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Cuba

Gobierno cubano “encuentra” culpable de su mala agricultura

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Estado campesino agricultura
Foto: Lucía Jerez

Demoran en dar la tierra; no liberan las fuerzas productivas; todo tiene que ser “a través de ellos”, pero la agricultura sigue mala y el culpable es otro.

Una reunión celebrada en La Habana por estos días pretendía ser, o más bien descubrir por dónde le entró el agua al coco de la agricultura en la isla durante 62 años y concluyó encontrando al culpable de siempre: “el bloqueo”.

Bloqueo o embargo, que en eso no se ponen de acuerdo… cualquiera de sus dos variantes es para el aparato político-social-económico cubano la Cruella De Vil de su agricultura.

¿Que a menos de dos kilómetros de la Ciudad Nuclear pasa el Río Damují, y no hay agua para regar los canteros de la agricultura urbana? El bloqueo.

¿Que un solicitante de tierras no reciba el pedacito que pidió tras más de ocho meses de entregar todos los papeles? El bloqueo.

¿Que este mismo solicitante sea rechazado porque no tiene estudios afines a la agricultura? El bloqueo.

¿Que no le pagan a un campesino desde hace dos años su cosecha porque falta una firma? El bloqueo.

¿Que se pudren en el campo las cosechas porque nadie viene a recogerlas y el Estado impide al campesino venderla directamente? El bloqueo.

Y si seguimos enumerando absurdos que en la práctica se han demostrado como irreales, no demostrados, improbables, falsos y sobre todo, lastres, a la agricultura cubana el oficialismo mandamás en la isla dirá que el culpable es el mismo que ellos siempre tienen a mano para enjorquetarlo -para usar un término afín a la agricultura- a todos y cada uno de los males que se le aparecen en la vida.

Sería interesante que el oficialismo le pregunte al periodista Pepe Alejandro, gestor de la columna Acuse de Recibo en el diario oficialista Juventud Rebelde. Cada mes, como mínimo, recibe una queja de un campesino relacionado con trabas impuestas por el Estado cubano a su gestión agrícola, que cree sobre esta conclusión a la que han llegado ellos, sentados -creo- en el Palacio de la Revolución, en cómodas sillas y con aire acondicionado, y no parados, con el lomo doblado en el surco, de Sol a Sol, intentando limpiar de malas hierbas -y aromas- un surco, con una guataca casi sin afilar.

Siempre le será cómodo al gobierno encontrar en el embargo el recurso ideal para justificar su ineficiencia.

Por supuesto, de vez en cuando conviene reunirse y decir que todas las trabas que entorpezcan la agricultura en Cuba y que impidan que a los agromercados y a la mesa de los cubanos llegue el alimento, hay que eliminarlas. Por supuesto, ellos nunca se eliminarán. Ni siquiera se asumirán culpables.

Ariel P.

 

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