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El aumento de precios en Cuba para todos los artículos tiene preocupados a los cubanos, que no saben de dónde sacarán el dinero para pagarlos.

Los cubanos están más que preocupados por los aumentos de los precios en Cuba. Lo que a todas luces se avizora como un cruento periodo inflacionario en la historia de la Cuba post 59, que acontecerá 30 años después de la llegada del Periodo Especial, será sin dudas un motivo más de preocupación para quienes viven en la isla.

¿Me alcanzará el sueldo para pagar la factura de la corriente eléctrica? ¿Podré adquirir los medicamentos que necesito para curar mis dolencias y enfermedades ahora con este subidón en los precios? ¿Podré casarme o divorciarme? Son al menos tres preguntas “básicas” que resumen parte de las interrogantes.

Hasta los espectáculos culturales y deportivos han subido de precio en un país donde, sin dudas, se verá una continuidad en el proceso migratorio. A no dudarlo -uno lo conversa- continúan siendo más los jóvenes que buscan como opción número uno marcharse de Cuba. Hasta los más “revolucionarios” que se ven en las manifestaciones de la FEEM y la FEU una vez que entran en la vida laboral y se le acaban “los subsidios estudiantiles” descubren con amargura que la vida es otra, y se agencian becas en el extranjero para hacer doctorados y maestrías.

Dos años después, descubierto que “el extranjero” no es ese que narran en el NTV Oliver Zamora Oria, Yunior Smith, Irma Shelton, Rafael Serrano, Rodobaldo Hernández, Diana Valido, Jorge Legañoa y Cristina Escobar, deciden en masa no regresar a la isla; quedarse trabajando “fuera”, recargar teléfonos y enviar remesas mientras, de modo bastante generalizado, pasan de defender la Revolución por haberlos forjado y graduado como hombres de bien y haberles garantizado sus estudios superiores y buena preparación para “triunfar” en el extranjero laboralmente, a dedicarse exclusivamente a lo suyo y a su familia.

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Mientras, en la isla, sucede prácticamente lo mismo que sucedía años atrás. Es como un ciclo. Sueño, utopía y desencanto.

Buena parte de esos que todavía están enfrentando con magia la realidad, no saben qué sucederá a partir del 1ro de enero del 2021. Una mujer en Sancti Spíritus confesaba tener “muchas dudas y no saber nada”, pero dijo que había que tener fe, lo cual me hace recordar el famoso cuento del cojo, el fañoso y el cura; y aquella frase de “todo el que tenga fe se salvará”.

Esta situación se repite en todas las provincias del país.

La Televisión Nacional de la isla hace énfasis en las medidas que se toman para evitar que los precios se vayan más allá de lo que tiene previsto la dirigencia del país.

Un entrevistado, Dunier Rodríguez, joven, dice que los precios todavía están “asequibles”, mientras que otra entrevistada, Yanet Guada, apunta que es inconcebible que “afuera” anuncien en las tablillas un precio y que luego, dentro, te lo vendan a otro más caro.

Igual sucede en Matanzas. Allí, los matanceros dicen cosas como estas: “los precios están demasiado alterados y todavía no han subido los salarios”, mientras que los inspectores luchan a brazo partido contra las llamadas “ilegalidades”.

En Granma, una periodista se pregunta: “¿Por qué un cambio genera otro?” y dice que los montos de los precios de los productos son “exhorbitantes y especulativos”.

Allí también las autoridades aseguran estar tomando un grupo de acciones para evitar estas violaciones.

Sin embargo, en contraste a todo esto, ahí mismo, en el territorio de Granma, combatientes de la Revolución cubana apoyaban las palabras de Miguel Mario Díaz-Canel Bermúdez en la clausura del VI Periodo Ordinario de la Asamblea Nacional del Poder Popular.

¿La solución? ¿Habrá solución? Al menos parece que habrá que esperar hasta el 2021. Los cubanos parecen resignados a, por ahora, intentar pasar un fin de año en paz y tranquilidad, en familia. Primero que todo deberán conseguir la pierna de cerdo, los frijoles para el congrí; el tomate, la lechuga y la yuca.

Luego, el 2021, superado el problema con la pandemia del coronavirus en los EE.UU., tal vez Joe Biden les dé un respiro.

Al menos a eso aspiran todos. Desde el pobre cubano de a pie que tiene que comprar a sobreprecio en el agro, hasta el alto dirigente que le subsidian la corriente eléctrica y al cual le traen los alimentos a la casa, y ni siquiera les interesa sacar los que le llegan a la bodega.

Roberto A.

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