Cubanos narran «historia de terror» en frontera de Bielorrusia

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De la mano del periodista Vladimir Rozanskij, el portal Asia News recoge «la historia de terror de dos migrantes cubanos en la frontera con Bielorrusia.» Es una de las tantas historias de cubanos emigrados, esparcidos por el mundo; a menudo estafados, confiados en vanas, falsas promesas que los llevan incluso a países como Jamaica y Emiratos Arabes.

Ayer, precisamente ayer, conocía este redactor de un grupo de cubanos varados en Dubai, luego de que un estafador les prometiera a cambio de una suma considerable de dinero, hacerles pasar a Europa, sabe Dios por qué vía.

Revela Vladimir Rozanskij en su nota que estos dos cubanos «querían llegar a España para escapar de la pobreza,» pero – dice – «están atrapados en Bielorrusia.»

El calificativo de «terror» no es gratuito. Los migrantes cubanos contaron al periodista que, luego de haber entrado en territorio polaco, fueron devueltos a territorio de Bielorrusia donde, una vez allí «los guardias bielorrusos los encerraron en una prisión y los torturaron.»

«Ahora deambulan por la capital, Minsk,» señala Asia Times.

Los migrantes cubanos estuviern antes en el puesto fronterizo de Bruzgakh, en Bielorrusia.

La historia, con algunos pequeños detalles, la había dado a conocer ya el portal de BBC.

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Es la historia de Daniel y Adrián – nombres ficticios – quienes llegaron a Moscú, Rusia, gracias a la exención de visado que el gobierno de Putin ofrece a los cubanos.

Ni Adrían ni Daniel saben qué les deparará el futuro. Temen incluso que sean deportados a La Habana.

Se bañaron, dice Rozanskij, por primera vez, tras muchos días, «cuando fueron llevados de regreso a Minsk desde el campo de prisioneros fronterizos,» donde compartieron prisión con yemeníes, sirios, iraquíes y afganos.

Se alojaron en un apartamento, una noche. Allí fueron contactados por los periodistas.

Daniel

Daniel trabajaba como conductor en la provincia cubana de Matanzas; un trabajo que, sin embargo, no le servía de mucho.

Al respecto dice este:

«En Cuba, todos los precios dependen del tipo de cambio del dólar. Los salarios no eran suficientes incluso antes, pero luego la situación se ha vuelto insostenible, mucha gente busca ingresos ilegales, pero todo esto lleva al hambre”.

Fue en Moscú donde Daniel conoció a Adrian. Fue este quien le habló del viaje a Polonia a través de la frontera de Bielorrusia. Fue Adrián quien le dijo que el tránsito por Polonia era «fácil» a Alemania. Alemania ya es comunidad europea. De Alemania a España nadie te para en el camino.

Este redactor no hizo ese viaje. Pero viajó de Alemani a Bélgica, en un auto. La única vez que me detuve fue en Holanda, para echar combustible al vehículo.

Adrián y Daniel no tenían siquiera un coche. Le pagaron a alguien. Este alguien pertenecía a una banda. «Una banda criminal cubana que pedía miles de dólares para que los llevaran en un automóvil a la frontera occidental de Bielorrusia,» explica Rozanskij.

Sí, Daniel y Adrián fueron estafados por otros cubanos.

Un frecuente colaborador de Cuballama Noticias, E.T.M, residente en Moscú, asegura que estas bandas operan incluso como una verdadera mafia.

«Aquí los han intentado denunciar, pero es peor. Te amenazan no solo a ti, sino también a tu familia. Lo que cumplen lo hacen. Lo mejor es que, si resultas estafados por ellos, quedarte quieto,» explica E.T.M, quien declina dar su nombre de manera pública para «evitar represalias»

«Nunca había visto tal cosa. Migrantes estafando a migrantes de su propio país. Si existe algo más bajo, que alguien me lo cuente, a ver si lo creo,» explica.

Daniel y Adrián aseguran haber demorado «casi un mes», en cubrir el trayecto entre Moscú y la frontera con Polonia. Los autos cambiaban cada 100 kilómetros. El sueño comenzó a ser pesadilla cuando, un día, el conductor bielorruso que los llevó hasta la frontera con Polonia frenó su auto de manera repentina, abrió la puerta, les señaló hacia un lugar, una cerca, y les dijo: «Corran».

El resto de la historia narrada ahora, forma parte de lo que ya se conoce. Caminaron por la oscuridad; durmieron a la intemperie bajo frías temperaturas. Tuvieron que abrazarse durante la noche para no sentir frío. Al final, fueron sorprendidos por guardias polacos y devueltos a Bielorrusia. Habían perdido todo el dinero que pagaron por un sueño.

«En Moscú les dijeron que bastaba con tomar cualquier autobús a Varsovia y luego llegar a Alemania,» explica Rozanskij. Pero la policía polaca los encontró primero y los envió de regreso a Bielorrusia.»

Comenzaría así, la segunda parte de esta «historia de terror» vivida y narrada ahora por los cubanos.

La policía bielorrusa los llevó a un campo de prisioneros fronterizos y luego de regreso a Minsk, no sin antes propinarles una golpiza.

Los amenazaron con armas, los encerraron en una camioneta. Después, los arrojaron en una calle de la capital bielorrusa, «donde la odisea tendrá que encontrar un nuevo comienzo,» señala Rozanskij, al final de su artículo.

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