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Cuba

Los secretos de la felicidad del cubano

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¿Qué necesita un cubano para ser feliz? ¿Cuál es el secreto de la felicidad para quienes nacimos en la isla?

Ser cubano y feliz parece imposible. Para Carlos y Daniel, ese estado tiene  nombre de electrodoméstico: refrigerador. La joven pareja solo precisa de este aparato para irse a vivir juntos.

“Yo acabo de salir del closet y mi familia aún está un poco reacia, con lo cual no podemos instalarnos ahí. Por parte de Dany, la situación es similar. Él vive en casa de unos parientes, prácticamente de favor. Por eso, si consiguiéramos aunque sea un minibar, podríamos comenzar nuestra vida juntos”.

Su historia es otra muestra de los pocos recursos con que “resolvemos” los de la isla. Un sueldo decente, capaz de cubrir las necesidades básicas de cualquier ciudadano, sería la solución a los problemas.

De presentarse un genio mágico con tres deseos a conceder, miles pedirían una mansión, el carro del año y una jugosa cuenta bancaria. Magdalena no quiere tanto. En su mente habitan solo materiales de construcción para arreglar su casa y, de ese modo, no pensar otra vez en  la posibilidad de que le caiga el techo en la cabeza.

“Llevo 12 años en la misma condición. Los materiales asignados al principio desaparecieron, a la par de las entidades dispuestas a ayudarme. Toda mi vida traté de salir adelante: no tengo electrodomésticos más allá de un radio Selena, pero eso no me quita el sueño. Me alarma, por otra parte, la vida de mi nieto en estas condiciones”.

A tan difícil situación se contrapone la historia de Viviana. Según cuenta, ya consiguió su felicidad, mas por un precio muy alto: “Mi sueño siempre fue irme de Cuba y ya vivo afuera”. Sin embargo, cumplidos sus tres primeros años en España, nos comenta: “Trabajo en un restaurante de Zaragoza especializado en mariscos. Es una labor muy dura”.

Cada día, a las seis de la mañana, la joven debe limpiar varios kilos de cada especie ofertada en el establecimiento. Luego, debe asear los baños, servir las mesas y ejercer como ayudante de cocina hasta la medianoche. Al ser indocumentada, la remuneración es de 600 euros mensuales.

“Muchas veces mi familia debe ayudarme desde Cuba, mas no he perdido la esperanza. Acabo de conocer a un muchacho muy bueno, si consigo casarme con él, mi vida mejorará mucho. Es cuestión de tiempo”.

Mabel no quiere más nada: “Tengo una visa americana vigente por 10 años. Entro y salgo del país cuando quiero, materialmente no puedo pedir más. Mis deseos son sentimentales”.

Luis Ángel es la otra cara de la moneda: “Me levanto todos los días a ordeñar mis vacas, así puedo pagar, arreglado a pobre, todo lo que necesito. No obstante, soy muy feliz. Mis hijos gozan de una salud envidiable, puedo contar con mis amigos, los mayores de la familia están enteros”.

“De manera general, el cubano es alegre –nos comenta Jorge- solo necesitamos comodidad: salud, una tierrita para pasar el fin de año decentemente, el bienestar de los nuestros y una botellita de ron, para palear lo malo del día”.

María Carla Prieto


 

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