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Cuba

“Esto está de madre; no hay nada en La Habana”

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Habana
Foto: 14ymedio

En La Habana y en Cuba hay una crisis generalizada. La escasez económica impulsa una escasez de valores entre muchos de sus hijos.

Una imagen de la carnicería de 19yB, que como bien señala el diario independiente 14ymedio, los habaneros llaman “la boutique” provocó una llamada a La Habana.

Del otro lado de la línea, un amigo que vive en las inmediaciones confirma lo que dice el periódico independiente creado por Yoani Sánchez.

“Casi todo enero ha estado así; sí han traído, pero ha sido de manera muy intermitente”, señala Mandy.

Mandy dice que “está tan pelado” el agro de 19yB, que no parece el lugar que yo conocí.

En efecto, la amistad nuestra data del año 1994, cuando a 19 y B podía irse a comprar -con dinero- algunas cosas.

“Esto está de madre; no hay nada. Voy caminando por la calle a ver qué aparece o qué consigo”, admite mientras al fondo se escucha el ruido de pocos carros en La Habana.

“Como nunca está esto. Yo no sé a dónde vamos a parar con esta escasez”, expresa con desaliento.

Le comento que a partir de hoy iban a comenzar a repartir dos libras de papa por consumidor en La Habana. Él dice que no sabe nada, pero que los otros días estuvo a punto de fajarse con el bodeguero porque le querían tumbar los huevos de la canasta.

“Me dijo que habían vencido y yo le dije que eso cuándo había vencido. Me dijo que desde ahora, y no me lo quería despachar. Me quería joder, así de fácil. Esto se ha vuelto un país de gente arranca pescuezos. Cualquiera te quiere joder. Tumbarte”.

Mientras converso con él, sentando yo desde mi ordenador leo la triste respuesta que un amigo, Luis Luque, ex periodista del diario Juventud Rebelde me da en un post que publicara yo en mi muro hace unas horas.

Se refería al post de “un trueque” de medicamentos. Una señora necesitaba unas pastillas para que su hijo culminara un tratamiento. Otra mujer las tenía, pero lejos de regalárselas le dice: “te las cambio por Benadrilina”.

La otra mujer le contestó horas después. Le dio las gracias por el ofrecimiento y le dijo que ya había conseguido el medicamento; pero además le dijo: “de haber tenido la benadrilina te la hubiese regalado”.

¿A qué punto llega una sociedad cuando mucha de su gente, lejos de dar una medicina, la intenta cambiar por otra? Cuando yo era pequeño, si enfermaba, el barrio entero se movilizaba para garantizar que lo tuviese todo. Desde las medicinas tradicionales hasta las de la llamada medicina verde. Había quien se aparecía con un pedazo de pollo. Una vianda. Una malanga o un boniato: “Vaya, para que le hagan un caldo”.

Ya eso no existe, según me cuentan, y Luque me reafirma la parte peor de la historia:

“Lo interesante es que la señora Benadrilina no ve problema alguno en su trueque. No le causa inquietud alguna. Para ella está bien. Algo más oportuno hubiera sido: “Tengo. Se la doy. Por favor, si tiene benadrilina o sabe de quién tenga, deme una mano”. Pero no: “chenche por chenche”. ¡Joder!”

Ariel P.

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