Laura de la Uz y el bailarín Carlos Acosta dedican emotivos mensajes de despedida a Ramona de Saá

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En el universo del ballet cubano, donde las estrellas brillan con luz propia, la muerte de Ramona de Saá ha dejado un vacío que resuena a través de los pasillos de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. La noticia de su fallecimiento, a los 84 años, ha conmovido profundamente a la comunidad artística y a aquellos que, como la actriz Laura de la Uz y el bailarín Carlos Acosta, tuvieron el privilegio de conocerla de cerca.

Laura de la Uz, conocida por su papel en la película «Yuli» que narra la vida del bailarín Carlos Acosta, uno de los discípulos más destacados de Ramona, ha compartido en su cuenta de Instagram un mensaje que destila emotividad y agradecimiento profundo hacia la maestra.

«Ha partido Chery y con ella una de las tres piezas imprescindibles de la Escuela Nacional de Ballet de Cuba. La danza está de luto. 🖤 Tuve el privilegio de conocerla, gracias a ‘Yuli’, la película de Iciar Bollaín», escribió Laura.

A través de su mensaje, Laura describe con detalle su experiencia al lado de Ramona, caminando juntas por los pasillos de la institución que fue el refugio y hogar de la maestra durante toda su vida. “Vi con mis propios ojos su entrega, su amor y su liderazgo», relata Laura, evocando la imagen de una mujer pequeña y ágil, con ojos azules y gestos tan expresivos como los de una danza, a la que ella encarnó con su personaje.

La relación entre ambas mujeres fue más allá de lo profesional, tejiendo lazos de afecto y cariño genuino. Ramona acogió a Laura con una ternura que trascendía las barreras usuales entre maestra y admiradora, haciéndola sentir parte de su vida íntima.

“Fue generosa al contarme su vida sin reparos, al recibirme en su casa como alguien muy cercano, así me hizo sentir, cercana, querida”, confiesa Laura en su publicación.

El momento culminante de su relación ocurrió durante el estreno de «Yuli» en La Habana, donde Ramona fue homenajeada con una ovación prolongada por parte del público que llenaba el teatro Karl Marx.

“Estaba feliz y me dejó saber que le había gustado mucho mi trabajo», recuerda Laura. Las visitas y conversaciones que siguieron reforzaron aún más el vínculo entre ambas, aunque, como admite Laura, siempre quedará algo más que una simple visita pendiente.

En su despedida, Laura no solo recuerda a Ramona por su excepcional contribución al ballet, sino por su capacidad para sembrar valores, bondad y esperanza en la vida de quienes la rodeaban. «Hoy me duele su partida, como duele la partida de las personas que siembran la vida de tantas personas con valores, con bondad», expresa emocionada.

También el bailarín cubano Carlos Acosta le dedicó unas sentidas palabras a la venerable maestra. En una publicación que hizo en su cuenta de Instagram, Acosta adjuntó una foto de él con Chery y expresó:

«Ramona de Saá siempre vivirá en nuestros corazones como resultado de su increíble y significativa contribución al mundo de la danza cubana a lo largo de su larga e ilustre carrera, de la que tantos bailarines cubanos (incluyéndome a mí) hemos tenido el privilegio de beneficiarnos. Nunca te olvidaremos Chery. Descansa en paz».

El legado de Ramona de Saá, según los tributos de sus colegas y discípulos, trasciende lo artístico; su vida fue un ejemplo de entrega, fortaleza moral y ética, sencillez y altruismo.

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