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Cuba

“No me alcanza ni para sacar los mandados”

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A muchos no les alcanza ni para los mandados
Perfil de Facebook Leandrito Lopez Sanchez

Muchos, con o sin calculadora, no paran de sacar cuentas. En redes sociales corren historias de quien no tiene ni para comprar los mandados

Los primeros días del año están siendo duros para muchos cubanos. Hay quien ni sabe cómo organizar ahora su economía, qué priorizar: la electricidad, la comida, las medicinas… Con la más que considerable subida de precios que ha traído el ordenamiento monetario, hasta algunos cuando es hoy ya 8 de enero no han ido a la bodega a sacar los mandados del mes.

Un amigo me explicaba ayer, con pesar, que su vecina de toda la vida allá en Regla -a quien suele llamar desde Miami todas las semanas- le dijo: “Ay, mijito, ya sabes que yo voy resolviendo como puedo. No soy de quejarme, ni de preocupar a nadie. ¿Para qué? Estoy loca con la sacadera de cuentas. Creo que no me alcanza ni para sacar los mandados”.

El caso de esta cubana residente en Regla no parece ser una excepción. Hay mucha gente mayor, jubilada, que aunque las pensiones han subido, no tienen otra entrada extra ni familia en el extranjero.

Hace tres días, una joven residente en la isla posteaba en su perfil de Facebook una situación igual de dolorosa. Una anciana de 67 años que le ofrecía sus mandados; probablemente la economía de la señora no podía con tanta subida de precios en todas partes.

El portal Diario de Cuba también en redes sociales hacía referencia a lo que había sacado de mandados alguien por 198 pesos. En la foto se ve arroz, aceite, jabones, pan y poco más.

Si se repasan los nuevos precios de algunos mandados de la bodega, vemos que la libra de arroz oscila entre los 6 y los 10 pesos -en dependencia de si es o no importado y del porciento de partidura-; los frijoles, entre 14 y 16 la libra; un paquete de pasta, 15 pesos; el aceite vegetal a granel, 12 pesos la libra y el de soya envasado, 18.

Una nota de la periodista Luz Escobar en el medio independiente 14ymedio recogía el testimonio de un hombre que lleva 20 años trabajando en una bodega del municipio Plaza de la Revolución. “Desde que colgué la pancarta con los nuevos precios la gente no para de quejarse, sobre todos los ancianos. En parte tienen razón. Por ejemplo, el arroz que vino este mes es tan malo que ni gratis me llevo para mi casa, partido, sucio y húmedo. Si vas a pagar unos centavos por él, está bien, pero no seis o siete pesos”, admitía.

Andreu Romero

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