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Cuba

Cubanos piden a todos los santos salud y un mejor futuro

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Texto y fotos: Ariel Peñate

Los cubanos, pese a los problemas de su cotidianidad, siempre han mantenido las esperanzas. “Lo único que no tiene solución es la muerte”, se escucha habitualmente entre los habitantes de la isla como reflejo de esa lucha perenne por tratar de salir adelante frente a un contexto generalmente adverso debido, entre otras cosas, a crisis económicas mantenidas en el tiempo y a divisiones familiares por la emigración.

En los últimos días de fin de año se incrementan esas aspiraciones por un mejor futuro. Incluso hay varios rituales para afianzar esos deseos que se repiten cada 31 de diciembre a las 12 de la noche. Muchos arrojan cubos de agua para sacar la mala suerte de la casa y esperar los nuevos 12 meses libres de todo mal y recorren la cuadra con las maletas viejas, o le dan tres vueltas a la ceiba.

No obstante, la realidad casi siempre se impone y las personas continúan en su lucha diaria para tratar de vivir lo mejor posible.

Junto a las aspiraciones de un porvenir menos agresivo siempre están atentos por estas fechas a la Letra del Año dictada por los babalawos de la Asociación Cultural Yoruba de Cuba, junto al Consejo de Sacerdotes Mayores de Ifá. No hay que ser estrictamente religioso para prestarle atención a los designios de estos cultos adivinatorios que cada enero se convierten en un suceso dentro de  buena parte de la población cubana.

“No soy religioso pero siempre respeto y estoy pendiente de “la letra”. Este año pronosticaron posibles muertes y enfermedades pero ojalá el panorama no venga tan fuerte. Creo que los cubanos merecemos alguna vez algo mejor. Y en eso también deposito mi fe”, comenta a Cuballama un joven ingeniero en la librería Alma Mater, de la Universidad de La Habana.

“Hay que ser positivo para afrontar la vida. De lo contrario te enfermas y te quedas sin fuerzas para luchar” agrega mientras revela que entre sus propósitos para este año está el de alcanzar una maestría en España. “La solicité por Internet y el proceso va caminando. Me interesa superarme y de paso ver si luego consigo un trabajo por allá, en la madre patria”, indica entre bromas.

El babalawo y lo que piden los cubanos

La Letra del Año anunció enfermedades del estómago y los intestinos, incremento del índice de padecimientos de trasmisión sexual, afecciones malignas en colon y recto e impotencia a temprana edad, como consecuencia de problemas en la próstata en los hombres.

“Ni los santos traen buenas noticias”, lamenta una señora de tez mestiza en un barrio de Centro Habana cuando nos dirigíamos a conversar con un babalawo muy respetado en la zona,  previa cita por teléfono. Ella, jubilada haca 20 años, confiesa que muy pocas veces los santos traen  augurios positivos por lo que hay que seguir encontrando la forma de vivir o sobrevivir. La señora María de los Ángeles se ha ocupado sola de su nieto desde que la madre murió en un accidente de tránsito.

“Lo único que yo deseo es que se haga un gran trompetista y me parece que ya puede lograrlo a sus 27 años. Todas mis fuerzas las he dedicado a él. Aparte de que es el único familiar que me queda, con su talento y sus estudios puede encontrar un buen trabajo en un grupo, viajar y vivir cómodamente, que tanto él como yo nos lo merecemos”, asevera.

En lo alto del solar que corona la zona vive el babalawo. Es discípulo de otro sacerdote que le legó toda su sabiduría. En el pequeño cuarto que destina para las “consultas” hay libros sobre cultura africana, religiosidad, plantas medicinales y, vaya sorpresa, hasta la Biografía de un cimarrón, del cubano Miguel Barnet.

