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Cuba

¿Qué fue de los consultorios del médico de la familia en Cuba?

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Texto y fotos: Liliana Suárez

Con una gran campaña y muchas promesas comenzó en 1984, en La Habana, el anunciado ensayo del consultorio del médico y la enfermera de la familia.

Hoy, a pesar de ser lugar al que acuden personas aquejadas de algún padecimiento, anda a medio camino de resolver los problemas comunitarios en gran medida, entre otras razones, por el éxodo de galenos hacia cualquier parte del mundo adonde puedan exportarlos.

Aunque los consultorios mantienen una atención sistemática a embarazadas, recién nacidos y escuchan y tratan de resolver, en lo posible, los males de los vecinos  sobre todo ante la falta de equipamiento tecnológico de avanzada, muchos médicos están enfocados en conseguir un puesto en las denominadas misiones internacionalistas.

La partida de estos doctores en Medicina General Integral puede ocurrir hacia lugares cercanos como Venezuela o Nicaragua, o hasta otros tan distantes como Sudáfrica.

En los últimos meses fue integrado otro grupo que el estado cubano enviaría a Brasil, para lo cual se les impartió el curso intensivo previo para desenvolverse en portugués. Aún se encuentran en desconcertante espera luego de los cambios anunciados por el nuevo gobierno del presidente Jair Bolsonaro. “Espero que antes de terminar el año nos llamen”, dijo a  Cuballama en el policlínico de 17 y H, en el Vedado,  una doctora que cubría la guardia diurna, pocos días antes de las elecciones en el país sudamericano.

Lo cierto es que tales misiones resultan tentadoras para médicos y paramédicos, a pesar de que la mayor parte del dinero pagado por muchas de las naciones va para las arcas del Ministerio de Salud Pública (MINSAP). Pero los profesionales obtienen dividendos imposibles de lograr en Cuba.

“Lo más común en mi consultorio es que cuando vaya ya no tenga el mismo médico, que es el que conoce mejor mis malestares”, le comentaba una paciente de unos 70 años a otra sentada a su lado en el policlínico Cristóbal Labra, en el municipio La Lisa “Y si está te tienes que pasar la mañana porque los demás quieren contarle sus cuentos y los del barrio a la doctora, por eso vine a la guardia para tomarme la presión”, le respondía la otra atropelladamente. “Y estoy apurada porque vino el pollo a la bodega, nos vemos luego”.

El médico de la familia en Cuba

El consultorio del médico y enfermera de la familia fue concebido, según el gobierno de la isla, para prevenir patologías que pudieran hacerse crónicas o controlar las ya existentes en la comunidad, además de la ya mencionada vigilancia a la evolución de embarazadas y recién nacidos. Al propio tiempo, como una vidriera para tratar de convencer al mundo de que Cuba es una potencia médica, y su medicina gratuita, lo que no ocurre en otros países, como pregonan los medios locales y hasta algunos extranjeros.

De acuerdo a lo establecido, a través de las consultas son evaluados pacientes con enfermedades oncológicas, VIH-Sida, hepatitis B o C, u otras que deben ser remitidos a niveles superiores de atención. Lo común es que estos procesos demoren y los cubanos tratan de buscar vías alternativas para llegar a hospitales e institutos especializados.

Pese a la tasa de mortalidad infantil de 3.9 por cada mil nacidos vivos en el primer semestre de 2018 y una expectativa promedio de vida de 78 años, en Cuba es notable la falta de medicamentos en la red de farmacias.

Es habitual hallar a los médicos de la familia, sobre todo a los más consagrados, por los barrios haciendo recorridos, en “labor de terreno” (término que emplea el MINSAP). Visitan a los enfermos impedidos de acudir a los consultorios.

Consultorio del médico de familia

Con uno de ellos, el doctor Javier Medina, Cuballama conversó: “Además de atender a los pacientes tenemos que enfrentar demasiado papeleo, lo que añade mucha burocracia a nuestras labores. Es algo que se debe atenuar, buscar otras maneras de organizar el trabajo para tener controlados a los vecinos de la comunidad con cada una de sus patologías”.

