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Correos de Cuba vacía champú y exprime pasta dental

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Correos de Cuba champú
Perfil de FB Dunay Toledo

Dunay fue a protestar a la oficina de Correos de Cuba sita en 23 y 12, en El Vedado. Allí, como es natural en estos casos, se lavaron las manos con su cuita, y le pasaron la papa caliente a la gente de la Aduana General de la República de Cuba.

Una cubana denunció el mal servicio de aduana y correos de Cuba a través de su vivencia personal: un paquete que le enviaron llegó, con el pomo de champú vacío y la pasta dental por la mitad.

Menudo sablazo, con acero toledano, le metieron a la cubana, identificada como Dunay Toledo los eficientes trabajadores de la Aduana General de Cuba, o los empleados del servicio de correos del capitalino municipio Plaza de la Revolución. El resultado, lo que llegó a sus manos fue un paquete abierto con la mercancía dañada.

De hecho, el contenido del pomo de champú no existía; un artículo más que en falta en la isla y que su hermano, cuando se lo mandó el 28 de agosto, esperaba que llegara a sus manos como Dios manda.

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Dunay fue a protestar a la oficina de correos de 23 y 12, en El Vedado. Allí, como es natural en estos casos, se lavaron las manos con su cuita, y le pasaron la papa caliente a la gente de la Aduana General de la República de Cuba.



En el correo le dijeron a Dunay que el paquete cuando llegó a ellos, ya venía abierto. Le sugirieron que pusiera una reclamación vía telefónica, lo cual a la postre terminó encolerizando más a la afectada.

“Llamé en varias ocasiones y me colgaban, hasta que me atendió una persona que se identificó como Niurka, y me dijo que no era la persona que localizaba, que le iba a dar mi recado a la encargada y me llamarían lo antes posible”.

Por más de 20 minutos esperó Dunay por la llamada. No es que fuera la espera de Penélope, pero se hartó y se dirigió molesta al edificio del Ministerio de Comunicaciones, donde de haberse encontrado con Ramiro Valdés Menéndez de seguro le hubiese formado un titingó. ¡Así de molesta estaba Dunay!

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Niurka, que al parecer había sido muy amable por teléfono, transmutó en una persona completamente distinta. Se tragó la cólera de Dunay, que ya a estas alturas del juego de pelota -o del peloteo- era tan notoria como la del Pélida Aquiles el día que quiso vengar la muerte de su amigo -dizque amante- Patroclo, y se la devolvió, como si se tratara de un juego de ping pong.

Le dijo a Dunay que, antes de haber abierto el paquete, o al recibirlo en mal estado, debió abrirlo y revisarlo. Para delimitar responsabilidades le dijo más: según ella, a Dunay le habían informado mal en el correo de 23 y 12, pues la reclamación la tenía que haber hecho allí, para que de allí la enviaran directo al departamento de inspección en Correos de Cuba, que radica en Vento y Camagüey.

“Yo sé cómo funcionan en Cuba el correo y la aduana,” expresó Dunay en Facebook. “La supuesta indemnización demora, es papeleo y, ¿luego me devolverán los 55 pesos que cobraron por recibir el paquete? Yo quiero mis cosas porque con ese dinero no me compro el champú, la pasta y los productos que envió mi hermano, que no hay en las tiendas que venden en CUC”.

“¿Dónde hay pollo, aceite, papel sanitario, jabón, me paso el día entero haciendo colas para poder comer, bañarme o, simplemente, asearme mis partes íntimas”, concluyó la joven, que al parecer tenía la esperanza de lavarse la cabeza con un champú de marca y dejar de usar el llamado jabón angolano (con el agua y con la mano).

Ariel P.

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