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Borracho en Argentina “rompe el alcoholímetro”

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Foto: Twitter

Soplar el alcoholímetro y arrojar más de lo permitido, puede suceder. Sin embargo, que el aparato se “disloque”, por tanto alcohol en sangre, no es normal.

Al final la policía de Rosario, Argentina, no pudo saber qué nivel de alcohol tenía en sangre un conductor que ellos detuvieron en Pueblo Esther, en la provincia de Santa Fé, a unos 300 kilómetros al oeste noroeste de Buenos Aires, la capital. El hombre iba tan borracho que el alcoholímetro no pudo medir con exactitud el nivel de alcohol que llevaba en la sangre.

Dice el medio digital argentino Rosario3  que agentes de control provinciales detuvieron el auto, por alguna sospecha, y al pedirle al hombre que soplara el alcoholímetro llegó a un punto en que no podía marcar más e indicó unas flechas hacia arriba, como sugiriendo que había más alcohol en esa bocanada de aire -que mide, claro, el nivel de alcohol en sangre- que se hacía imposible registrarlo.

Los agentes pensaron que el aparato estaba defectuoso, pero no. Y lo afirmaron:  “El dispositivo no está roto”.

Así quedó registrado el hecho por la Agencia Provincial de Seguridad Vial (APSV). Los agentes dijeron en Twitter que este tipo de hechos es “inadmisible”: que una persona se suba a un auto, se sitúe detrás de un volante y maneje con un nivel de alcohol en sangre por encima de los 3 ml, que es lo que establece la ley como límite -entre estar físicamente apto para conducir y conducir ebrio.

Sin dudas una conducta imprudente la de este chofer y un muy buen actuar la de los agentes de la policía que detuvieron el auto. La diferencia entre la vida y la muerte de una persona, inocente, a veces depende de la diferencia que en la sangre de otra persona ejercen una cerveza o dos. O una copa de vino. O un trago de ron.

En ocasiones los humanos no comprendemos que, por ejemplo, unas copas de más nos pueden provocar algo tan “humano” como lo es la somnolencia y quedarse dormido al volante.

Ni siquiera se trata de andar con precaución o de evitar circular por las autopistas y preferir calles más tranquilas. El hijo de una amiga de la familia murió, hace unos años ya, en Pine Tree, Miami Beach, y circulaba a 30 mp/h.

Con menos del alcohol permitido en sangre, y aunque podía fácilmente pasar la prueba del alcoholímetro, circulaba a esa ridícula velocidad, por un lugar tranquilo y sin tanto tráfico, cuando en un pestañazo se quedó dormido y olvidó que en esa calle hay, durante varias millas, los llamados speed bumpers. Pasó a “exceso de velocidad” -30 mp/h- sobre uno, saltó de su asiento, se dio un golpe en la cabeza y murió en el acto.

Ariel P.

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