Médico y taxista: la dura realidad de muchos galenos en Cuba

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Por estos días en que la polémica ha envuelto la sentencia a seis médicos cubanos por presunta negligencia hay una imagen que remueve a los cubanos cada vez que salen a “fajarse” con el transporte ya sea público o privado. Da lo mismo la hora del día pero ya es habitual montarse en un taxi y encontrar a las espaldas del asiento del chofer una bata de médico.

La pregunta es inevitable cuando montamos en el vehículo: ¿Es usted doctor? El chofer asiente con la cabeza sin el menor atisbo de vergüenza.

“Acabo de salir de la guardia hago esto porque tengo que dar de comer a mis hijos”, dice el médico que trabaja en un hospital pediátrico.

Otro  doctor que se dirigía en su carro desde Santiago de las Vegas hacia el Parque de La Fraternidad  afirmó que acaba de pedir la baja y se dedica “botear”  con el propósito de reunir para irse del país junto a su novia.

La imagen es desoladora. Médicos  jóvenes, médicos veteranos, médicos de cualquier edad que después de largas jornadas de trabajo sin la correcta alimentación ni insumos, ni medicamentos para recetar tienen que convertirse en choferes para subsistir en medio de la Cuba de la crisis.

Cualquier  capitalino posiblemente ha podido ser testigo de hechos semejantes, hechos que por habituales no podemos naturalizar. Bajo ninguna excusa un médico y mucho menos un especialista debería estar sometido a las exigencias que conlleva  ser chofer después de su trabajo o tener que dejar su profesión porque el gobierno no la retribuye como es debido. 

Esas mismas manos que hoy están al timón pueden ser las responsables mañana de salvar nuestras vidas o de las de nuestras familias. Digamos, por ejemplo,  un cirujano no puede desviar su atención hacia otras búsquedas diarias para sobrevivir cuando debe estar enfocado completamente en el cuidado, el tratamiento o la vida de una persona.

El escándalo que ha suscitado la sentencia de los médicos de Bayamo ha sacado a la luz un escenario que el gobierno cubano siempre ha querido colocar bajo la alfombra: la precariedad en que trabaja la mayoría de los galenos en el país. Decimos la mayoría porque bien se sabe que existen otros hospitales como el Cimex destinados a la élite de poder en Cuba y donde hay muchos más recursos para la atención que en el resto de la depauperada atención sanitaria en la isla.

A los médicos en Bayamo se le piden de 3 a 4 años de prisión de acuerdo a las informaciones sobre el juicio cuya sentencia definitiva se dará en unos 15 días.

No hay que ser avezado en la materia para afirmar que serán exonerados de cargos debido a la campaña en redes sociales a su favor y especialmente a las críticas de muchos médicos cubanos al proceso judicial contra sus colegas. Lo menos que puede permitirse el gobierno en medio de la crisis sin fin es que los profesionales de la salud alcen su voz porque nadie puede controlar hasta dónde llegará ese eco.

Mientras, muchos médicos cubanos siguen “boteando “ en la isla para poner un plato a la mesa o reunir un   poco de dinero para largarse. Aunque ya se conoce el entorno de la precariedad, la  imagen de la bata colgada detrás del asiento no deja de promover, por dentro, un profundo estremecimiento.

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