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Cuba

Preocupa a muchos la actitud del gobierno luego de muerte de una bebé

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bebé cubana

Por Lucía Jerez

Tras la muerte de la bebé Paloma Domínguez, luego de ser vacunada, muchas madres cubanas se preocupan ante las pocas explicaciones recibidas

Alejandra es una bebé saludable que está próxima a cumplir un año. Sin embargo, su mamá se encuentra tan asustada como asegura no haber estado en los casi doce meses que tiene de nacida su hija. “Lo único que pienso es que ahorita le toca esa vacuna. Siento pena por lo que sucedió a otras familias, pero tengo miedo por lo que pueda pasarle a la mía”.

El Ministerio de Salud Pública de Cuba confirmó en la noche del pasado sábado la muerte de Paloma Domínguez y el ingreso hospitalario de otros cuatro niños, luego de recibir la vacuna que protege contra la parotiditis, rubéola y sarampión. También conocida como PRS, la dosis inicial debe ser administrada en el primer año de vida y reactivarse cumplidos los seis.

“Tal vez no fue culpa de la inyección. A lo mejor, sencillamente, nadie es culpable, pero tanto silencio desde los medios e instituciones lo que crea es, precisamente, la inseguridad que tenemos”, manifestó Ania, madre también de un varón de 11 meses.

La escuálida información de la máxima dirección de Salud en la isla, titulada “Nota Oficial del Ministerio de Salud Pública sobre evento adverso asociado a la vacunación con PRS“, se limitó a corroborar el suceso, decir que fue lamentable, explicar la procedencia del producto y su validación según la Organización Mundial de la Salud y a concluir con que una comisión investigaría las causas del deceso. Desde entonces, nada nuevo, ni distinto, ha dicho la prensa oficialista en relación con el tema. Más allá del manuscrito, ningún funcionario de ese ministerio, ni de las altas esferas del gobierno ha acotado una sola palabra al respecto.

“Yo esperaba al menos un especialista que hablara y contara sobre lo sucedido, quizás de los que atendieron a la niña fallecida; con una teoría que pudiera ser racional y entonces uno comenzaría a entender. Sinceramente, ha sido un tratamiento muy frío, como si de números se tratara”, añade otra mujer.

Lea también: Díaz-Canel expresa condolencias por muerte de bebé cubana

Ante tan irracional comportamiento, usual a veces si de otros asuntos se trata pero inconcebible cuando toca la mortalidad infantil, ha devenido en una serie de cuestionamientos y reflexiones que circulan sin cesar.

Yaíma Caballero Peralta, madre de la fallecida, declaró en su cuenta de Instagram: “Muy buena nota emitida por el ministerio de salud, bien por ellos, ya quedaron bien con el pueblo. Y yo y mi esposo qué. ¿Cuándo nos van a llamar para decirnos qué mató a nuestra hija? ¿Cuándo? Los estoy esperando, solo un mensaje de apoyo como han hecho todos ustedes que ni siquiera nos conocen. ¿Qué es esto? ¿Dónde vivimos que no nos habíamos dado cuenta? ¡Qué triste realidad! Ahora entiendo muchas cosas y las reacciones de los que se han ido lejos… qué impotencia y rabia tengo.”

 

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El último post de Instagram de la madre de Paloma Domínguez, la bebé fallecida, apunta que un experto con el cual charló le explica que la muerte de su niña nada tuvo que ver con la vacuna, y sí con alguna situación que se creara en el policlínico Betancourt Neninger.

 

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Microbiólogo cubano opina sobre la vacuna PRS

Un microbiólogo cubano, quien ha preferido no identificarse visto lo delicado del contexto, ofreció a Cubacomenta sus criterios acerca del fatídico acontecimiento. A su juicio, desde que una enfermedad aparece hasta que llega una vacuna, pueden tardar de 8 a 10 años por todas las cuestiones de seguridad biológica a las que es sometida.

“Para que sea aplicada en grande escalas pasa por cuatro fases de ensayos clínicos, en células, en animales de experimentación, en un grupo de personas sanas voluntarias y en enfermos que están expuestos al factor de riesgo. Así se van evaluando los posibles conflictos. Cada vacuna tiene su hoja de descripción, seguridad y patente”.

Sobre lo ocurrido con los cinco niños ante la administración de la PRS explica: “Es una característica del hospedero en cuestión y no de la vacuna per se. Responde al nivel de susceptibilidad que tenga la persona. Pues en una mayoría, solo cinco enfermaron. Estamos hablando de reacciones diferentes de cada uno de los hospederos, o sea, responde a peculiaridades individuales. Tal y como puede suceder con alimentos. Existen quienes se comen un marisco, tienen un edema de la glotis y mueren en un restaurante, producto de una reacción. Así mismo puede pasar con las vacunas. Muchas de las reacciones, a veces mortales, son por procesos alérgicos no a la vacuna en sí, sino a componentes que no son los principios activos. Existen algunos como la albúmina y el aluminio, los cuales se distribuyen en el sistema sanguíneo y tienen una liberación prolongada, es decir, que da muy poco tiempo al sistema inmunológico para crear defensas para eso”.

Pese a los ensayos a las que son sometidas, las vacunas traen consigo un por ciento de riesgo. “Eso siempre va a estar. Los que sabemos Medicina no lo decimos así de forma divulgativa porque no todo el mundo tiene la capacidad para asimilarlo, y a nivel de población se crean movimientos como los llamados antivacunas, que si bien han creado problemas, no aportan soluciones. Incluso, la vacuna contra la poliomielitis, la cual evita que millones de niños se conviertan en adultos paralíticos tiene un porcentaje de eventos adversos que es de uno en un millón, lo cual quiere decir que cada un millón de vacunados, uno puede padecer secuelas producto de la vacuna, eso sí, nunca será comparable con la secuela directa del virus”.

El sarampión, una de las enfermedades que previene la PRS, es hoy un asunto grave en países de América, donde las tendencias a la no vacunación derivan en disímiles complicaciones. Cuba está exenta de estos patrones, debido a una política al respecto que ha evitado muchas más fatalidades que la ocurrida recientemente.

Ahora lo que es indignante es la postura que las autoridades de la isla han decidido asumir. Constituye un peligro, pues podría derivar en un pánico generalizado que conduzca a la negativa de muchos padres a poner la inyección a sus hijos. Esto, al mismo tiempo, desencadenaría en contagios de innumerables epidemias. Urge una respuesta esclarecedora.  El único antídoto que puede servirle a un pueblo en incertidumbre es la confianza en la información que reciben.

 


 

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