota electoral del chavismo en Barinas ante Sergio Garrido, candidato por la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) y oriundo del lugar, vale más que el mayoritario triunfo del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) en el resto del país. Aunque solo 4 de los 23 estados del país estén regidos por la oposición.

El 55,36% de los votos conseguidos por Garrido lo situaron 14 incontrovertibles puntos por encima del exvicepresidente y excanciller Jorge Arreaza, nacido en Caracas, que se reservó el 41,27% en su finalmente infructuoso propósito de continuar un mandato en verdad dinástico del chavismo en Barinas, gobernado desde 1998, consecutivamente por el padre de Chávez, Hugo de los Reyes Chávez, y luego por sus hermanos Adán y Argenis.

Ya Argenis Chávez había protagonizado una primera derrota simbólica y numérica más estrecha, el pasado 21 de noviembre de 2021 frente a Freddy Superlano, con solo un punto porcentual de diferencia.

El Consejo Electoral Nacional (CNE) anuló esta inadmisible e imperdonable derrota del ADN de Hugo Chávez, basándose en lo cerrado de los resultados.

Un proceso judicial contra Superlano selló para él toda posibilidad de acción política pública.  Pero la más amplia, contundente e histórica victoria de Garrido lo absolvió con holgura.

No era cuestión de que Superlano pudiera ganar, es que ya Argenis había perdido, es que ya el chavismo había perdido frente a una región que decidió optar fuertemente por la autodeterminación.

La presencia de las hijas de Hugo Chávez, Maria Gabriela y Rosinés, de Disodado Cabello, las fuertes campañas organizadas por Venezolana de Televisión, no fueron suficientes.

Todo el capital simbólico chavista se estrelló frente a la merma de la fe, frente al descreimiento y la decepción. El Belén o el Birán chavista se deslinda de Chávez, y derriba sus templos en serena y consecuente paz.

Hasta el momento, la ética ha predominado. Arreaza reconoció en su perfil de Twitter: “Barinas querida. La información que recibimos de nuestras estructuras del PSUV, indican que, aunque aumentamos en votación, no hemos logrado el objetivo. Agradezco de corazón a nuestra heroica militancia. Seguiremos protegiendo al pueblo barinés desde todos los espacios”.

El chavismo no ha buscado hasta ahora desacreditar a Garrido, apresarlo, inhabilitarlo, ni socavar su autoridad, como con Superlano, como con el Parlamento elegido en 2015 y suplantado por la Asamblea Constituyente de Maduro.

Quizás el azoro no les permite aún reaccionar, quizás la dignidad de un pueblo los ha paralizado. Hay que estar atentos.

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