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Dainier Pacheco decidió un día darle una mano a otros  muchos inmigrantes que como el se encuentran en Uruguay buscando un futuro mejor para sí y para su familia.

El joven, natural de la provincia de Ciego de Ávila y graduado en administrador de empresas asegura que para optar por un trabajo en el país latinoamericano una de las cosas principales es tener una buena apariencia, y muchos inmigrantes como él necesitan – y mucho – causar una buena impresión.

Así que un día decidió agarrar unas tijeras, peine y máquina de pelar y asociarse a la Organización No gubernamental Idas y Vueltas, que asiste a inmigrantes. Y así, de pronto, se convirtió en barbero de quienes no tiene siquiera para pagarse un pelado en una barbería.

Pacheco devolvía así el gesto caritativo que un día tendría hacia él Hendrina Rinche Roodenburg, presidente de Idas y Vueltas, quien lo ayudó cuando él más lo necesitó.

El 24 de diciembre del año pasado – relata – decidió salir de Cuba. En Uruguay se quedó sin dinero a los pocos días.

Inmigrante, sin un futuro cierto por delante y sin documentos echó mano a una vieja profesión adquirida en Cuba. Un buen samaritano le dio “un sillón” en una barbería, y ahí comenzó a labrar su futuro en la tierra de Enzo Francescolli.

Su talento ¡y no duden que su carisma y deseos! lo colocaron meses después en una peluquería de “alta gama”.

Dice que todo lo que ha logrado hasta ahora es “pensando en el futuro de ellos que es lo primordial y lo que más necesito: que se sientan bien. Y aunque estén lejos de mi sé que no le va a faltar nada mientras yo esté luchando acá. Y mi idea es traerlos conmigo,” expresa decidido.

Desde marzo consiguió el permiso para trabajar, pero los trámites para obtener la residencia ya eran asunto de palabras mayores, y Dainier no sabía cómo podía resolver ese embrollo. Sin la residencia no podría traer a los suyos a su lado.

Fue gracias a un cliente al cual peló que conoció a la Asociación Idas y Vueltas, y gracias a ellos logró el trámite de su visado para poder convertirse en residente.

Por eso es que, el único día de trabajo que tiene, va a la Asociación, para ayudar con sus manos, peines y tijera a muchos que cómo él, necesitan de la ayuda de los otros.

con información del diario El Observador, de Uruguay.

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