Controversial texto sobre el futuro de Cuba aparece en la prensa oficialista

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En el corazón de una sociedad que se debate entre la tradición y la modernidad, los comentarios de una publicación reflejan una realidad palpable sobre el futuro de los profesionales en Cuba. Todo a raíz de la aparición de un texto publicado hace ya unos días en el diario oficialista Invasor.

La conversación digital, marcada por la preocupación, el desencanto y la crítica, se han convertido en un espejo de las complejidades que enfrenta el sistema educativo y profesional en la isla con personas que, mediante sus respuestas, encapsulan el sentir general de una generación que observa cómo sus esperanzas y aspiraciones chocan contra un muro de realidades económicas y sociales.

Algunos maestros, ofrecieron un testimonio directo de la deserción académica, señalando cómo sus clases se han reducido a la mitad desde el primer año, un fenómeno que no solo evidencia la fuga de talentos sino también el desinterés creciente por la formación tradicional.

Otros prefierieron hablar de realidades, como uno que expuso la historia de una joven doctora con dos especialidades que decidió abandonar su carrera de medicina para ponerse a pintar uñas.

Esta historia es quizás uno de los ejemplos más elocuentes de este desencanto profesional. Una anécdota que no solo habla de la crisis del sistema educativo y profesional, sino también de un cambio en la percepción del éxito y la realización personal, donde la búsqueda de la felicidad y la satisfacción inmediata prevalecen sobre las convenciones establecidas.

Otros, abordaron el tema de las ideologías y las políticas gubernamentales, utilizando un lenguaje coloquial y directo para expresar su descontento y escepticismo hacia las figuras y discursos oficiales. Este diálogo, de modo general, refleja una profunda desilusión con el sistema y sus promesas, donde incluso la educación, vista tradicionalmente como un vehículo de movilidad social y desarrollo personal, es cuestionada.

Otros, tocaron el tema de la economía y el impacto de las remesas, señalando cómo la situación económica ha obligado a las familias a sostenerse en un ciclo de dependencia y sacrificio. La mención de «robo a mano armada por más de 60 años» subraya una percepción de explotación y desamparo que trasciende a generaciones de cubanos.

Otros, además, hablaron de la universalidad del problema, recordando que la crisis de vocación y profesionalización no es exclusiva de Cuba.

Sin embargo, es la particularidad de la experiencia cubana, marcada por décadas de promesas incumplidas y un sistema que parece cada vez más desconectado de las necesidades y aspiraciones de su gente, lo que sobresale en la conversación sobre el texto aparecido en el diario oficialista y que movió reflexiones muy dispares. Entre ellas la de un marxista chileno radicado en Cuba, quien recientemente viajó a Miami y luego apareció de vuelta en Cuba vendiendo pollo, quien propuso en otro perfil de facebook donde se compartió el texto que el Estado Cubano debería comenzar a cobrar las carreras universitarias a aquellos que, una vez graduados, deciden irse del país.

De modo general las reflexiones más sinceras, culminan con una reflexión sobre el deterioro de la calidad educativa, la falta de recursos y la creciente desmotivación entre estudiantes y profesionales.

Este panorama, descrito por los participantes de la conversación, no solo anticipa un futuro incierto para los profesionales de mañana, sino que también plantea interrogantes sobre el tejido social y económico de Cuba. La pregunta que queda flotando en el aire, implícita en cada comentario y crítica, es: ¿cómo se reconstruye un sistema que parece haber perdido su camino, y cuál será el costo para las generaciones futuras?

Todo esto surgió a partir de la publicación del artículo «¿Quiénes serán los profesionales mañana?» publicado en el periódico Invasor, que aborda una problemática contemporánea en la sociedad cubana respecto a la orientación vocacional y las decisiones profesionales de los jóvenes.

A través de la historia de Marcos, un joven que decide cambiar su aspiración de ser médico por la de convertirse en auxiliar de elaboración de alimentos, el texto refleja una tendencia preocupante: la elección de carreras técnicas o empleos en el sector privado que prometen ingresos inmediatos sobre la educación universitaria y las profesiones tradicionales.

Este cambio de rumbo no se basa en una vocación genuina, sino en la percepción de que ciertas ocupaciones ofrecen mejores retribuciones económicas a corto plazo. Un fenómeno sintomático de una distorsión en la pirámide social, donde la valoración de las profesiones y el concepto de «vivir bien» se han visto alterados por las dinámicas económicas actuales.

El artículo destaca que, aunque aproximadamente el 43% de los estudiantes de secundaria optan por la educación preuniversitaria, muchos abandonan sus estudios por diversas razones, incluida la emigración o la transición a la enseñanza técnico-profesional.

Datos proporcionados por Vivian González Rodríguez, subdirectora general de Educación Preuniversitaria, indican que solo el 84% de los estudiantes que ingresaron a los preuniversitarios se graduaron tres años después, y en la enseñanza superior, la cifra de graduados es aún más baja, con solo el 49% de los matriculados completando sus estudios.

Este escenario está marcado no solo por las actuales dinámicas migratorias, sino también por una inclinación hacia el trabajo en el sector privado, donde se perciben mejores salarios, en detrimento de la formación académica. La incertidumbre sobre las oportunidades laborales y la realización profesional post-estudios agudiza esta tendencia.

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