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Cuba

Periodista cubano recuerda “monstruosidad” de los años 90

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Un periodista cubano recuerda esta "monstruosidad", tan común en los años 90
Foto: Abordaje en Apodaca, 1990s, Juan Carlos Herrera Lorenzo.

El periodista cubano César Pérez, que actualmente reside en Estados Unidos, parece avizorar el regreso de los duros años 90, aquel que alguna vez se le llamó “Periodo Especial” y del cual se pudieran decir miles de cosas, pero una pregunta pende como gancho en la lengua: ¿Alguna vez salimos verdaderamente de él?

La foto es elocuente. Nos recuerda ese período gris en el que, para salvarnos, muchos de nosotros nos olvidamos de los buenos modales y pisoteamos -arrollamos diría yo- a todo aquel cubano o cubana que se nos puso delante con un único motivo para hacerlo: resolver.

Con mayor o menor grado de impudicia, cualquiera se coló, falsificó, sobornó, usó una influencia, para “pasar adelante y conseguir”, ya fuese un viaje de La Habana a Villa Clara, que un fin de semana en una base de campismo; único privilegio vacacional que tenía el cubano, una vez que de la noche a la mañana se nos prohibió -sin que mediara decreto alguno en papel- entrar a hospedarnos en los hoteles. A algunos, incluso, se les prohibía acercarse. Sobre todo a aquellos cubanos de la raza negra.

No lo dice César Pérez. Lo digo yo, que lo viví.

Con singular pericia el periodista cubano César Pérez recuerda, por su parte, cómo llegamos a comprar una prenda varias tallas superior a la que usábamos, o que “hayas esperado una guagua por cuatro horas y al final hayas decidido irte a pie”; o esta otra, que alguna vez cuando me la contaron en la beca de F y 3ra -creo recordar que fue Pedro de Jesús López Acosta quien lo hizo- no quise creerla: gente que vendía el nombre de los muertos en la funeraria de Calzada y K, para que pudieras decírselo al guardia, pasar dentro, y poder tomarte un buche de café. O dormir, fingiendo ser un doliente, y amanecer al otro día, temprano, y hacer la cola en la Embajada, que quedaba enfrente.

“Todas esas ridiculeces y miserias al cabo de un tiempo se te olvidan, o mejor dicho se quedan en una memoria que se vuelve impersonal”, dice el periodista cubano para recordarnos que “todo eso que viviste en Cuba se queda corto con la monstruosidad que se vive ahora y de manera inevitable te viene el pensamiento de cómo es que la gente no se tira pa la calle, tú que no te tiraste nunca”.

Ese período gris de nuestra historia, que está llena de períodos grises, parece estar de vuelta.

Una amiga me anuncia, desde La Habana, que ya no sabe qué hacer si no tiene cigarros. Dice -como dice Jorge Jr.- que lo único que ella sabe hacer es cantar para el público, y que todo está cerrado. No se puede presentar en ningún lugar, y no le da la gana -asegura- de sumarse al coro de los Israel Rojas, Adrián Berazaín, Raúl Torres, Arnaldo Rodríguez etc., y garantizar “un toque” -no precisamente de santos- en una actividad del MININT, la PNR o el PCC, y cobrar por cuatro canciones 10 mil CUP.

Afirma –como Kelvis Ochoa y Jorge Jr.- que tiene que pagar la corriente. Y que no sabría qué hacer, de no ser por un buen par de amigos, para pagar todas sus deudas.

Ariel P.

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