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Sin refrigerador y sin sus 676 dólares

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Cubana se queja por refrigerador roto y 676 dólares que le costó.
Foto: Cortesía para Cuballama

Otro triste caso de desprotección al consumidor en Cuba, el de Juana Reyes Torres

La historia de Juana Reyes Torres, residente en Avenida 3ra., entre 7 y 8, reparto Caimary, en Manzanillo, provincia de Granma, es una de esas historias comunes en Cuba que durante años y años suceden, vuelven a suceder, y siguen sucediendo, sin que el gobierno de la isla encuentre un modo eficaz de proteger al consumidor. Grosso modo… esta mujer compró un refrigerador en 676 dólares, que a las 12 horas de conectado a la corriente dejó de enfriar.

Lo que en un país normal hubiese sido “otro nuevo y dale”, en el Macondo cubano se convirtió en un calvario para Juana. Por este mismo problema de equipos comprados -equipos rotos- han pasado miles de cubanos. Algunos han encontrado solución, con un oído empático ante el problema; otros han tenido que dar tángana para resolver.

¡Que le pregunten al compositor cubano Osmani Espinosa si no es así! Osmani, por suerte, tras publicar en Facebook su situación y viralizarse el contenido, pudo reponer una olla eléctrica que había comprado, pero Juana aún no tiene refrigerador; aún no ha recibido sus 676 dólares.

Sin refrigerador y sin money, porque son 676 dólares

Todo comenzó el pasado 6 de marzo de acuerdo con lo narrado en el diario oficialista Juventud Rebelde, cuando Juana acudió a la tienda Los Dos Leones, en la ciudad de Manzanillo, para comprar un refrigerador marca Mabe, que le costó 676  dólares.

Ya a las doce horas el refrigerador no congelaba, y los 676 dólares ya estaban pasados por caja y posiblemente depositados en el banco, pero Juana seguía sin poder tomar agua fría.

Reportó la rotura del equipo el día 9 en el taller, según indicaba la garantía. El técnico fue a su casa dos días después. Revisó el refrigerador, lo volvió a conectar, y le pidió a Juana que le echara un ojo.

Al día siguiente el refrigerador seguía igual, y los 676 dólares estaban probablemente en una cuenta en Panamá, destinada a comprar más refrigeradores en 300 dólares para venderlos en Cuba al doble de su precio, cuando Juana se decidió a ir nuevamente al taller.

Allí el técnico les dijo que el equipo “ya estaba reportado dentro de los primeros siete días”; que “no dependía de ellos”, y que era “la provincia” la que debía responder por ese caso.

Juana, muy justamente se pregunta: “Si ese equipo está reportado dentro de los primeros siete días, ¿por qué la tienda no asumió su devolución?”

Así hubiese sido, repito, en un país “normal”.

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Pero como la isla de Cuba no es un país “normal”, es que sucede lo que le sucedió a Juana.

Tres días después de su última visita al taller de Manzanillo, vinieron los técnicos del municipio cabecera (Bayamo). Le comunicaron a Juana que había que gasificar el refrigerador. “No lo mueva, nosotros regresaremos”.

Regresaron cinco días después para decirle que no tenían gas para echarle al refrigerador, y ahí fue cuando a Juana se le agotó la paciencia y les dijo que no quería ese refrigerador, sino sus 676 dólares.

Tras exigir la firma de un documento, los técnicos le garantizaron que apenas llegara el papel a la tienda con el dictamen del refrigerador roto, le devolverían los 676 dólares.

“Desde entonces he hecho varias llamadas, y en dos o tres ocasiones es que he podido comunicarme con el taller. Me dicen que hay que esperar, porque lleva un proceso. Lo entiendo, pero lo que no puedo entender es por qué tanta demora. Ya son tres meses, casi cuatro esperando; y no tengo respuesta ni solución a mi problema.

“El 28 de mayo pude comunicarme con el jefe del taller. Me preguntó qué número tenía la matrícula, se lo dije, y me detalló que estaba en la lista, pero el técnico no estaba en ese momento. ¿Por qué tengo que esperar al técnico, si ya yo declaré que no quería ese equipo y estaba a la espera de la devolución de mi dinero? ¿Por qué esperar tanto tiempo para recuperar mi dinero, si en la compra lo hice con todos los procedimientos establecidos? Desgraciadamente no tengo ni el dinero ni el frío”, admite la mujer en su carta, y nadie sabe por qué suceden esas cosas.

Ariel P.

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