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Regulación de precios: parche para una economía herida

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El destacado economista cubano Omar Everleny afirmó que “los controles de precios solo deben usarse temporalmente, porque cuando se dejan demasiado tiempo pueden afectar la inflación y alimentar el llamado mercado subterráneo“.

Como una especie de “bálsamo”, “parche” o solución temporal a un problema mucho más serio, calificó el destacado economista cubano Omar Everleny Pérez el control que ha ejercido el gobierno cubano sobre los precios de los productos, alimentos y servicios en Cuba.

Everleny, entrevistado por el corresponsal de Local10 en La Habana, Cuba, Hatzel Vela, explicó que “el control de precios de Cuba es una solución a corto plazo a un problema de producción“.

Vela explica en su nota que “los funcionarios de La Habana planean limitar los precios de ciertos productos básicos”, una medida que busca establecer “el control como una forma de asegurar que la población pueda pagar y acceder a estos productos que a menudo están fuera del alcance debido a la demanda del sector privado.”

“A partir del 1 de agosto, artículos como agua, jugo de frutas, refrescos y cerveza habrán fijado precios en pequeñas cafeterías y panaderías privadas, los lugares típicos para el cubano promedio“, explica Vela casi al inicio de la nota.

Más adelante, recoge los siempre acertados criterios de Everleny, quien dijo que “los controles de precios son una solución a corto plazo a un problema de producción a largo plazo“.

El destacado economista afirmó además que se hace imperativo que se abra el autoempleo en la isla, y calificó como “un paso en la dirección correcta”, las reformas de Raúl Castro que permitieron la legalización de las pequeñas empresas privadas.

De acuerdo con su criterio, además de esta pluriapertura deberá existir inequívocamente un aumento de la producción de bienes, productos y servicios; y aseguró que ese es el único método correcto que puede propiciar una nivelación real de los precios: que aumente la producción; las llamadas “ofertas”. En todas las esferas.

Sin embargo, varios criterios pueden impulsar a creer que esta idea de Pérez puede seguir siendo eso: una idea.

Y no porque esté equivocado, sino porque la historia más reciente nos impulsa a creer que la mayoría de los ciudadanos cubanos, lejos de intentar impulsar el desarrollo del país en algún modo, buscan más que nada irse del mismo. Las trabas y regulaciones desestimulan más que estimulan, a pesar de lo que diga el Estado. Ese sentimiento de poca pertenencia, ha conllevado al envejecimiento de la población laboral activa en la isla.

Regular los ingresos personales, las contribuciones a la seguridad social y aumentar los salarios y las pensiones, además de regular los precios, sin otras variables importantes entrando en juego, no va a incentivar la economía

Para un país que ocupa el lugar 138 en la economía de exportación más grande del mundo y que el Atlas Mundial de Comercio lo define como la 75a economía más compleja, según el Índice de Complejidad Económica (ECI), parece una tarea titánica echar adelante la nación. Estamos hablando de un país que, en el año 2017, importó mercancías por valor de $ 6.21B y exportó $ 1.41B, lo cual incidió en una balanza comercial negativa de $4.8B.

Y es que mal que nos pese, o nos duela, a muchos de los llamados “compradores de empresas” a “ministros” y funcionarios, le resulta mucho más factible – para no hablar de los beneficios personales que todos conocemos tienen lugar a cabo durante estas “transacciones” – gastar $10 millones fuera comprando determinado alimento fuera de sus fronteras, que invertir digamos esos $10 millones en infraestructura para producirla dentro de su territorio.

Díaz-Canel, dice Vela en su nota y en el video del reportaje, “anunció a principios de este mes que el estado va a estimular la producción local”, pero la realidad confirma la tendencia de siempre: la escasez de productos nacionales está aumentando la dependencia de los cubanos de las importaciones. Cuba no produce los bienes necesarios para satisfacer su demanda interna y como siempre, va al extranjero a comprarlos.

Finalmente Vela recoge el criterio de Everleny, quien cree firmemente que “los controles de precios solo deben usarse temporalmente, porque cuando se dejan demasiado tiempo pueden afectar la inflación y alimentar el llamado mercado subterráneo“.

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