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Cuba

Yovani Aragón, el chivo expiatorio y la guillotina gigante

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Por Roque Díaz

La sustitución del Comisionado Nacional, Yosvani Aragón, no es más que una movida desesperada para calmar a las multitudes, una medida estéril, un burdo colorete que le han entorchado en la cara a la infeliz viejecita en que se ha convertido el béisbol cubano

El béisbol en Cuba -que nadie lo dude- es un arma política. Lo ha sido desde hace más de 60 años y lo seguirá siendo mientras el sistema social que impere en la isla necesite de un andamiaje propagandístico para sostener sus cimientos y el poder continúe centralizado.

Desde la entrada de los profesionales a las competencias internacionales cayeron los puentes levadizos y el impacto de  la “pelota esclava” contaminó el aire que se respiraba en los terrenos. Éxodos masivos y cambio de mentalidades ridiculizaron a la “pelota libre”, quien después de años de enclaustramiento quedó desnuda en la grama viendo como todas sus falsas supremacías se hacían polvo en el viento.

Ahora, después de la debacle en los Juegos Panamericanos (la peor actuación de un equipo Cuba en este tipo de citas continentales) al deporte nacional se le cayó el maquillaje completo y como siempre, la soga ha reventado por el lado más débil.

Cae el chivo expiatorio

La sustitución este martes del Comisionado Nacional de la disciplina, Yosvani Aragón, no es más que una movida desesperada para calmar a las multitudes, una medida estéril, un burdo colorete que le han entorchado en la cara a la infeliz viejecita en que se ha convertido el béisbol cubano.

Al nuevo chivo expiatorio lo han puesto a comer de la mala hierba que crece en los terrenos beisboleros a lo largo de todo el país, ha pagado las culpas de la incapacidad del Estado para financiar el deporte y de las mentes retrógradas que niegan al desarrollo y los deseos de las grandes mayorías.

Todos saben que la silla donde se sientan comisionados y federativos del béisbol en Cuba, como tantas otras, tienen una bomba de tiempo bien oculta debajo de su tapizado. Inmolarlos será siempre una vía de escape para las ineficiencias del sistema que los envuelve, mientras los dirigentes que verdaderamente mueven los hilos de todo ganan tiempo y continúan bebiendo de las mieles del poder como los clásicos emperadores romanos.

La solución de los problemas del deporte nacional no la tienen en sus manos este tipo de directivos, simples marionetas disfuncionales con la triste misión de recibir los palos y las piedras que a diario lanzan los aficionados enfurecidos. Es un problema de gobierno y por eso fue vetado el acuerdo con las Grandes Ligas. Ni la Comisión Nacional de Béisbol (CNB) ni la Federación (FCB) tienen autonomía alguna para decidir los futuros de nuestro pasatiempo por excelencia, son un tentáculo más del gran pulpo que lo quiere todo y que rige los destinos de una nación entera.

Para colmo, haciendo gala de un pésimo marketing, han designado en el nuevo cargo al señor Ernesto Reynoso Piñeiro, que si bien es licenciado en Cultura Física, fue durante algunos años el primer secretario del Partido Comunista en la Isla de la Juventud, lo que crea un impacto psicológico negativo en las masas, hastiadas de ver al deporte de las bolas y los strikes enfermo de politiquerías e impregnado de acciones ajenas a su esencia misma.

Los amantes del béisbol siguen pidiendo cabezas y quizás la de Higinio Vélez ya esté en la picota, como puede estar la del director del equipo nacional y la de todos sus entrenadores y preparadores físicos, pero solo cuando caiga la guillotina gigante, esa que decapita verdugos e instituciones completas, podremos seguir hablando de sueños beisboleros, de pasiones y de orgullos rescatados.

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