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Cuba

El café de los cubanos no es Cubita ni Serrano

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Por Lucía Jerez

Muchos cubanos deben conformarse con el café Hola!, el que reciben por la libreta de abastecimiento pero que para colarlo necesita ser cernido previamente

En 2011, el periódico Granma publicó un artículo, indignante para muchos, titulado: “Ofrecen recomendaciones para mejorar la colada del café en Cuba”. El diario admitía que el nuevo producto (café Hola!) era de inferior calidad al puro y recomendaba: no desbordar el agua sobre la válvula de la cafetera, no comprimirla y hacerlo a fuego lento. Además, confirmaba que la composición de la nueva mezcla era 50 por ciento de chícharo y el resto de robusta. “Muy amargo, no cuela, hasta más de uno relata incidentes con la cafetera”, declaraba el texto. Ocho años después, la situación es la misma.

La ceremonia de esta infusión es una práctica tan arraigada en la isla que está concebida como parte imprescindible de su cultura. Sin embargo, en los últimos tiempos, es poco posible realizar este proceso si lo que se tiene en casa es el popular Hola!, café normado por la libreta de abastecimiento, el cual necesita ser cernido previamente.

“Yo todavía recuerdo, cuando Fidel Castro habló en televisión sobre el nuevo grano que vendría, llegó junto al famoso Chocolatín, que según decían con ponerle agua bastaba, pues traía incluida la leche, y habrá que ver hoy cuál de los dos sabe peor”, comentó Juan Carlos Rizo, ingeniero eléctrico, y mecánico por obligación.

Lejos de ser una mezcla homogénea, el polvo contiene disímiles partículas que, desconocido su origen, en muchos casos entorpecen la elaboración y aportan un sabor bastante difuso, nada parecido al sello que ha dejado en el paladar internacional esta bebida de Cuba.

La mayoría de las quejas radican en que el paquete es bastante pequeño, y si a esto se le agrega que debe cernirse el café, los sobres racionados para el mes se quedarán en una mínima porción, incapaz de cubrir por cuatro semanas el consumo de una familia.

El joven matancero Asiel Hernández utilizó la red social Facebook para manifestar su incomodidad respecto a este asunto. Hizo referencia al resultante una vez cernido y a lo imposible que es adquirir otras variedades en comercios en divisas, donde  los de exportación superan las cifras posibles para un ciudadano de a pie.

Al mismo tiempo varias marcas se exhiben en las vidrieras de los mercados de la isla, todos con una calidad superior en cuanto a aroma, sabor y textura. Entre ellos están el Cubita, Arriero, Serrano, Regil, y Caracolillo, por solo mencionar algunos. Todos a precios escandalosos si se comparan con el salario medio de la población.

“A ver, si en las tiendas hay del bueno, por qué a la bodega tiene que venir esto, que no se sabe ni lo qué es. Uno también merece pequeños gusticos sin que en eso se te vaya el cobro entero”, me reitera otro cubano.

Las reclamaciones también señalan que es rara la mezcla que se observa en el contenido, por lo cual varias cafeteras han tenido problemas en su funcionamiento. “Unas se han tupido, otras, han llegado a explotar”, sentenció una señora.

Incluso sobre el efecto para la salud de “este café” existen ciertos comentarios. Y es que algunos como Ana Teresa Fernández, residente en el Municipio Plaza de La Revolución, sospecha que constituye la causa de determinados problemas de gastritis, pues, “aunque en su estado puro el grano puede provocarlo, es posible que ocurra, con mayor agresividad, si viene mezclado con otro tipo de elementos como el chícharo”.

Lo paradójico es que las mejores variantes cubanas del también llamado néctar de los dioses, se comercializan en CUC o se exportan, y son presentadas al mundo como ejemplares del verdadero café de la mayor de las Antillas, mientras no es lo que consume la mayoría de quienes viven aquí, ni marca la cotidianidad de un país.

Una variante que, si bien no es general, la utilizan unos cuantos, ha sido comprar el polvo a particulares, quienes en la mayoría de los casos, muelen el grano y lo venden después, utilizando como medida una lata de leche condensada, la cual dependiendo del lugar, tiene un valor de diez pesos aproximadamente en moneda nacional. A pesar de que existe, esta opción no parece ser la más común.

“En mi casa solemos mezclarlo. Por ejemplo, mi prima a veces trae La Llave o Pilón de Miami, y nosotros a la hora de hacerlo juntamos un poquito de esos con el de la bodega. Así el de mejor calidad nos dura más y la cafetera se esfuerza menos”.

Aun cuando se trata de una bebida que históricamente no ha escaseado en el país  y del que pudo disfrutar tanto la burguesía como las clases menos favorecidas, la población, otra vez, ha tenido que aprender a poner una de cal y otra de arena, a explorar soluciones, y buscar alternativas para que no les falte la taza humeante de café en la mañana.

 


 

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