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Cuba

“Mojón” de 23 y G sufre la desidia urbanística de la “Continuidad”

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23 y G
Foto: Mirelle Madá / Facebook

El bloque de cemento en 23 y G, que señala la esquina en el lugar ubicado frente a la antigua Casa del Té, está tan deteriorado que causa dolor verlo.

¿A nadie le preocupan estos pequeños detalles que afean el urbanismo de La Habana? ¡Precisamente en la Avenida de los Presidentes!

Una de las señales en forma de ¿casa? ¿triángulo?, de las muchas que se encuentran ubicadas en esquinas de La Habana como la de 23 y G, y que los habaneros -cubanos- con esa gracia natural para nombrar las cosas han definido con el transcurso de los años como “mojón”, muestra no solo las huellas indelebles del tiempo, sino también la desidia urbanística de la mal llamada “Continuidad”.

Basta ver la imagen para saber de qué estamos hablando.

La señalización o señal -llámele usted si quiere como le dice todo el mundo: mojón- está visiblemente deteriorada; parte de su base ya perdida, con números y letras que apenas se ven pero… ¿a quién parece importarle esto?

¿Qué representa este pequeño túmulo de cemento y piedra, que identifica una de las esquinas de 23 y G, si lo comparamos por ejemplo, con el desmadre urbanístico acometido por unos dizque “especialistas” de la Unión Eléctrica en la Rampa habanera donde, sin apego ni amor alguno por la ciudad, la cultura y la historia, destruyeron par de piezas, mosaicos, de esos que identifican y prestigian el paseo habanero, como recuerdo de una época en que el arte era orgullo de toda una nación?

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¿Qué importa esta cosa de 40×40 centímetros de piedra, al lado de las piezas del mural de Amelia Peláez que adornaban el Hotel Habana Libre y que fueron destrozadas, porque el responsable del proyecto tuvo a bien ahorrarse unos pesos y contrató una brigada de inexpertos chapuceros, con currículum de “maestros”?

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¿Es posible comparar este ridículo mojón de 23 y G, con el desmadre urbanístico unas cuadras más abajo, en G y 3ra, donde un constructor de pacotilla definió, con una firma, que los estudios urbanísticos del francés Le Corbusier eran una cagada y que, los árboles, plantas del jardín -elemento verde- podían irse al diablo y ser cambiados por cemento y adoquines?

¿Cuántos litros de gasolina, por ejemplo, podía dejar de echar en su auto, ahorrarse, vender, el Ministro de la Construcción de Cuba, o algún jerifalte del Urbanismo, para reparar esta señal? ¿Cuánto cuesta, o costaría, quitar esta y poner otra similar? ¿Por qué no se hace?

Luce feo y deteriorado este elemento hermoso dentro del urbanismo de La Habana. Si de algo pueden blasonar los habaneros es de esas señales, bien pensadas y que además de la función utilitaria que tienen, ofrecen una función estética de indiscutible calidad al entramado de paseos, calles y avenidas de La Habana.

Tal parece que no se pide mucho… o que como bien afirmara un día Miguel Coyula: “La arquitectura cubana fue secuestrada por los constructores”

Ariel P.

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