Algarroba, el nuevo invento cubano para “embarajar” el hambre 

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Algún día se escribirá el libro de las mil y una variantes para la nutrición cotidiana de los cubanos, y ninguna ha logrado hacernos renegar de un bistec como Dios manda, ni siquiera aquellas con probadas cualidades, de esas codiciadas en el resto del mundo como “superalimentos”. Primero vino la fiebre del noni, luego llegó la moringa de inevitable rima, y ahora ha llegado, del Mediterráneo a Camagüey, la vaina del algarrobo…

En efecto, un reciente reporte del Canal Caribe resaltó las creaciones del campesino camagüeyano Jesús Placencia a partir de la algarroba, el fruto del también llamado “árbol del pan”: turrones, cremas, helados, siropes, vinos, licores, mojito, vinagre, harina, sazón en polvo, pienso y té son parte del catálogo de productos desarrollados por este emprendedor en su mini-industria, y cuyas bondades no duda en resaltar.

“Es un producto que está catalogado como un superalimento. Se está haciendo en muchas partes del mundo este producto. Y hace falta que se divulgue la producción de este producto para que sea un alimento más a incorporar, ya que la salud humana se ha ido por caminos de alimentación inadecuada, y sería bueno retomar el camino de alimentación de nuestros ancestros”, declaró Placencia a la televisión estatal.

Según el productor, en su finca ha desarrollado 36 productos con algarroba, entre cuyas virtudes señala que “regenera la memoria, estimula los vasos sanguíneos, elimina el colesterol, sirve para reconstituir el pelo, las uñas, la piel”. En fin, la octava maravilla… ¿Qué tan así es esto?

El algarrobo (Ceratonia siliqua) -también conocido como garrofero o garrover, entre otros localismos- pertenece a la familia de las leguminosas, y su fruto se parece mucho a una vaina de alubias o habichuelas, pero con diferencias significativas.  De entrada, es muy resistente a la sequía y los suelos áridos, y necesitan muy poca agua para crecer y dar su versátil fruto.  

Ya en la Antigüedad la algarroba se empleaba como alimento animal, o como alternativa para los humanos en tiempos de hambre extrema. En los últimos tiempos se ha puesto de moda, sobre todo porque se convirtió en un sucedáneo socorrido para el azúcar, el café, la harina o el cacao. De hecho, la bebida de garrofa y el falso chocolate todavía son recordados en España como un sabor olvidado de la post-guerra.

Con harina de algarroba o algarroba en polvo se pueden elaborar productos de panadería con o sin gluten, galletas, bizcochos y postres cremosos o de cuchara, normalmente en recetas veganas para sustituir al huevo y los lácteos, por ejemplo, en versiones de natillas. También se puede consumir directamente disuelta en agua, leche o alternativas vegetales. Su sabor es agradable, porque es dulce, pero tampoco es que sepa a chocolate.

Ahora, de ahí a considerarla un “superalimento”, hay un trecho… Si bien se supone que tiene múltiples nutrientes (polifenoles, minerales, fibra o ciclitoles), eso no significa que su consumo suponga de forma automática beneficios para la salud. Ayuda, pero no hace milagros. Aunque a falta de pan…

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