“En lo personal – explicó – yo decidí estudiar esta especialidad, la de Medicina General Integral, y hasta el momento no he pensado en cambiarla por otra. Con algunas excepciones, los pacientes llegan a nosotros porque se sienten mal y es bueno poder hacer algo por ellos, ayudarlos con sus malestares. Es cierto que faltan los medicamentos, no sabemos muchas veces qué recetar, pero por lo menos yo me esfuerzo para atenderlos y en muchos casos los remito a los de Medicina Natural Tradicional, del policlínico”.

En cuanto a la posibilidad de que le propongan viajar a algún país, el doctor Medina comentó que aunque no se esfuerza para que lo tomen en cuenta, “si me lo proponen no tengo inconvenientes en ir. Creo que mis pacientes no quedarán desatendidos, yo tendré la posibilidad de conocer otros lugares, y también el beneficio económico para ayudar a mi familia”.

Por su parte, la doctora María Julia Rodríguez, confesó que ella sí está “luchando” otra misión internacionalista. “Tengo más facilidades para conseguirla porque ya he cumplido en Venezuela y Haití. Pero ahora me interesa viajar hacia África, allá se obtienen mayores dividendos y lo necesito para reformar mi casa, quiero arreglarla a mi gusto”. Luego sonríe sin maldad: “Y de paso descanso de las consultas diarias y de las guardias en los policlínicos, cojo un respiro del trabajo en los consultorios que es agotador”.

Otra doctora, Graciela Méndez, aseguró a Cuballama que a ella no le interesa cumplir misiones aunque ya ha estado en alguna. “Yo tengo la ciudadanía española, mi hermana está en Madrid donde tengo médicos amigos que me alientan para que vaya a trabajar allá, que no tendría dificultades, pero no me interesa. Yo estoy aquí con mi hija y cuido a mi mamá que aunque tiene buena salud, ya no es tan joven. Me da satisfacción atender a mis pacientes, ellos lo merecen”.

El médico de la familia y los policlínicos

En el policlínico Joaquín Albarrán, de las calles Jovellar y Aramburu, en el municipio Centro Habana, a pocas cuadras del Hospital Clínico Quirúrgico Hermanos Amejeiras, Esther Escobedo, una joven mujer que aseguró haber permanecido 6 horas para tratar de consultarse con la reumatóloga, dijo a Cuballama que del consultorio médico la remitió su doctora a esta especialidad: “Tengo muchos dolores en las caderas, la columna, las piernas y ya no me alivian los analgésicos. Esta reumatóloga es muy difícil de ver porque la gente le cae atrás; había venido dos veces sin que me pudiera atender, pero hoy al fin lo logré y me mandó análisis y Rayos X. Piensa que estoy padeciendo fibromialgia”

Cuballama pudo comprobar lo concurrido de esta consulta y las de otras especialidades. También fuimos testigos de personas que auxiliadas por un “presente” (meriendas u otros regalos para el médico) pugnaban por pasar delante de otras que llevaban largo tiempo de espera.

El médico de la familia sugiere al policlínico pacientes que necesitan vacunarse. Alberto Hierro refiere su experiencia: “ahora mismo hay una epidemia de gripe tras otra; yo soy asmático y me deben poner la vacuna contra la gripe. Pero no, hay que ser amigo de la enfermera; no sé para quiénes ella las guarda”.

En los policlínicos los médicos de la familia deben cumplir con las guardias en las consultas de emergencia. Luego, al día siguiente, siguen su trabajo en los consultorios. En esas guardias atienden lo mismo a personas que quieren chequearse la tensión arterial, y además casos de ingreso por infartos, crisis de diabetes,  paros respiratorios o heridas por riñas. Es ahí es donde los médicos de la familia se entrenan; a veces deciden continuar estudios en otras especialidades, aunque muchos se cansan. Y viene el ansia por encontrar la tierra prometida: esa salida temporal o definitiva llamada, con mucho bombo y platillo, misión internacionalista.

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