Yunior Smith se transforma camino a la frontera

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El presentador «casi» estelar del Noticiero de la Televisión Cubana, Yunior Smith, se encuentra camino a la frontera entre México y los EE.UU. con el objetivo de reencontrarse con su familia – esposa e hija – residentes allí. A estas alturas no parece ser un secreto a voces. El secreto, sin embargo, es otro: Yunior – según sus propias palabras – habría estado «fingiendo» durante todo este tiempo en la Televisión.

En un largo post publicado en su perfil de Facebook, Yunior Smith arremetió contra todo y contra todos. Recordó varias de las cosas que dijo e hizo. No pocas de ellas con visos de heroicidad. Dice que se enfrentó a algunos dirigentes dentro del ICRT. Argumenta que se negó a leer o decir ciertas cosas. Que lo que hizo y dijo, lo hizo de la manera más objetiva posible.

Todos vieron en pantalla al Yunior Smith que criticaba a otros gobiernos, nadie jamás supo las veces que dije No. Cuando me pidieron justificar los palos a los manifestantes del 11 de julio con la prisión del rapero español y me negué a semejante locura, porque la censura y la persecusión está mal en España y también en Cuba. Nadie vio el comentario que me pidieron hacer sobre Yunior García después del 15 de noviembre, porque lo censuraron (…) Nadie supo que dije No cuando me pidieron hacer un reportaje sobre la inflación en America Latina, cuando el dólar estaba a casi 100 pesos en Cuba y el «gobierno», cruzado de brazos, dejaba a la gente subsistir en la miseria sin hacer otra cosa que adornar con consignas inertes los discursos decadentes y cada vez menos escuchados.

comentó Yunior Smith en sus redes sociales.

No mencionó nombres, pero dio pistas. La más importante. Todos – o casi todos – dentro del Sistema Informativo de la Televisión Cubana, dentro del ICRT, no creen en lo que dicen. Finjen. Son hipócritas. Tienen doble moral. Se ríen incluso de los comentarios o noticias que tienen que leer. ¿Tal vez sobre la escasez en los EE.UU.?

Muchos de mis compañeros piensan como yo, son seres humanos dignos y sabes que son usados por ese sistema. Pero prometí no decir sus nombres ni nunca revelar lo que hemos hablado, criticado, reído a escondidas; las veces que nos asqueamos juntos por la peste a sucio, descompuesto y moribundo de lo que estábamos obligados a defender,

argumentó.

Yunior Smith señala que su viaje por varios países centroamericanos no comenzó en Guyana o Nicaragua, países a los que presuntamente habría viajado primero: «Mi viaje comenzó como el de otros miles de cubanos que en los últimos meses se cansaron de arar en la arena y decidieron marchar, escapar de tanta mierda putrefacta, de la mentira, de la desesperanza,» dice. O antes, mucho antes:

mi viaje también empezó antes. Mucho antes. Me fui alejando poco a poco mientras estudiaba las realidades de otros países y no encontraba soluciones para el mío. Empezó cuando comencé a notar que «el bloqueo» no es culpable de todas las políticas fallidas que una y otra vez se inician como soluciones redentoras de una economía muerta, que no llegan a ninguna parte, ni es culpable del abuso, el engaño, la burocracia, la corrupción y las muchas malas decisiones a lo interno. Comenzó con el profundo desprecio hacia los ministros con cuellos ausentes y barrigas desbordadas que esbozan explicaciones que ni ellos mismos entienden (ni creen), con los inescrupulosos llamados a la resistencia del pueblo, a los votos de confianza de la gente cansada de confiar, porque las consignas y la espera no llena barrigas, ni viste o calza a los niños. Comenzó con el asco por aquella bofetada infame del ministro de cultura, por la crisis sanitaria en Matanza, con el abuso policial asqueroso del 11 de julio, con el llamado de Canel a enfrentar cubanos contra cubanos, con palos, como perros.

Argumentó que lloró mucho al despedirse, «con lágrimas, dolor y mucho resentimiento hacia el gobierno endemoniado que provoca divisiones de familias, sueños truncados, vidas jodidas para siempre por una política mezquina, cargada de orgullo, de rencor, y la jodida mentira que lo hace todo turbio, oscuro, incierto.»

