Critican al reguetonero cubano El Carli por imitar acento boricua

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El Carli afirma en su canal de YouTube ser un promotor de la autenticidad en su trabajo desde sus inicios en 2011, cuando apenas tenía 11 años, pero la autenticidad quedó en entredicho al hablar en una entrevista como si fuera un boricua de pura raza.

La comunidad musical y los seguidores del reguetón se han mostrado críticos y «confundidos» con Carlos Quiñones, conocido artísticamente como El Carli, por sus recientes declaraciones en un podcast. No tanto por lo que dijo, sino por cómo lo hizo. El artista cubano ha enfrentado una ola de críticas luego de que se notara un cambio en su manera de hablar durante la entrevista, al imitar el acento puertorriqueño siendo él cubano, un gesto que ha generado controversia entre sus seguidores y la prensa especializada.

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El Carli, oriundo de Arroyo Naranjo en La Habana, Cuba, ni siquiera al emigrar de Cuba lo hizo hacia Puerto Rico. Se fue de la isla en el 2016 – hace apenas unos ocho años – y lo hizo hacia los Estados Unidos. ¿Cómo puedo entonces cambiar su habla si ni siquiera fue a residir a una barriada de puertorriqueños? Esa es la pregunta que algunos se hicieron.

El joven cuya evolución artística ha sido marcada por colaboraciones con figuras reconocidas como El Micha, Yakarta, El Chulo, y más recientemente, con Gente De Zona y Dale Pututi en su sencillo «Lágrimas De Champán», así como con Champa en «Ice Gang» y «No Love», expresó su comprensión sobre lo sucedido y pidió disculpas:

«Viendo de nuevo la entrevista que hice en el podcast, entiendo todas las críticas sobre la forma de hablar, y me disculpo con mi gente por a veces perder la identidad. Tuve el honor de ver el mercado internacional de cerca, ir a los Grammys, a todos los premios y lamentablemente escuchar la mala imagen que dejan a veces los cubanos en la industria musical, y hasta ser víctima y ser juzgado. Aunque uno no quiera, y siempre trate de poner la bandera en alto, inconscientemente cambiamos de identidad para encajar mejor y buscar esa oportunidad que otros han desaprovechado. Soy de Cuba y orgulloso de mis raíces, también orgulloso de todos los latinos y nuestra cultura. Pido disculpas y que todo esto sea para aprender, que lo hago cada día, y tratar de sacar más nuestros colores en vez de intentar ser otro, estar orgulloso de donde vengo y limpiar con esfuerzo y trabajo duro la imagen que los cubanos debemos dar al mundo.»

Sin embargo, sobrarían los ejemplos de artistas cubanos que no han cambiado su identidad ni su hablar para intentar encajar en un mercado. Ni siquiera habría que ir atrás en el tiempo y mencionar artistas como Celia Cruz, cuyo grito cubanísimo de «AZÚCARRRRR» está ahí, resuena como marca y hasta otros lo han usado precisamente para ponerle un sello cubano a su obra. Ahí están, por ejemplo, Alexander Delgado y Randy Malcom, los de Gente de Zona, con su sello imborrable y autencidad de ser cubanos en cada cosa que dicen.

La apropiación cultural y la adopción de identidades ajenas son fenómenos complejos que pueden surgir de la intención, ya sea consciente o inconsciente, de encajar en un grupo, aprovechar una tendencia mediática o destacar en contextos sociales específicos. Estas conductas pueden manifestarse de diversas maneras, incluyendo cambios en el habla, el comportamiento, la vestimenta, y hasta en la expresión de la propia identidad cultural o nacional.

Para El Carli, la lección parece aprendida, si en verdad su respuesta fue auténtica, aunque poco afortunada al reconocer que, para intentar distanciarse de su identidad, fingió – dice que de manera inconsciente – su habla; un «ardid», digamos, que debió advertir por su parte el entrevistador, pero que desafortunadamente no hizo. De haberlo hecho, de haber tenido «Chunguito» la preparación necesaria, le hubiese evitado a El Carli los problemas que le trajo su acento borinquen.

La autenticidad y el respeto por la propia identidad y la de los demás son clave para una convivencia armónica y para el enriquecimiento mutuo entre culturas. El interés por distanciarse de un estigma, puede hacerse más que todo desde el propio respeto y la educación. Si el estigma que se percibe es que «los cubanos son maleducados», la estrategia idónea no es aparentar no ser cubano, sino que, demostrando que se es cubano, hacer gala de respeto, educación y buenas maneras en el habla y el comportamiento.

El Carli, con su disculpa, ha expresado que se mantiene firme en su propósito de representar a Cuba y su cultura, aún frente a las críticas y los desafíos de mantener su identidad en un mercado globalizado. Esperemos que lo siga demostrando.

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