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Cuba

El jurel que le venden a los cubanos: podrido y caro

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Por María Carla Prieto

Las condiciones de almacenamiento de las carnicerías no son las adecuadas, por lo que el jurel caduca una y otra vez. Si está podrido y caro, muchos cubanos se resisten a comer el jurel que venden

Las personas con síndrome de Down no perciben la diferencia entre la vida y la muerte. Fue por eso que, cuando se inflamó su glotis, Dany se sentó a esperar el que sería el siguiente paso.

“Menos mal que por su condición, le toca la pastilla a las 3 de la mañana y yo me desperté para dársela. Cuando vine a ver, estaba morado. Le soné tres benadrilinas y me lo llevé para el hospital”.

Bien entrada la madrugada, Dany y su madre vagaban por Boyeros, con rumbo al Calixto García. La silla, cuyas ruedas no tienen goma, rechina por la calle desierta.

Gracias a la decisión desesperada de la madre, el joven está vivo. Los médicos de guardia dictaminaron que la causa del incidente fue una intoxicación. Poco ha variado en la alimentación de Dany últimamente, por eso, ante el diagnóstico, María supo que había sido el jurel.

Hace unos meses, cuando el pollo se fue sin despedirse, el jurel parecía ser la respuesta. Los cubanos, emocionados ante la idea de recibir un pescado que varios años atrás se había cambiado por pollo, lo esperamos con los brazos abiertos.

¡Cuál no sería nuestra sorpresa al conocer el precio! Este producto chileno comenzó a tener detractores luego de que el Ministerio de Comercio Interior (MINCIN) anunciara que vendería cada libra en 20 pesos cubanos, cuando el coste de importación de cada una es de aproximadamente 2 pesos, según las facturas de la Empresa Mayorista de Alimentos, que es el proveedor.

“Yo no me lo puedo permitir. Ni siquiera con el aumento de las pensiones. Lo que pasa es que cada pescado tiene un peso determinado, y los carniceros además le suman su búsqueda. Entonces me puede salir en 45 o 50 pesos un pescadito. No me da la cuenta”.

Esta vez, en frente de la carnicería de 11 y E, en el Vedado, Juana habla por todo el pueblo cubano. “Por supuesto que no sabía que tenía un precio tan bajo, lo que pasa es que aquí siempre están con la cantaleta de los esfuerzos del país, así que a veces una sola se la impone para no oír lo mismo. Lo que sí creo que es una falta de respeto, con Fidel esto no pasaba”.

Manolo, carnicero de ese mismo establecimiento, nos cuenta que, en ocasiones, se abstiene de promocionar en la tablilla la existencia de jurel. “La gente no quiere tocarlo ni con un palo. Muchas veces he tenido que aguantar que las personas vengan y me ofendan a mí, que no tengo la culpa. Lo bueno es que aquí casi nunca hay, porque la nevera no sirve. Muchas veces tengo que vender el pollo antes de tiempo, imagínate tú eso que no lo compra nadie”.

Existe realmente un problema poco común. El cubano, que generalmente sueña con lo que va a poner en la mesa al día siguiente, no quiere este producto, ni siquiera cuando se ha visto obligado por las circunstancias.

Cabe recordar que el mes pasado, luego de que el gobierno de la capital decidiera vender casi todo el pollo en existencia durante los carnavales, el ansiado producto no llegó a las carnicerías de La Habana hasta septiembre “y ni así te puedo decir que vendí una cantidad considerable. No sé lo que la gente estaba comiendo en su casa, lo que sí te puedo asegurar es que no era ni pollo ni pescado”.

Ante esta situación, el MINCIN, que en su momento había anunciado con bombos y platillos el pescado normado para mitigar la escasez del pollo, se vio obligado a rebajar en cinco pesos el costo de este producto.

En la carnicería de 19 y B, también del Vedado, el nuevo importe no ha hecho ninguna diferencia. “Ellos ya no saben qué hacer con eso. Se está echando a perder en todos los lugares porque la gente no lo compra. Dicen que lo están mandando pa´ las provincias pero qué va, ellos invirtieron mucho en ese pescado, que no es de los mejores, y además sigue estando caro. Que manera de botar el dinero del pueblo”.

¿Era realmente prudente que el gobierno cubano importara cantidades absurdas de un producto de calidad relativa? Por supuesto que no, más teniendo en cuenta que las condiciones de almacenamiento de las carnicerías no son las adecuadas, por lo que el jurel caduca una y otra vez. Entonces se incurre en algo peor, que es proporcionarle un producto en mal estado a los pocos incautos que se atreven a comprarlo.

Otro factor importante es el precio. ¿Por qué el gobierno cubano encarece hasta la saciedad un producto que paga a precio de cochino enfermo?

Entonces Dany se intoxica. Permanece en el hospital toda la noche recibiendo tratamientos para mantener funcionando su sistema. Fuera de la sala, María se desespera y llora. Su llanto es de rabia, de impotencia por no poder distinguir al enemigo.

 


 

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