Cubano residente en EE.UU. quiere un presidente como Nayib Bukele. ¿Necesita Cuba «un Bukele» para frenar la delincuencia?

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Un conductor de Uber, nacido en Cuba, y residente en la ciudad de Las Vegas, fue captado por un pasajero al cual transportó, diciendo que él quería un presidente como Bukele.

«Todo lo que se dice aquí de Bukele, en Las Vegas, es fabuloso. De hecho (…) queremos un Bukele en cada lugar de este país, no solamente en El Salvador, no solamente en Cuba,» dijo y aclaró:

«Yo soy cubano».

Audio de video – Canal de Youtube / GABOlml

El internauta que grabó el video dijo que «el presidente Nayib Bukele ha demostrado con resultados que cuando se quiere trabajar por el pueblo, no hay excusas; y es por eso que todos quieren un gobernante como él,» y señaló también que ha demostrado que así, se pueden hacer muchas cosas por El Salvador.

Tras el video existe un «deseo» claro, de que antes los problemas que afrontan los Estados Unidos con la inmigración y la delincuencia, surja en tierras norteñas un Nayib Bukele que se erija para presidente, resulte electo y arregle el país; pero, ¿resulta eso factible? ¿siquiera posible?

Tras esto, además, existen otras aristas que, a menudo, no se mencionan.

Es cierto que el presidente de El Salvador, Nayib Bukele, ha sido reconocido tanto nacional como internacionalmente por su enérgica campaña contra las pandillas y la delincuencia en su país. Y no solo por ese conductor de Uber cubano, residente en Las Vegas.

Recientemente, durante su discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas, Bukele destacó el éxito de su represión a las pandillas, a pesar de las críticas internacionales por violaciones a los derechos humanos, según indicó en una nota AP News.

​En una operación reciente, El Salvador desplegó más de 4,000 fuerzas de seguridad en tres comunidades en las afueras de la capital para erradicar a los miembros de las pandillas, en un momento en que Bukele estaba preparando solicitar otra extensión de los poderes de emergencia para combatir la delincuencia. Una delincuencia que, como en el caso de Cuba, ha estado en auge debido a la pobreza.

Recordemos que en 2022, Bukele declaró un estado de emergencia para combatir a las pandillas, que resultó en más de 1,000 abusos documentados contra los derechos humanos y cerca de 90 muertes de prisioneros en custodia durante los primeros nueve meses.

Sin embargo, como reseña en esta otra nota AP News, a pesar de estas cifras, la popularidad de Bukele ha aumentado significativamente​​.

Bukele más allá de toda consideración y felicitaciones por haber metido en cintura a la delincuencia en el país, especialmente a los pandilleros de la temida Mara Salvatrucha, es una figura controvertida y, aunque es altamente popular, también es considerado altamente abusivo y antidemocrático, especialmente en lo que respecta a su enfoque de mano dura contra la delincuencia y las pandillas​, según ha reconocido el Observatorio de Derechos Humanos de la ONU.

Bukele ha sido criticado por limitar el ejercicio de los derechos humanos, identificando a las organizaciones de derechos humanos como chivos expiatorios de los problemas que enfrenta El Salvador, indica por su parte en otro informe Amnistía Internacional​.

Las medidas tomadas por Bukele reflejan una firme determinación de abordar los desafíos de seguridad en El Salvador, pero también han suscitado preocupaciones sustanciales en cuanto a la protección de los derechos humanos y la democracia en el país.

La gente sin embargo, parece darle de lado a los reportes de Human Right Watch, Amnistía Internacional, y cuanto organismo o medio de prensa documente estos abusos en El Salvador. A la gente le interesa que la delincuencia se acabe. Y punto.

Así sucedió por ejemplo, en Cuba, cuando resultó electo por vez primera Fulgencia Batista, quien llegó al poder en un momento especialmente complejo del país. Panaderos, carniceros, repartidores, empleados de lavandería y otros, eran a menudo asaltados, de madrugada, hasta que la policía de Batista logró meter en cintura a los delincuentes que se escudaban en las horas de la noche para cometer sus fechorías.

