Noel Díaz, el cubano con una familia de 10 mujeres por padecer de priapismo

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La Finca del Mulato, en Viñales, Pinar del Río, es una comunidad agrícola de 38 hectáreas integrada por el campesino Noel Díaz, sus 10 esposas y sus 22 hijos. Toda una colonia polígama en pleno siglo XXI en Cuba, donde prima el modelo monógamo, y los “deslices” fuera de los territorios de las parejas oficiales suceden casi siempre en silencio, a las sombras. Según Díaz, cuando niño, su abuelo le presagió que tendría 24 hijos, y la profecía está a solo dos vástagos por cumplirse a cabalidad.

Una fuerza natural más potente que las leyes, la cultura o la religión, llevaron a Noel a conformar su familia poliamorosa a plena luz solar y social. A cielo descubierto. Noel padece de priapismo, una enfermedad que provoca erecciones de varias horas en los hombres, con mucho dolor, y solo puede aliviarse con una actividad sexual intensa y permanente, cuya frecuencia e intensidad requieren del concurso de más de una mujer, pues no hay priapismo que dure cien años pero mucho menos cuerpo que lo aguante.

El nombre de esta condición, para la que aún la medicina moderna no ha encontrado cura, proviene del dios griego Príapo, deidad que representaba la fuerza fecundadora de la naturaleza y era comúnmente representado por un hombre con un inmenso falo de proporciones gigantescas y en constante erección.

Antes de casarse hace unas dos décadas con su esposa “legal” —dado que en Cuba un ciudadano no puede contraer matrimonio con más de una persona—, Díaz mantenía relaciones simultáneas con 7 mujeres. Luego, según su testimonio, “quise ser el hombre ideal, tener el amor perfecto” y se aventuró en la monogamia con toda la convicción del mundo. Pero comenta que “mi hiperactividad sexual no me lo permitió”.

Noel Díaz buscó compensar sus necesidades con la práctica de la zoofilia, o sea, teniendo sexo con animales, hasta que decidió, quizás muy desesperado, explicarle a su esposa que necesitaba de otras mujeres para alcanzar la plenitud. “Sabes que tengo un problema que no es común. Con ellas trataré de solucionarlo, como hacía antes de casarnos. Pretendo quererlas, admirarlas y respetarlas igual que a ti”.

El matrimonio se quebró seis veces antes que la esposa “entendiera” la condición de Noel que lo superaba. El campesino es congénitamente polígamo, más allá de las emociones que pueden provocar las infidelidades y las “canitas al aire”. La naturaleza determinó para él la necesidad imperante de tener una “pareja abierta” a 180º. En este caso no para paliar el hastío que puede sobrevenir a dos personas tras años de matrimonio, o para satisfacer la curiosidad por beber de otras aguas prohibidas y por ende más seductoras, sino por pura exigencia de su naturaleza incurable.

Noel Díaz vive en la naturaleza y es una fuerza de la naturaleza que satisface por igual a Xiomara, Dusany, Maidelyn, Yojara, Rebeka, Ana Laura, Mariselis, Isabela, Marielis y Débora, cuyas edades oscilan entre los 33 y los 45 años, y se satisface con las altas dosis de sexo que le exige su priapismo crónico.

Noel afirma que las complace más allá del sexo, pues insiste en que puede pensar como ellas. “La mayoría de los hombres desconoce lo que quiere una mujer” pero el clama poseer “el don de leer los instintos femeninos, de saber dónde y cómo tocar y qué palabras decir para hacerlas felices”.

La convivencia armónica colectiva que parece haberse logrado en esta comunidad, donde hace menos de diez años se disfruta de luz eléctrica, se basa en unas conductas sociales muy respetadas por todos en la finca. Noel no besa en público a ninguna de sus parejas, ni las acaricia. Un visitante no pensaría que mantienen relaciones amatorias durante sus actividades “públicas”. No pasarían por parejas ante los ojos casuales.

La hija mayor de Noel, que ya se acerca a la treintena, “aún no me ha visto en el más mínimo roce con ninguna de mis esposas” y los más pequeños, que rondan los diez años, “piden permiso para hablar y se sorprenden cuando alguien se besa en la calle o en la televisión porque son cosas que en su hogar no ven”, explica Noel.

Uno de los hijos de Noel, con 13 años de edad, posee su misma condición, manifestada desde las primeras edades, para sorpresa de su maestra, y quizás sea el protagonista de la secuela de la vida de su padre. Quizás Noel sea el potencial fundador de una dinastía de príapos, que convertirán la poligamia en algo más natural y menos escandaloso para los cubanos. 

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