Dice que se decepcionó de las tiendas en divisa; del desastre que armó Marino Murillo y el gobierno y PCC cubanos con «toda la mierda que armaron», mientras aumentaban «las brechas sociales, el hambre, las colas inmensas (…)» Señala que ante todo eso el gobierno hizo lo que mejor sabe hacer: «buscar culpables, culpar al pueblo, a la gente, los coleros, e imponer multas a diestra y siniestra, porque son expertos en imponer el miedo, su mejor arma para mantenerse en pie tantos años.»

Reconoce que soñó, que se creyó aquel cuento que aprendió de su – entonces – Comandante Fidel: «Un mundo mejor es posible».

Dice que fue «iluso».

Reconozco que era un convencido y un romántico enamorado del sistema. Así me lo inculcaron por años, y aunque encontraba errores, y criticaba desde siempre, lo hacía con la vista nublada por los conceptos adquiridos desde niño: «todo fuera mejor sin el bloqueo», «este gobierno busca el bien de todos», «un mundo mejor es posible»… Iluso. Tanta mierda atragantada en el pecho por años puede llegar a convencer.

Yunior Smith dijo que trató de hacer la diferencia. De superarse. Esforzarse. Dice que quiso «demostrar que es posible vivir en Cuba dignamente.»

«Pero es imposible, y bien lo sé ahora,» expresó.

Argumentó que realizó trabajos «siguiendo fielmente las continuas líneas de mensajes enviadas desde «arriba»

«Leí, entoné; fui varias veces a la oficina del jefe a preguntar ¿qué quieres que diga?, cuando no encontraba explicaciones ni formas de defender lo indefendible, cuando yo mismo estaba de acuerdo con lo que me hacían denunciar.»

Fingió. Y expresa:

«Ellos no quieren comentarios periodísticos, no quieren opinión, quieren panfletos gastados y manidos, aunque nadie les crea.»

todo el mundo sabe o debería saber que la «prensa oficialista» en Cuba es monigote y marioneta, para sostener en el poder a los que viven del poder. Víctimas en mayoría de un sistema asqueroso que nos usa y ni siquiera nos paga bien. Porque muchos creen que todos tenemos altos salarios, y carros y jabas de comida, y solo unos pocos venden su alma a niveles tales que les otorgues tales beneficios. Ignoran que compramos la mayoría de nuestra ropa y nuestro propio maquillaje, que vamos en guagua a trabajar y que ni almuerzo hay para los que se quedan horas dentro de esa redacción.»

«Sí, mi viaje comenzó antes, señaló luego. «Comenzó con el asco y la decepción amarga por la experiencias vividas en el Estelar, por los jefes que pagan con favores y privilegios a cambio de sexo; por el acoso sexual desde el poder, secreto a voces que nadie denuncia por miedo; por las putas de pantalla, por el amiguismo y favoritismo inherente a ese sistema que no beneficia al más capaz, sino al más guatacón, al que demuestra ser más revolucionario, más comunista, al más chivatón, al más dispuesto a venderle el alma al diablo.»

Empezó por la pena que sentí con mis compañeros que me aconsejaron no seguir publicando cosas así, porque no vale la pena buscarse problemas, porque «ese sistema no lo tumba nadie». Mis ideas, o «mi primavera», como le llamaban algunos a mis menguantes deseos de callar, de agachar la cabeza y obedecer, hicieron que fueran apagando poco a poco mi carrera, disfrazados de mil escusas.

Luego señaló más adelante:

«Cuba está en una situación desesperante, agobiante, que te hace morir cada día un poco, en colas, inventando cómo encontrar papel sanitario, pollo, picadillo, un libra de malanga; recorriendo la Habana entera por un paquete de culeros desechables, sin hallarlo.»

«Me cansé,» expresó.

«Haré cualquier cosa, realizaré cualquier trabajo que me ofrezca una vida digna. Una vida donde conseguir papel sanitario no sea una heroicidad. Donde dar de comer a mi hija o comprarle juguetes o dulces con el fruto de mi trabajo, no sea un privilegio de unos pocos y un lujo casi inalcanzable para la mayoría. Creo que no es mucho pedir.»

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