Las condiciones de Washington a Caracas ponen en riesgo el crudo que aún recibe Cuba. El impacto sería inmediato en electricidad, transporte y economía.
Una fotografía nocturna captada desde la Estación Espacial Internacional y divulgada por la NASA revela a Cuba mayoritariamente apagada. A diferencia de Florida y otras zonas del Caribe, en la isla solo se distinguen luces aisladas en La Habana y en algunas cabeceras provinciales, mientras amplias zonas del país permanecen en completa oscuridad.
Dos meses después de Melissa, la Defensa Civil declara “normalidad” en Santiago de Cuba, pero persisten apagones, carencias y familias sin condiciones mínimas, mientras salen a la luz casos de colchones desviados que debían llegar a los damnificados.
La llegada de 24.600 toneladas de arroz y los llamados institucionales a la solidaridad no lograron iluminar una Navidad marcada por apagones superiores a los 1.900 MW, escasez y familias separadas. Más allá de la falta de electricidad, en Cuba persiste un apagón más profundo: el de un país cansado, sin expectativas claras y con el ánimo en suspensión.
México confirmó el envío de 80.000 barriles de petróleo a Cuba en medio de la grave crisis energética que vive la isla. El gobierno de Claudia Sheinbaum aseguró que se trata de una operación legal y de carácter humanitario, enmarcada en una relación histórica entre ambos países, mientras los apagones continúan afectando a gran parte de la población cubana.
La incautación en Estados Unidos de un supertanquero con crudo venezolano destinado a Cuba amenaza con agravar la ya frágil situación eléctrica de la isla. Más allá del combustible para consumo interno, la pérdida del cargamento impacta una vía clave de obtención de divisas mediante la reventa de petróleo, en un contexto de crisis económica, apagones prolongados y creciente presión política sobre La Habana.
Un asalto en Morón y un asesinato durante un apagón en Guantánamo, ambos difundidos por La Tijera News, reavivan el temor de una ciudadanía que siente cómo la violencia penetra la vida diaria en medio de la crisis económica y el deterioro institucional.
La epidemia de dengue y chikungunya en Cuba no explica por sí sola las al menos 87 muertes registradas entre octubre y noviembre. Detrás del colapso sanitario hay una cadena más profunda: hambre, desnutrición infantil, déficit vitamínico, falta de agua potable, apagones interminables, basura acumulada y hospitales sin recursos. Lejos de los 33 fallecidos que reconoce el Gobierno, la crisis revela un Estado incapaz de sostener la vida.
La temporada alta comienza para Cuba bajo una tormenta perfecta: apagones masivos, epidemias de dengue y chikungunya con decenas de muertos, advertencias sanitarias de varios países y un deterioro profundo de servicios básicos. Mientras gobiernos como Reino Unido, Canadá y Rusia recomiendan cautela —e incluso evitar viajar—, el turismo internacional se retrae y la isla se acerca a la que podría ser su peor temporada turística en décadas.
Aunque el Gobierno anunció que el Sistema Eléctrico Nacional quedó restablecido tras el colapso que dejó a oscuras a La Habana y varias provincias del occidente, entre la población el anuncio no genera alivio ni sorpresa. Con apagones diarios, protestas recurrentes y un deterioro estructural que ya nadie oculta, los cubanos sienten que cada reconexión es solo un respiro breve en una crisis que parece eterna. La confianza, perdida hace años, no vuelve con un parte técnico.