El babalawo, a quien llamaremos Ernesto, explica que la Letra del Año la dictan sacerdotes con un enorme conocimiento. “Este año gobierna Oshún junto a Oggún y hay que escuchar lo que dice la “letra” para cuidar la vida propia y la de los familiares. Como te dije, hay que regirse por esos argumentos pero también los seres humanos tienen que ayudarse y cuidarse ellos mismos para que no les suceda nada. Y si tienen molestias de salud ir rápido al médico, que son los que curan”.

“Esta religión lleva mucho estudio y dedicación”, señala al tiempo que apunta al librero de la habitación. “Yo me paso muchas horas estudiando, cuando no tengo personas que me vienen a ver. A todas las recibo, a pesar de que a veces no tengo ni tiempo”.

A Ernesto le pregunto sobre el negocio en que algunos han convertido este culto. Le menciono, por ejemplo, el caso de una santera cubana acusada de estafa en España.  “Ese es un tema delicado, del que podemos hablar en un encuentro más largo, solo te puedo aclarar que yo a las personas no les exijo dinero. Cuando termina la consulta me dejan por su propia iniciativa unos pesos en esa caja que ves en la esquina”, y muestra un pequeño reservorio semejante a  la superficie de un coco”. Lo único que pidió a este reportero fue no tirar fotos, “por respeto”.

Ernesto también tiene sus propios anhelos para el 2019. “Como hombre religioso solo deseo que haya paz para los míos. Que este país acabe de prosperar y que todos se pongan de acuerdo para ver si la gente vive un poco mejor, porque algunos tienen que inventar y después en la noche no tienen paz para dormir entre tantas preocupaciones”.

En Cuba hay dos religiones fundamentales. El catolicismo y los cultos trasplantados de África por esclavos traídos por los españoles. Cada fe cuenta con  miles de creyentes y conviven en armonía. “Yo soy cristiana y siempre he creído en la palabra de la iglesia, de Dios”. No confío especialmente en  las profecías de las sociedades yorubas, pero de todas maneras las respeto”, expresa una psicóloga de 37 años que abrazó la religión luego de varios años difíciles en los que estuvo a punto de perder a su hija por una enfermedad que los médicos no lograban diagnosticar.

Finalmente la chica se repuso y ella le achaca la recuperación a un milagro de la Virgen María. “Fui a la iglesia de Regla y le estuve rogando toda una tarde. A la semana mi hija ya comenzaba a recuperarse hasta que recobró la salud”, relata.

Hoy la niña tiene 13 años y cursa estudios secundarios. “Mis aspiraciones este año es que siga adelante y no tenga recaídas. Con eso soy feliz”, confiesa.

El Malecón y los cubanos

En el Malecón de La Habana todas las tardes se reúnen grupos de pescadores y se pasan horas esperando a que la suerte les sonría. Algunos lo hacen para vender sus mercancías; otros simplemente para llevar comida a la casa.

“Este es un trabajo duro aunque parece fácil. Estamos aquí horas y horas en el mismo lugar y  a veces no tenemos éxito, lo que nos obliga a caminar todo el Malecón para hallar otro sitio. Incluso algunos bajan hasta los arrecifes para tentar más cerca a los designios de la suerte”, nos refiere Tulio Peñalver, quien ha estado en esto durante más de 15 años.

“Dicen que este año los orishas pronostican enfermedades, sobre todo a los hombres, pero lo que sí es verdad que a mí no me puede pasar nada, porque soy el único sustento de la familia. Gracias a Dios y a todos los santos tengo hasta ahora una salud de hierro a mis 50”, agrega Tulio, quien no se define como creyente pese a sus continuas menciones religiosas.

Una  canción refleja como pocas el sincretismo religioso de los cubanos. “Hay gente que te dice que no cree en na’ y van a consultarse por la madruga’, cantaba Adalberto Álvarez hace varios años. Ese tema ha definido perfectamente a un pueblo que lucha por la vida en medio de calamidades y, aunque sea en silencio, le pide buenos augurios a todas las deidades posibles.

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