¿Hasta cuándo seguirá escondida la edición cubana de la autobiografía de Carlos Acosta?

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La edición cubana de Sin mirar atrás, autobiografía del bailarín y coreógrafo cubano Carlos Acosta pudo haber hecho historia entre los lectores cubanos, los apasionados de la danza y los numerosos seguidores que tiene esta figura del ballet cubano. Más aun que la película Yuli (Iciar Bollaín, 2018), estrenada en el país hace pocos años, que fuera la delicia de todos estos públicos admiradores de Acosta. Pero eso habría que verlo, compay, como decía Elpidio Valdés. Pues este libro de elegante cubierta azul, bajo el sello de la editorial oficialista Arte y Literatura, fue frenado muy poco antes que llegara a las liberías del país.

Lo sucedido es casi una leyenda, puros rumores, revelaciones de fuentes que piden permanecer anónimas. Carlos Acosta, el mataperro de Los Pinos que reinó en el Royal Ballet de Londres, llegaba al país desde Europa exclusivamente para presentar el título al pueblo que nunca ha dejado de querer. Se habla del entonces ministro de cultura Julián González —hermano del humorista Eleuterio González, Telo— corriendo para el aeropuerto para atajar al bailarín, y comunicarle que su libro ya no se vendería a los lectores de Cuba. Todos los planes de promoción estaban cancelados, y por supuesto, para los medios de comunicación estatales, todo sería como un sueño olvidado.

Se habla de una llamada muy molesta de Pedro Simón, esposo de Alicia Alonso, aun viva entonces, al Presidente del Instituto Cubano del Libro, o a otro funcionario con un poco de responsabilidad y nada de decisión. Esta llamada era para vetar en nombre de la Prima Ballerina Assoluta, tan absoluta como Fidel Castro. El nombre de Alicia debe haberle dado tanto miedo al burócrata como si del mismo Fidel se tratara. Ella era su representante indiscutible. Protegida y preferida.

Todo esto pudo haber pasado o no. Yo iba en un auto de alquiler por las calles de La Habana cuando un amigo me llamó para comentármelo en voz baja, con miedo. Lo esperábamos en casa para adquirirlo, reseñarlo y leerlo. De inmediato, casi sin saldo en mi teléfono Samsung falsificado, mandé un sms a otro amigo que tenía acceso a los almacenes del instituto del libro. Él todavía no sabía de la cancelación del libro de Carlos Acosta. Tan repentina había sido.

Agarra los que puedas, le escribí, que se van a perder. O los queman o los ponen a dormir el sueño eterno bajo el polvo, cogiendo trazas, poniéndoseles amarillas las páginas hasta desaparecer las vivencias del bailarín y sus primeros años en la escuela cubana de ballet, con su profesora Ramona de Saá. Todo lo que se expone en la película, pero con mucho más detalle y corazón. Y mucho más, el racismo del que fue víctima por parte de una Alicia Alonso que nunca quiso negros en su compañía. Como se ve en la película, Ramona es la que lo anima a irse de una Cuba sumida en el perídodo mal llamado especial de los noventa. Aquí no tienes futuro.

El paradero de los miles de ejemplares del libro de Carlos Acosta, apilados en parles —como los vio mi amigo—, es deconocido. Quizás estén donde se les almacenó por primera vez, y quizás sueñen con ser hojeados, leídos y disfrutado por lectores desconocidos. Quizás este sueño se les convierta en una pesadilla de olvido y pudrición. Otro misterio, otro silencio de tantos que Cuba guarda. A veces hasta dudo que haya sucedido y esto, y corro a buscar el preciado ejemplar robado que tenemos en casa, para comprobar que no estaba soñando.

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