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Cocina

No solo con el picadillo; sucede con todo lo demás, y necesita una respuesta

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Las fotos de unas bolsas de picadillo que se transportan en la cama de un camión, en el piso, sin refrigeración alguna y bajo las altas temperaturas, pone al descubierto “la costumbre”, esa que por fuerza hemos venido aceptando como “lo normal”, y que sucede no solo en Manzanillo, provincia de Granma – donde fueron tomadas las imágenes -, sino también en La Habana y en el resto de las provincias del país.

Imágenes similares hemos visto y hemos sido testigos hasta presenciales. Los famosos “huesos de res” que venden a la población suelen venir en similares condiciones, por no decir peor, pues ni siquiera vienen envueltos, como este picadillo. Porque en  muchas provincias suelen usarse hasta carretones tirados por caballos para transportar carnes de un punto a otro. Y detrás de los caballos suelen ir moscas. Algunos caballos incluso suelen estar enfermos…

La imagen me recuerda aquel famoso chiste – de humor negro – surgido a raíz de la aparición de la enfermedad de las vacas locas. Conocida por todos la inexistencia de la carne de res en la mesa del cubano, estos “exigían” que no quemaran las vacas en Inglaterra, sino que las enviaran a Cuba donde, con un poco de candela y en agua hirviendo a la carne se le desaparecería la locura a la preciada carne.

Por ilógico que parezca, en la isla nos hemos acostumbrado a ver estas imágenes y no escandalizarnos.

A fin de cuentas, en los alrededores de no pocas bodegas, carnicerías y agromercados, pululan los salideros, las aguas estancadas. O existe un vecino que tiene un corral de puercos. ¿Acaso no nos acostumbramos a ver “normal” que el vecino de los altos o el de los bajos en mi edificio criara un cerdo en el balcón? ¿O armara con unos ladrillos, unas cabillas y unas planchas de aluminio un corral justo debajo de mi ventana en el segundo piso?

Para algunos puede resultar una imagen de escándalo. Y lo es; pero para mi vecino Noel, o para cualquiera de sus cinco hermanos, que vivieron muchos años con Pancha – una puerca – metida en la bañera de su apartamento, a la cual sacaban solo cuando uno de ellos iba a bañarse, no le provocaría ni un arqueo de ceja.

A toda esta barbarie hay que darle una respuesta. Y si imágenes como estas contribuyen a denunciar lo mal hecho, bienvenidas todas.

Roberto A.

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