Casa Vieja: transmitida en televisión después de censurada

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Finalmente, la TV Cubana transmitió Casa vieja (Lester Hamlet, 2010), con la misma ausencia de explicaciones que la vetó la pasada semana, el Día de la Cultura Nacional. 

Por ahora no se sabrá si la censura repentina a Casa Vieja fue por la inclusión del actor Alberto Pujols en el elenco, maldito por las autoridades cubanas luego que interpretara una versión de Miguel Díaz-Canel en la serie web El sucesor.

A lo mejor fue por la música de Carlos Varela, quien no se ha quedado callado ante la tensa situación política que se vive en la isla. O quizás por la muerte del padre autoritario de la familia, que tiene un cuarto lleno de jaulas.

Eso sí: definitivamente no fue por la inserción del dúo oficialista Buena Fe en la banda sonora. Solo ellos saben y no nos harán saber. No se ha filtrado nada de los pasillos del antiguo ICRT.

Casa vieja es una película llena de mensajes más claros que simbólicos u ocultos. La familia se convierte en equivalente de la sociedad cubana. El pueblo donde residen es un modelo a escala del país.

El fallecimiento del padre en la obra Casa Vieja, desarticula la “unidad” familiar que mantenía entre sus dos hijos (Daysi Quintana y Alberto Pujols), esposa (Adria Santana) y hermano (Manuel Porto). Al desaparecer y no legar su poder a sus descendientes, todos quedan con una sensación de desamparo, como si las sillas sobre las que se sientan desaparecieran sorpresivamente.

No hay continuidad pues no se preocupó por eso, quizás temeroso de que los hijos se rebelaran antes de tiempo y lo expulsaran con todas sus jaulas. Los pájaros serían libres pues serían conscientes de serlo.

Uno de sus descendientes, Esteban (Yadier Fernández) emigró, como sucede en un alto por ciento de familias cubanas. Es homosexual, y fue rechazado por sus padres, sus hermanos y el pueblo natal. La huida fue su única salida. Pero su escape está muy lejos de ser una maldición, como el discurso oficial se empeña aun en demostrar.

Abandonar el país no tiene que significar vivir una vida de tristeza, fracaso y arrepentimiento por haber emigrado. Esteban es un profesional realizado, próspero, con una pareja estable, que ha venido a presentar el último respeto por su padre, o tal vez con la curiosidad de ver qué ha sucedido con su mundo cubano. Con el interés de ver lo que hay el día después de la muerte del padre. Yo también sentí mucha curiosidad por ver cómo amanecía Cuba el día siguiente de la muerte de Fidel Castro. Quizás algunos pensaron que el Sol no saldría de tristeza.

Esteban solo regresa para confirmar que su decisión fue la correcta, que hay que dejar a tras lo que no quiere seguir hacia adelante, dominados por el “miedo a romper las reglas y quedarnos sin nada”, como le dice uno de sus parientes. “Y qué importa que nos quedemos sin nada, si lo que tenemos no sirve”, sentencia a continuación. Todos se sienten aun dominados por el fantasma del padre, y creen que “los muertos vuelvan siempre para cuidar las cosas que más quieren”.

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