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Por: Fernando Vargas

Si vas a Santa Fe y preguntas dónde queda el estudio de tatuajes, enseguida te responderán de forma certera. Probablemente muy pocos lugares en la lejana barriada tengan tanta concurrencia de personas de diversas edades y nacionalidades como Zenit Tattoo.

El negocio del tatuaje en Cuba no es nuevo. Desde hace varios años muchos compatriotas han olvidado concepciones antiguas sobre el marcaje de la piel y deciden dejar una huella de tinta con algún símbolo que quieren llevar consigo para siempre. Aunque al principio, precisamente por su naturaleza «semiclandestina», era asunto de unos pocos aficionados que tatuaban en su casa, con apenas una máquina inventada y a expensas de la denuncia de una vecina, ahora se ha constituido como una de las actividades por cuenta propia que más empleo proporciona a profesionales del diseño y ramas afines.

Su práctica comenzó ligada a los hombres, quienes padecían en menor medida los prejuicios sobre el arte corporal. La sociedad entendía más a un «macho peloenpecho» soportando el dolor de una aguja para grabar en su cuerpo un símbolo viril, que a una muchacha capaz de mancillar su piel tersa, con el riesgo de arruinar su «belleza natural».

Como los primeros tatuados fueron hombres, también el oficio estuvo destinado a ellos. A pesar de esto, las mujeres cubanas han superado, a fuerza de ovarios, tales concepciones, y lucen sus dibujos sobre el cuerpo sin miedo a que las miren como a bichos raros, y algunas demuestran que también pueden hacerlos.

Una de ellas es Ana Lyem Lara González, graduada de Arquitectura en el Instituto Superior Politécnico José Antonio Echeverría. Haciéndose un tatuaje le picó la curiosidad, y como su formación de arquitecta la dotaba de una ventaja con el dibujo, un buen día se atrevió a pedirle a su tatuador que la enseñara. La fascinación fue tal que decidió dejar su puesto como inversionista en la Universidad de Ciencias Informáticas, para emprender, por su cuenta y riesgo, un estudio que clasifica entre los más exitosos de La Habana.

«En Arquitectura tienes que aprender a dibujar, también debes desarrollar conceptos de espacio y forma. Para nada me he arrepentido de haberme graduado, me gustó mucho mi carrera, y si volviera a nacer, estudiaría lo mismo», confiesa la joven tatuadora a Cuballama.

Zenit Tattoo, que recién cumple cinco años de creado, empezó simplemente como un estudio, pero se ha transformado en un proyecto cultural más amplio, sin perder la esencia de negocio de tatuajes y piercing, con otras zonas de la cultura underground cubana, incluidos skaters, músicos, artistas de la plástica y fotógrafos. Varios tatuadores y tatuadoras extranjeros han encontrado aquí, también, una comunidad que los acoge como si fueran nacionales.

El Tattoo no tiene licencia que los respalde como actividad comercial

En Cuba el tatuaje puede ser un negocio complicado. La mayoría de los estudios se encuentran en una situación «alegal»: no existe ninguna normativa que prohíba su actividad; ya no son perseguidos y muchos promocionan sus servicios abiertamente, pero sin una licencia que los respalde como actividad comercial. La Asociación Hermanos Saíz ha logrado «institucionalizar» a algunos de sus profesionales, además de organizar varios eventos sobre arte corporal que han servido para compensar el estigma que aún pervive sobre el tema en ciertos decisores, mas estas acciones no han sido suficientes para que se les incluya dentro de los emprendimientos autorizados, y los intentos de constituir un sindicato propio no han fructificado.

A estas problemáticas se suma la carencia de materiales, porque un buen trabajo necesita hacerse con máquinas, agujas y tintas especiales que no se producen en la isla, y como los tatuadores carecen de personalidad jurídica para importar, suelen estar a expensas de amistades o revendedores que se dedican a comprar insumos fuera para sostener estos negocios en el país.

Sin embargo, más allá de los obstáculos, la joven emprendedora observa una situación más favorable para el desarrollo del tatuaje en Cuba donde durante mucho tiempo se vio como algo de «presos y marineros». Hoy muchos jóvenes y hasta adolescentes acuden con la anuencia de sus padres —requisito que exigen como indispensable—, quienes prefieren asesorar a los hijos acerca de qué dejarán como huella en su piel, antes de intentar impedirlo a riesgo de que se lo hagan en otro lugar, bajo condiciones insalubres. Sobre esta evolución Ana Lyem comenta:

«Está claro que con el paso de los años ha cambiado la percepción de las personas respecto al tatuaje. Creo que esto, en buena medida, se ha debido al avance de las técnicas, pues hay muchas cosas que ahora podemos hacer y antes no. Ello ha permitido desplegar trabajos más complejos sobre la piel de las personas. Por otro lado, también ha ayudado que personalidades públicas como artistas, futbolistas, cantantes, actores… muestren sus tatuajes como algo normal».

Los cubanos y los tatuajes

Las razones por las cuales un cubano se hace un tatuaje son tan variadas como los diseños que se realizan. Algunos clientes llegan con una propuesta que descargaron de Internet o calcaron del brazo de un amigo. Otros colegian con el tatuador o le dan rienda suelta a la imaginación del artista. Estudios como Zenit Tattoo han logrado una identidad visual que los hace reconocibles. En su caso, el rasgo más definitorio son los dibujos a línea, sin relleno, tal vez reminiscencia de la profesión de su líder. Ana Lyem reconoce a Cuballama que no todos los diseños propuestos por los clientes tienen valor artístico, y aboga por un proceso de negociación entre los intereses del consumidor y los del estudio, porque un mal tatuaje es una mala imagen para este.

Aunque aquí también laboran otros tatuadores —todos hombres—, la joven trabaja a la par de ellos. Explica que las habilidades con la aguja y la tinta se dan por igual en los dos sexos, pero hay sensibilidades propias, y las mujeres cubanas, por su naturaleza, tal vez puedan dejar una impronta diferente en la manera de hacer.

«Ser mujer siempre te va a dar otra perspectiva. Cada tatuador tiene un estilo y no solo porque seas mujer vas a tener un resultado determinado. Sin embargo, creo que el proceso puede ser diferente, pues generalmente tienes más paciencia y delicadeza. Hay personas que por eso prefieren tatuarse conmigo. Claro, no es una regla, y el resultado tiene que ser bueno».

Si bien Zenit Tattoo se erige como uno de los emprendimientos gestionados por mujeres más visibles y exitosos de la isla, no forma parte de la estadística mayoritaria. Hay una brecha significativa entre ambos sexos en cuanto a la gestión de los nuevos negocios. Más allá de que se han conseguido avances en cuanto al papel de la mujer en la sociedad, la doble jornada —el trabajo y las tareas domésticas— y los prejuicios existentes la limitan muchas veces a ocupar el papel de empleada.

Ana Lyem se erige como una de las tantas empeñadas en demostrar, haciendo, que «eres más», y por eso concluye: «Cuando empecé a tatuar, algunas personas no confiaban en una mujer para eso. Ahora creo que muchos lo ven normal. También me pasó que me subvaloraran otros tatuadores. Pero cuando ven mi trabajo o hacemos alguna exposición y estoy al lado de ellos, entonces ya es diferente. Para serte sincera, yo trato de obviar esas cosas y centrarme en trabajar bien, que es lo que vale».

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