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Por Fernando Vargas

Cada año, Gibara, al norte de la provincia de Holguín, se convierte en centro de atracción para los cinéfilos cubanos y de otras latitudes, que acuden a su Festival Internacional de Cine, atraídos no solo por los filmes en exhibición, por los conciertos de importantes músicos o por muestras de artes plásticas de altísimo nivel, sino por el encanto de una ciudad costera que, sin perder su aire tradicional y su ritmo apacible, se atempera sin traumas al cosmopolitismo propio de eventos de esta naturaleza.

Los gibareños, acostumbrados a participar en el desfile inaugural junto a luminarias del arte, cubanas y extranjeras, agradecen que el festival los haya ubicado en el mapa cultural de la isla, haya llamado la atención sobre los atractivos de su ciudad, y contribuido a una activación económica relacionada con el surgimiento de restaurantes y hospedajes, emprendimientos locales que cada vez cuentan con más clientes.

Para conocer sobre la historia de este festival y lo que promete para su edición 15, que se celebrará entre el 7 y el 13 de julio de este año, Cubacomenta entrevistó al presidente de su comité organizador. Actor, director y artista de la plástica, Jorge Perugorría saltó a la fama por su desempeño como Diego, en la cinta Fresa y Chocolate, de Tomás Gutiérrez Alea, y luego de una larga y exitosa trayectoria como actor y realizador, dio vida al detective Mario Conde en la miniserie Cuatro estaciones de La Habana —difundida por Netflix y Movistar Plus— bajo la dirección de Félix Viscarret, basada en novelas del también cubano Leonardo Padura.

¿Cuándo y por qué comienza a organizar el Festival Internacional de Cine de Gibara?

Esta es la cuarta vez que trabajo en el festival. Recuerdo que, durante el rodaje de Cuatro estaciones en La Habana, se apareció parte del comité organizador para plantearme que me pusiera al frente del evento, pues iba perdiendo el atractivo que tuvo cuando se encargaban Humberto Solás y su familia. Como estuve vinculado desde que aquello era un sueño en la cabeza de Humberto, me sentí responsable de hacer algo para mantener vivo el festival.

¿Cómo valora lo que se estaba haciendo hasta el momento y qué cambios creyó necesarios? ¿Qué impacto ha tenido para los gibareños el certamen?

Yo era muy consciente del trabajo que había hecho Solás y esa fue la motivación principal para asumir la responsabilidad. Cuando nosotros filmábamos en Gibara Miel para Oshún, la primera película digital que se hacía en Cuba, éramos un equipo reducido, a Humberto se le ocurrió organizar este festival para estimular a los jóvenes a producir cine digital y de bajo presupuesto, por eso el nombre de Cine Pobre. Y se haría en la ciudad que había sido escenario de ese filme, y de uno de los cuentos de Lucía, obra maestra de Humberto.

Los gibareños sienten el festival como algo muy suyo. De hecho, yo me incorporo por un reclamo popular. Cuando ellos vieron que el festival se estaba perdiendo, hablaron y lucharon para que yo lo levantara. Humberto Solás para estas personas es como otro Cristóbal Colón.

Pude ver cómo el festival llenó de vida esa ciudad, que estaba detenida en el tiempo, olvidada, por decirlo de alguna manera. Fue muy bonito descubrir el poder del arte para transformar un espacio. Cuando nosotros fuimos no había hoteles, el equipo se quedaba en Holguín y debía viajar 45 minutos hasta Gibara. Pero la presencia de tantos visitantes estimuló a la gente a hacer las primeras “paladares”, los primeros hostales. Ya el propio gobierno declaró a la ciudad destino turístico, y ese salto ha sido aprovechado también por la iniciativa privada: ahora hay muchos alojamientos preciosos y restaurantes en los que se come de maravilla. Gibara tiene una arquitectura colonial sorprendente, las condiciones estaban dadas pero el festival impulsó eso. Actualmente hay tres hoteles nuevos y planes de hacer más.

También siempre quisimos que el festival fuera interactivo. El cine es el protagonista, el que invita, pero buscamos presencia de músicos, de artistas de la plástica y de otras manifestaciones como el teatro y la danza.

Todo esto que rodea el festival ha permitido crear un evento cultural que en mi opinión es de los más importantes en el oriente de Cuba. Esto les da oportunidad a muchos jóvenes de esa región del país de ser testigos del arte contemporáneo.

En determinado momento nos dimos cuenta de que el festival debía estar acorde con las condiciones de crecimiento de la ciudad, por eso lo transformamos de Festival de Cine Pobre a Festival Internacional.

¿El cambio de nombre qué transformaciones implica en la agenda del festival? ¿Cuál es el espacio actual para las producciones con bajo presupuesto?

Cuando Humberto Solás creó el festival comenzaba el cine digital, que además necesitaba premios de posproducción para poder “inflar” la película a 35 mm. Actualmente casi todo el mundo en Cuba ya filma en digital. Entonces, esos elementos que motivaron el nombre ya habían cambiado.

Sin embargo, para dar continuidad a lo hecho, creamos la sección Cine en Construcción, en la que se premia en metálico la película que esté dentro de los conceptos del cine pobre planteados por Humberto. Instauramos, además, los Premios Lucía —tres galardones— y quisimos que en el nombre también estuviera la obra del gran cineasta cubano.

Antes me comentaba que el Festival Internacional de Cine de Gibara se acompaña de una propuesta cultural y recreativa muy amplia, que supera los límites del cine. ¿No cree que estas actividades pudieran solapar de alguna manera las proyecciones?

