Rocha e injerencia en elecciones, ponen el camino muy difícil para que Biden relaje sanciones a Cuba

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Recientes descubrimientos hechos sobre la labor de espionaje del ex diplomático estadounidense Manuel Rocha a favor del régimen de Cuba, y los intentos de este para influir en las elecciones del estado de la Florida en 2022, presentan un desafío significativo para la administración Biden en su enfoque hacia Cuba, y sobre todo para la imagen de víctima que el país caribeño exhibe al mundo durante años.

Ningún medio cubano oficialista ha hecho alusión al asunto pero, Manuel Rocha, exembajador de EE.UU. en Bolivia, ha sido acusado de actuar como agente encubierto para el gobierno cubano. Un descubrimiento que revela no solo un grave problema de seguridad nacional, sino también evidencia de una operación de espionaje sofisticada y de largo alcance por parte de Cuba, que constantemente se queja y acusa al gobierno de los EE.UU.

Tengamos en cuenta que, entre los dos países, es Cuba quien lleva la voz cantante en esto del espionaje, con 5 espías enjuiciados en EE.UU. y hallados culpables, devueltos a la isla en una fecha tan reciente como el 2016. Y ahora Rocha.

Interferencia en Elecciones de Florida

Si lo de Rocha ya de por sí incriminaba a la isla en su actitud belicosa hacia los EE.UU., el descubrimiento reciente de que el régimen de la isla intentó influir en las elecciones de mitad de período de 2022, le complica aún más a La Habana su carrera hacia la reconciliación entre ambos países, tal y como aspiraba de salir Biden electo.

Cuba, que hasta ha estado «pinchando» a los gobiernos de México y Brasil – entre otros – para que le pidan a Biden que levante sus sanciones a la isla, ha recibido estos dos descubrimientos en el peor momento de su historia; con el anuncio de una economía en ruinas, un PIB contraído un 2%, y la necesidad de aplicar terapias de choques neoliberales para el 2024, con el objetivo – prometido, eso sí – de poder acotejar su economía.

La injerencia demostrada ya por lo menos provocó que los legisladores de Florida le estén ya exigiendo a la administración Biden que condene públicamente al gobierno cubano por esta acción, descubierta gracias a la labor de la comunidad de inteligencia estadounidense.

Así lo señala el diario Miami Herald, que cita el informe publicado por la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, en el que se señala que «funcionarios cubanos trabajaron para construir relaciones con miembros de los medios estadounidenses que simpatizaban con La Habana, y que una red de cuentas de redes sociales probablemente vinculadas a la inteligencia cubana ‘amplificó el contenido despectivo’ sobre las relaciones con Estados Unidos.»

La evaluación tampoco no especifica cuán efectiva fue la campaña de influencia de La Habana en las elecciones de Florida, pero las reacciones de rechazo son evidentes, y suma varios pesos pesados dentro de la política estadounidense hacia Cuba, como son los casos del senador Marco Rubio, la representante María Elvira Salazar, y sus colegas Carlos Giménez y Mario Díaz-Balart.

Este evento, al que sumaríamos la detención de Rocha, podrían endurecer la postura de la administración Biden hacia Cuba, complicando cualquier intento de relajar las medidas de embargo y otras restricciones impuestas por EE.UU., pues refuerzan la percepción de Cuba como un actor que desafía la seguridad y los intereses políticos de EE.UU.

Añadan además, por favor, el descubrimiento de una base de espionaje china en La Habana, y la compra al gobierno de Bielorrusia de cohetes militares con un alcance logístico de 300 kilómetros, suficientes para barrer desde La Habana a West Palm Beach.

Ahora, la administración Biden tendrá que equilibrar la necesidad de abordar las preocupaciones de seguridad nacional con el deseo de mejorar las relaciones con Cuba. Esto podría incluir un enfoque más cauteloso y condicional hacia cualquier negociación o relajación de las sanciones; y probablemente estos eventos influirán en el debate político interno en EE.UU., especialmente con respecto a la política exterior y la seguridad nacional. Estos factores, combinados, hacen que sea más difícil para la administración Biden adoptar una postura más conciliatoria hacia Cuba en el corto plazo.

La única carta que pudiera jugar La Habana sería la liberación de más de mil presos políticos que tiene en sus cárceles.

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