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Cuba

¿Racismo y discriminación en la Universidad de La Habana?

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Por Lucía Jerez

Entre los estudiantes de la Universidad de La Habana son más los blancos, hijos de profesionales, con situación económica entre regular y buena. ¿Se puede hablar de racismo?

Recientemente una reflexión de la rectora de la Universidad de La Habana, Dra. Miriam Nicado, alarmó a los profesores que se encontraban reunidos y, aunque hubo intentos por guardar discreción, los comentarios han recorrido los pasillos de la Colina.

Nicado se cuestionó el porqué de pocos negros y mulatos en la matrícula de dicha institución, donde los blancos son mayoría. Insinuó, además, que tal vez existía un comportamiento intencionado a la hora de evaluar los exámenes de ingreso.

“Dentro de su catarsis, ese planteamiento fue una barrabasada, porque, si bien se han dado situaciones de que se filtren estas pruebas, lo cual ha sido reflejado en medios oficialistas, el proceso de calificación es estrictamente riguroso. Se oculta la parte en la que los alumnos ponen sus datos personales y, en todo momento, los pedagogos están frente a una cuartilla anónima. Incluso, han existido casos en los que si el instructor tiene un ser allegado en ese paso, no se autoriza a que califique, temiendo la parcialización de su conducta”, explicó un profesor de la UH.

El último censo de población y vivienda del año 2012 reveló que cada curso los negros y mestizos que comienzan, representan aproximadamente un 12%. Esto requiere un examen demográfico profundo, y es antiético ventilarlo acusando a los docentes de incurrir en lo que es considerado delito.

No es secreto que los blancos predominan en la composición de la sociedad cubana, por tanto lo seguirán siendo en cualquier sector que se mire. Sin embargo, es perceptible la poca presencia de mestizos y negros en la educación superior, si se atiende al peso demográfico que tienen a nivel nacional. De acuerdo con los resultados del último censo, 64.1% de los habitantes se identificaron como blancos, 9.3% como negros y el 26% como mestizos.

Algunos estudiosos apuntan que este fenómeno es perceptible, incluso desde el preuniversitario. Un sondeo sobre el acceso a la educación superior en el curso 2013-2014, realizado por un colectivo de sociólogos cubanos arrojó lo siguiente: “El porcentaje general de los que accedieron, del total que optaron en el curso analizado fue de 62.6 %. Ahora, el análisis de este parámetro según el color de la piel evidencia que los blancos tienen mayor éxito en los exámenes de ingreso (accedieron 66.3%) que los negros y mulatos (accedieron 49.4% y 58.3%, respectivamente” (Tejuca, Gutiérrez y García, 2015, p. 47).

Para la psicóloga Laura Alonso, “a pesar de que se ha evolucionado y que consta un avance con respecto a los años anteriores al triunfo revolucionario, persisten todavía rezagos de pensamientos racistas que podrían estar influyendo en los resultados que arrojan estos registros”.

Emmanuel, joven mulato y estudiante de Cibernética, señala que llama la atención la pequeña cantidad de negros y mestizos que observa en el edificio donde recibe la docencia. “De hecho, hasta en los maestros se nota, porque hay muy pocos que no son blancos”, constata.

Lisandra Blanco, quien se encuentra en quinto año de Economía, refiere que “leemos a Martí, a Fidel y a tantos pensadores que alertaron sobre el racismo como un pecado mortal para la humanidad, pero el hecho de que en el aula solo tres personas sean de color, indica que este pensamiento no se ha desterrado del todo en mi patria”.

¿Quiénes predominan en las aulas de la Universidad de La Habana?

El color de la piel no es el único elemento que podría poner en tela de juicio la existencia en la isla de una “igualdad” de oportunidades para todos los grupos sociales sin distinción de razas y origen.

Un trabajo de diploma presentado en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana en el 2018, titulado La ruta de las golondrinas, expone los resultados de una investigación acerca de expectativas profesionales en estudiantes del Alma Mater habanera. La pesquisa se basó en una encuesta a 697 jóvenes de todas las carreras que allí se imparten. Esta muestra, por su volumen y a partir de diversos cruces y aproximaciones, fue considerada representativa desde el punto de vista estadístico para establecer cualquier comparación demográfica sobre el estudiantado de la UH.

 

Entre los encuestados prevalecen aquellos con situación económica entre regular y buena (48.6 y 47.9% respectivamente). Por el contrario, alarma descubrir que solo 3.5% la describió como mala.

Pudo conocerse también que existe un predominio de blancos en situación económica buena y regular; el mayor número de mulatos en regular o buena; y un elevado porcentaje de negros en regular, pero con la proporción más grande de los tres grupos en mala realidad económica. Esto constituye un indicador adicional de las desventajas de este sector poblacional.

Otro elemento que satisficiera la curiosidad de muchos es saber de dónde provienen casi siempre estos universitarios. Pues bien, utilizando como brújula la tesis La ruta de las golondrinas, podría afirmarse que en su mayoría los interrogados son hijos de profesionales: más del 60%.

Entonces ¿quiénes predominan en las aulas de la Universidad de La Habana? Partiendo de estos resultados, son más los blancos, hijos de profesionales, con situación económica entre regular y buena.

Obviamente, debido a la carestía cotidiana en Cuba, no todo el mundo asume cinco años de estudio. Si bien el ingreso es gratuito, la manutención puede ser muy costosa, si se tienen en cuenta alimentos, transporte, y otras necesidades básicas. Si se torna difícil para quienes residen en la ciudad, es un desafío enorme para los que viven distante, pues las condiciones de las residencias universitarias son perentorias.

“La onda universitaria suelen llamarle”

Ana Carla, quien cursa Derecho en este centro, admite que no es posible decir que todo el mundo en este país puede estudiar: “La situación monetaria familiar influye mucho. Conozco personas con talento que han tenido que optar por técnicos medios para abreviar los años de instrucción y ganar dinero rápido, lo que está condicionando las características de la composición actual de la UH”.

Verena se sorprende todavía al ver cuántos muchachos de su clase, en la Facultad de Farmacia y Alimentos, viajan al exterior. “Somos pocos quienes no lo hacemos. En realidad, casi todos los que me rodean tienen un nivel de vida elevado que le permite vestirse a la moda, frecuentar bares y centros nocturnos, algo que se ha convertido en tendencia. La onda universitaria suelen llamarle”.

Últimamente los máximos directivos de educación, desde el confort de sus despachos, se han referido a que es menester un claustro universitario integrado por jóvenes y educadores con convicciones revolucionarias afines a las establecidas en los estatutos del Partido Comunista. No obstante, se abstienen de mirar circunstancias sociales y comportamientos sesgados que, lejos de haberse eliminado con las propuestas totalitarias de la Revolución, están dibujando fuertes contrastes entre los matriculados.

La controversial figura de Ernesto Che Guevara, idolatrado por muchos en la isla, en su discurso al recibir el Doctorado Honoris Causa de la Universidad de Central de las Villas dejó una reflexión: “Y ¿qué tengo que decirle a la Universidad como artículo primero, como función esencial de su vida en esta Cuba nueva? Le tengo que decir que se pinte de negro, que se pinte de mulato, no sólo entre los alumnos, sino también entre los profesores; que se pinte de obrero y de campesino, que se pinte de pueblo, porque la Universidad no es el patrimonio de nadie y pertenece al pueblo de Cuba”.

 


 

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