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Alexa Prieto vio derrumbarse el mundo que apenas acababa de comenzar a conocer con tan solo 3 años de edad. Siendo así, tan pequeña, médicos en Cuba debieron amputarle sus dos piernas.

Su madre, desesperada, habló un día ante las cámaras de un medio y gracias a ese video un médico en Tampa pudo conocer el caso de Alexa, y darle un vuelco a esta historia.

Fue él, el Dr. Armando Quirantes, el principal y primer ángel que llegó a la vida de Alexa Prieto y de su joven madre Jacqueline Vidal.

El especialista en prótesis, residente en Tampa decidió traer a la niña a los Estados Unidos para valorar de cerca su caso y proceder según el rigor necesario.

Una vez en EE.UU., Quirantes descubrió que Alexa necesitaba ser intervenida quirúrgicamente para poder preparar sus pequeñas piernitas para el uso de la prótesis. No fue una operación fácil. Quizás, más que nadie, para su madre, que tendría que ver otra vez a su pequeña en un quirófano.

Alexa salió del Shriners Hospital for Children en Tampa con unas prótesis temporales pero, la verdadera alegría sería verla con las definitivas y eso, sucedió hace apenas unas horas.

El periodista de origen cubano Alexis Boentes, quien cubrió esta historia desde el principio debió viajar desde Miami – donde reside actualmente – de vuelta a Tampa. El joven, en noviembre del 2018 había dicho:

Alexa sonríe como lo hacen los niños de su edad, sin embargo, lo que para la mayoría representa una acción cotidiana, para ella es su más grande anhelo: poder caminar. A los tres meses de nacida ingresó a un hospital en Cuba, con una descomposición estomacal. Semanas después, le dieron el alta pero la niña había perdido sus dos piernas. Según me contó su mamá, contrajo una bacteria que afectó su circulación sanguínea, a tal punto que el equipo de especialistas que la atendía tuvo que amputarle sus dos extremidades inferiores para poder salvarle la vida. Desde entonces, Alexa ha soñado con su prótesis, con ponerse de pie e intentar llevar una vida lo más parecida posible a la de los niños de su edad. Pero la ausencia de recursos en la isla, se lo había impedido. Afortunadamente, un especialista en prótesis que reside en la ciudad de Miami escuchó del caso y quiso ayudar. Fue así como Alexa recibió una visa humanitaria para venir a Estados Unidos, donde no tiene familia. Sin embargo, una vez aquí detectaron otro problema: sus huesos habían crecido de manera no uniforme y para poder colocarle las prótesis, era necesaria una operación. Ningún hospital en Miami quiso asumir los costos de la nueva intervención quirúrgica. Cuando la batalla parecía perdida, el doctor Quirantes, quien hospedó a la niña y a su mamá en su propia casa, tocó a las puertas de un hospital en Tampa que, finalmente, decidió operar a la menor. Además, el centro médico le regaló una silla de ruedas y se comprometió a cubrir los gastos de todas las prótesis que usará Alexa hasta que cumpla sus 15 años. Historia estremecedora, pero que nos habla de un valor humano que nos hace grandes: la solidaridad. El fin de semana viajé a Miami para conocer a Alexa, pero también al doctor Quirantes, un hombre que nació para ayudar. En sus manos está el sueño de esta niña: ponerse de pie, caminar… pero también la esperanza de toda una familia que anhela recuperar la felicidad.

La experiencia ahora, de seguro, fue mayor para él. Ver a Alexa nuevamente caminando ha sido muy reconfortante.

Desde que supe de la historia de Alexa me sensibilicé mucho con el caso de la niña… Creo que a cualquiera que la conozca, así sea a través de la televisión, le sucedería lo mismo. Es una niña muy alegre y activa, y creo que eso va a permitir que aprenda a caminar muy rápido. Además, quiere caminar como lo hace su hermano mayor. Tiene mucha destreza con su silla de ruedas: se sube y se baja sola, sin la ayuda de su mamá, y creo que de la misma manera aprenderá a manejar sus prótesis,” explicó Boentes a Cuballama vía telefónica.

Así también ha sido para la madre de la pequeña, para el Dr. Quirantes, para el Dr. Bryan Sinnott, otro médico del centro asistencial.

Todos confían en que la menor tiene toda una vida por delante para caminar, para insertarse plenamente en la sociedad.

No será tarea fácil. A Alexa le espera un largo proceso de rehabilitación, pero ya la parte más dolorosa y terrible, ya la angustia y la incertidumbre peores son cosa del pasado.

La menor ya tiene sus prótesis, y es feliz. Ahora solo le queda una cosa: echar a andar.

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