Un entierro en plena madrugada causa sorpresa en Jovellanos

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Las noches no suelen ser muy tranquilas en el poblado matancero de Jovellanos, célebre por sus discusiones que terminan en sangre, pero lo ocurrido esta semana, sobre las 2:30 de la mañana, fue algo surrealista incluso para este pueblo curado de espanto: un cortejo fúnebre avanzaba, al filo de la madrugada, desde el hospital hasta el cementerio municipal.

Par de testigos, que por respeto no tomaron fotos, confirmaron a Cuballama la “procesión” que iba por la calle Real rumbo al camposanto del pueblo, a pocos pasos de la Carretera Central, justo enfrente de la Unidad de la Policía. Recién había vuelto la luz, luego de un largo apagón, y a la altura de la línea del ferrocarril se veía al gentío caminando tras el carro fúnebre.

Si bien no hay hora para morirse, para los entierros suele haber un horario, sobre todo porque los sepultureros no suelen tener turno de guardia, y ya bastante escabroso es ser custodio nocturno de un cementerio, para encima tener que abrir tumbas o lapidar nichos.

El chisme ahora en Jovellanos, donde la funeraria municipal está justo al lado de círculo social, es que algunos fallecidos han tenido que ser velados brevemente en la mismísima morgue del hospital, un local al que llaman popularmente el “cuarto de las papas”, porque no había carros para trasladar al cadáver.

De hecho, el carro de Servicios Comunales que encabezaba el entierro trasnochado había venido de Colón, porque el de Jovellanos no estaba disponible.

En Cuba hasta morirse es complicado. No en balde Tomás Gutiérrez Alea exploró el fenómeno en dos clásicos como “Muerte de un Burócrata” y “Guantanamera”, inspiradas en el absurdo de cada día, con humor negro, y más dosis de realidad de la que uno quisiera admitir.

Cuando la pandemia de Covid-19 causaba estragos en Cuba, los servicios necrológicos de las provincias más golpeadas colapsaron, y en Guantánamo tuvieron que recurrir a esos entierros en la madrugada. Incluso los cuerpos tenían que ser movidos en panelitos de ETECSA y camiones de Comercio, porque los carros fúnebres no daban abasto.

Igual, hace un tiempo Servicios Comunales tuvo que usar ataúdes blancos porque las funerarias se quedaron sin tela negra o gris para revestir las “cajemuertos”. 

Si bien la situación actual parece mejorar en la parafernalia funeraria, la truculenta imagen de un cortejo fúnebre por la principal calle de Jovellanos, tras un carro traído desde otro municipio, hace pensar a muchos que la cosa está peor de lo previsto, y ha dado tema para un nuevo chisme para atenuar el aburrimiento o matizar las colas…

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