El escenario descrito en Cuba durante el mandato inicial de Fulgencio Batista, cuando logró mitigar una ola de delincuencia que afectaba a diversos sectores de la sociedad, puede tener ciertas similitudes, aunque muchísimo menores en número y peligrosidad – con la situación que enfrenta El Salvador bajo la presidencia de Nayib Bukele. Ambos han empleado tácticas de mano dura para abordar los desafíos de seguridad en sus respectivos países, lo que ha generado tanto apoyo como críticas.

En el caso de El Salvador, el auge de la delincuencia y la violencia, en gran parte atribuida a las pandillas como los Mara Salvatrucha, ha sido una fuente de preocupación tanto para los ciudadanos como para la comunidad internacional. La estrategia de Bukele para combatir este problema ha incluido el despliegue de fuerzas de seguridad en comunidades afectadas y la solicitud de extensiones de poderes de emergencia para abordar el crimen​​.

Algunos podrían argumentar que, ante la gravedad de la situación de seguridad, se requiere una respuesta firme como la que ha adoptado Bukele, cuyas medidas, aunque controvertidas, han resultado en una disminución notable de la delincuencia y una popularidad creciente entre la población salvadoreña​​.

Similarmente, en un contexto como el de Cuba durante la época de Batista, donde la delincuencia afectaba la vida diaria de las personas, una estrategia de mano dura podría ser vista por algunos como necesaria para restaurar la seguridad y el orden. Sin embargo, es crucial destacar que estas estrategias pueden tener un costo significativo en términos de derechos humanos y democracia, como se ha señalado en el caso de Bukele​​.

La necesidad de una «mano firme» puede surgir en contextos de inseguridad y violencia elevadas, pero también plantea preguntas críticas sobre cómo equilibrar la seguridad con los derechos humanos y la gobernanza democrática. En última instancia, el debate sobre la eficacia y la ética de estas estrategias resalta la complejidad de abordar la delincuencia y la violencia en cualquier sociedad, y sugiere que una solución duradera podría requerir un enfoque más holístico y respetuoso de los derechos humanos.

Pero, ¿necesita la Cuba actual un presidente como Nayib Bukele para frenar la delincuencia?

La situación de la delincuencia en Cuba ha visto un notable aumento en los últimos años, especialmente en lo que respecta a la violencia y los homicidios. Algunos ejemplos impactantes incluyen el asesinato de un maestro para robarle su motocicleta, y un caso donde los padres de un sacerdote católico fueron asaltados con machetes por intrusos en su hogar.

Se ha resaltado además el surgimiento de bandas que asaltan en carreteras; o el incremento de personas, en su mayoría adolescentes, que salen a las calles de fiesta, armados. Especialmente en la ciudad de Holguín.

Estos incidentes han sido reflejados cada vez más en los medios de comunicación independientes y en las redes sociales, a pesar de la histórica censura gubernamental sobre la divulgación de noticias relacionadas con crímenes, robos y asaltos.

La situación económica difícil en la isla, caracterizada por la escasez de alimentos y acceso limitado a necesidades básicas, ha sido identificada como una de las causas subyacentes de esta ola de crímenes. El gobierno cubano ha implementado un nuevo código penal como respuesta, que ha sido criticado – al igual que ha sido criticado Nayib Bukele – por organizaciones de derechos humanos, lo que podría ser indicativo de una respuesta gubernamental más dura a la situación de la delincuencia​.

Ante este panorama, muchos cubanos están tratando de abandonar la isla en busca de mejores condiciones de vida considerando que, además, el problema cubano es de raíz y no tiene solución a no ser que, se enderece económicamente la isla, algo que en términos de posibilidad, parece poco factible mientras el grupo gobernante se mantenga en el poder.

​La pregunta sobre si Cuba podría beneficiarse de un liderazgo similar al del presidente Nayib Bukele de El Salvador es compleja. Algunos podrían argumentar que una postura firme podría ser necesaria para restablecer el orden y la seguridad. El desafío radica en equilibrar la necesidad de seguridad con la protección de los derechos humanos y la democracia, lo cual es una tarea difícil en cualquier contexto de una isla donde la palabra democracia, sencillamente no existe.

Aunque la situación de la delincuencia en Cuba es preocupante, la adopción de un enfoque similar al de Bukele podría estar acompañada de críticas y desafíos significativos en lo que respecta a los derechos humanos y la gobernabilidad democrática.


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