Comprar alimentos en Cuba: una carrera de resistencia

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A propósito de las fechas que están por llegar, en las cuales se suele comer sin medida y está normalizado aumentar unos kilos de más, toca preguntarnos qué tan diferentes serán los alimentos del cubano este fin de año.    

Queda claro que el habitual puerco asado será más lujo que tradición, con lo cual probablemente haya que recurrir a los habituales menús con los alimentos de la precariedad cotidiana. Habrá que optar por los alimentos que en dos años de pandemia y pobreza económica se han vuelto la salida única y definitiva para muchas familias. Pollo, picadillo condimentado, huevos, salchichas o croquetas Prodal son los habituales platos fuertes que consume un cubano promedio.

Hablamos de una Isla donde por ejemplo muy poca gente puede comer, algo tan básico, y supuestamente favorecido por las aguas que nos rodean, como el pescado.

Aquí cualquier comida que provenga del mar hay que quitarla de todas las listas porque normalmente es el mercado negro el que a ratos suele suplir unas pocas familias. Pero yendo de un extremo a otro, Cuba es también el otrora país agrícola donde ahora mismo, en una de sus provincias productoras de viandas y hortalizas como es el caso de Artemisa, digamos, se torna una aventura de ciencia ficción localizar una papa. Y se dice papa por no hablar del tomate, que afortunadamente está empezando a abundar. Pero ni mencionar la malanga, el platanito maduro o la zanahoria. Esos son lujos, sin lugar a dudas.  Y conste que aquí no se mencionarán precios, porque sería harina de otro costal.

Además de los potentes platos principales que habíamos citado antes; el pollo, el picadillo, las croquetas, las salchichas y los huevos, hay otros denominadores comunes aportados por la famosa e insuficiente canasta básica. Arroz, chícharos y frijoles en algunas ocasiones; así como el vapuleado pan de la bodega que no pocas hambrunas intenta apalear sin éxito. Ese único pan funciona casi siempre como desayuno, pero también como almuerzo y cena cuando no aparece otra cosa.

Queda claro que el habitual puerco asado será más lujo que tradición, con lo cual probablemente haya que recurrir a los habituales menús con los alimentos de la precariedad cotidiana Foto Diario de Cuba.

Elaborar las tres comidas diarias que debe hacer un ser humano como parte de una nutrición adecuada es más que una rutina, un reto en Cuba. La variedad no es un privilegio del que gozan hoy los habitantes de la Isla y si muchas familias se quejan por “comer lo mismo” todas las semanas, otras se quejan de no tener a veces ni siquiera esos mismos pedazos de lo que comieron el día anterior.

Conseguir qué comer en Cuba es una aventura cuya consecución cuesta mucho dinero. Y si bien es cierto que no llegamos a retroceder como en el período especial, cuando sencillamente la comida no existía, en esta versión de la Cuba comunista y revolucionaria, los alimentos existen, solo que toca a usted encontrarlos y costearlos.

A no ser en las tiendas que venden mercancía por moneda libremente convertible y donde se agrupan simples compradores y revendedores, en el resto de los establecimientos comerciales no es posible encontrar alimentos de ningún tipo. El pollo y el picadillo llegan normados a través de la libreta de abastecimiento, así como las salchichas en las más de las veces; mientras que las famosas croquetas que a más de uno han enviado al hospital por explotar durante su cocinado, suelen encontrarse a veces en puntos comerciales de baja calidad.

El huevo, por otro lado, llega mensualmente normado también por núcleos familiares a través de las bodegas y la carnicería. Solo por mencionar el caso de un mes reciente, en noviembre, distribuyeron dos por persona en la provincia de Artemisa. En caso de que alguien necesite más tendrá que ir a perseguirlos al mercado paralelo. Y cruzar los dedos para no hallarlos en precios astronómicos.

El gobierno cubano estableció en 2020 las famosas tiendas por moneda libremente convertible como parte del reordenamiento que dirigía Marino Murillo y que llegó a descarriar aún más la ya desmejorada situación económica.

Esa nueva modalidad de comercio nacía con la promesa de ofertar una réplica exacta de lo que se vendía en las tiendas y mercados por moneda nacional, pero hasta ahora no ha sido así. Dos años después, con los precios por las nubes, el plato del cubano de a pie se muestra cada vez más vacío e insuficiente.  

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