Potenciar la música, el teatro, la danza y las artes plásticas no ha sido en detrimento del cine. Queremos crecer en la parte cinematográfica; de hecho, vienen estrellas internacionales como Benicio del Toro, Demián Bichir y otros directores, productores y actores. Lo más difícil es que aumenten las proyecciones, porque solo hay un cine en Gibara, y eso nos pone un techo. Es una ciudad muy pequeña, a la que logramos arrastrar a muchas personas.

El equipo está tratando que el cine club retome la fuerza y el protagonismo que tuvo. El resto del año el cine de Gibara casi no funciona, por eso una de nuestras estrategias actuales está enfocada en crear una casa para garantizar la presencia todo el tiempo en el territorio, pues como la sala no trabaja, los gibareños no están habituados. Ese es uno de nuestros grandes retos.

Sin embargo, no creo que la calidad de las otras actividades conspire contra el evento cinematográfico, pueden convivir perfectamente. De los festivales que he visitado en el mundo, el más cercano a nosotros es el de SXSW, en Texas, de tecnología, cine y música. Ese es el espíritu que queremos lograr en Gibara.

En esta edición 15 haremos hincapié en el tema medioambiental porque la ciudad es un sitio precioso y creemos necesario crear conciencia para conservarlo. Siempre estamos buscando otras aristas, aunque nuestra preocupación, y con lo que más debemos trabajar, es el cine.

El evento atrae a estrellas del panorama cinematográfico hispánico e internacional. ¿Cómo es su relación con los cubanos que ahí conviven con ellos?

Un festival es la oportunidad de un encuentro. Sobre todo para la gente joven que quiere hacer cine en Cuba, interactuar con esas personas es una manera bonita de soñar nuevos proyectos y actualizarse con las tendencias actuales.

Esas grandes figuras que yo traigo siempre terminan siendo los primeros fanáticos del festival, pues se quedan emocionados con un lugar mágico, con su gastronomía maravillosa, con ese arte que toca la ciudad y la gente durante una semana. Conviven con los gibareños, habitan y comen en sus casas. Siempre digo que es el festival con la alfombra roja más democrática que existe, porque en la inauguración desfilan todas esas grandes figuras con el pueblo.

El Festival Internacional de Cine de Gibara ha acogido varias obras rechazadas en otros espacios por su contenido polémico. ¿Es una intención del evento o, simplemente, coincidencia?

Defendemos que todos los creadores puedan presentar sus materiales. Si otros festivales no han aceptado esas producciones, o no las han podido aceptar, nosotros tratamos de acogerlas, si tienen calidad. Por supuesto, este es un festival que también está organizado por el ICAIC y el Ministerio de Cultura, y en ese sentido no actuamos de forma independiente; pero sí tratamos de defender a los autores con temas polémicos, pues creemos que deben tener un espacio dentro del panorama cinematográfico cubano.

A veces lo logramos, otras veces no. Me hubiera encantado exhibir Santa y Andrés, de Carlos Lechuga; no lo conseguimos, pero no significa que vamos a descansar y dejar de luchar porque en el festival haya una presencia de lo mejor que están haciendo nuestros jóvenes.

Con varias ediciones en el comité organizador, ¿cuáles han sido para usted los principales logros y con qué no está satisfecho?  

En lo que más hay que insistir es en crear una programación durante todo el año en Gibara para darle continuidad al trabajo y crear un público cinéfilo. Tenemos que abrir nuevos espacios; se está restaurando un teatro y creo que nos va a ayudar mucho al crecimiento del propio evento. Por otro lado, estamos tratando de construir la casa del festival.

En cuanto a los logros, el principal está en la continuidad. En momentos difíciles como el actual hemos contado con el apoyo, no solo del gobierno, sino de la sociedad civil; paladares, hostales, amigos… luchan para mantener vivo el evento y seguir creciendo.

¿Qué nos puede contar sobre esta edición? ¿Qué tendrá de diferente?

Lo diferente es que se va a realizar en circunstancias nacionales complejas desde el punto de vista económico. Tendremos que hacer más esfuerzos, pero el festival sigue creciendo en películas y los creadores se interesan más en mandar tanto largometrajes como cortos y documentales. Por otro lado, cada vez el evento se conoce más y más personas tienen interés en venir.

Hay muchas sorpresas este año. Tendremos a Carlos Celdrán con su obra Diez millones, que es una de las mejores puestas en escena de los últimos años. De la plástica llevaremos a Carlos Garaicoa, René Francisco y Wilfredo Prieto, entre otros.

En cuanto al crecimiento cinematográfico solo podemos aspirar a aumentar la calidad, pues, como te comentaba antes, hay un cine para toda la ciudad. Sin embargo, tenemos pensado instalar pantallas inflables en el parque con una programación para niños. También estamos viendo si podemos armar una sala más pequeña para los cortos y documentales.

Puedo adelantar que los premios Lucía, que se dan por una carrera dedicada al cine, serán otorgados a Fernando Pérez, Daysi Granados y Benicio del Toro; es la primera vez que se entrega a un artista internacional, pero Benicio se lo merece por ser uno de los grandes actores latinoamericanos, además de estar muy ligado al festival desde sus inicios.


Las nuevas tecnologías y la agenda relacionada con el medio ambiente pesarán un poco más, así como la temática de género. Seguimos creciendo y espero que los problemas económicos no impidan la continuidad.

 


 

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