Sazón irlandesa en el ajiaco cubano, a propósito de San Patricio

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Quizás nuestra cerveza no sea muy buena, y ciertamente no hemos navegado con suerte, pero los cubanos también tenemos argumentos para este 17 de marzo celebrar el Día de San Patricio: si la tradición universal en tan irlandesa fecha es vestirse de verde y armar grandes desfiles, no se me ocurre nadie mejor que nosotros, que la mayoría hemos pasado “el Verde” (servicio militar), y ni hablemos de desfiles, marchas y movilizaciones…

Broma aparte, la conmemoración del santo patrón de Irlanda se antoja un buen pretexto para hablar de la presencia de esa cultura en Cuba. Cuando recordamos que la nacionalidad cubana es un ajiaco de culturas, suele pesar mucho la ascendencia ibérica, la africana y la asiática, pero a veces se olvida, por minoritarias, la presencia de otras culturas, como la irlandesa.

Cierto que en Cuba florece el romerillo y no el “shamrock” celta, el peculiar trébol de connotaciones mágicas al que se le atribuye la buena fortuna, pero en la historia nacional no faltan figuras representativas de Irlanda, y viceversa. De hecho, el político independentista Éamon de Varela, quien presidió Irlanda de 1959 a 1973, y redactó la constitución de ese país, fue hijo del escultor cubano Juan Vivión de Valera.

A su vez, Julio Antonio Mella era hijo de una irlandesa y su nombre real era Nicanor MacPartland: quizás de la sangre materna le vino la predisposición a la bronca, igual que a Antonio Guiteras Holmes, a quien su biógrafo Paco Ignacio Taibo II describió como “un hombre guapo”, y no precisamente por bien parecido.

De la llamada “Tierra de Éire” (Ireland) llegó a la isla una abundante migración que no dejó muchas tradiciones, pero sí abundante descendencia. Según investigaciones, muchos irlandeses comenzaron de cero en Cuba, y se asentaron en regiones de la actual Artemisa, La Habana, Matanzas, Cienfuegos, Camagüey, Santiago de Cuba y algunos lugares de Villa Clara.

Quizás los irlandeses más relevantes en Cuba fueron los O’Farrill, quienes impulsaron el auge económico de la entonces colonia, así como el tráfico de esclavos africanos, la verdad sea dicha. También destacó el conde Alejandro O’Reilly, con una carrera meritoria en lo militar y un papel precursor en la creación de las milicias para defender La Habana. El compositor Ignacio Cervantes tuvo raíces irlandesas, así como el poeta Bonifacio Byrne, aquel de “si desecha en menudos pedazos…”

Si seguimos desentrañando el ovillo de la genealogía, encontramos algunos apellidos irlandeses que se hicieron famosos en Cuba: el ya fallecido pelotero Alejo O`Reilly; el legendario trompetista Chico O`Farrill y su hijo Arturo, ganador de múltiples premios Grammy; la dos veces campeona olímpica de voleibol Raisa O`Farrill, una de las espectaculares Morenas del Caribe; y no por ser ficticio menos cubano, el personaje Nicannor O`Donnell, creado por Eduardo del Llano e interpretado en varios cortos por Luis Alberto García.

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